Alfonso Delgado reflexiona sobre la lucha vecinal en San Blas-Canillejas
Alfonso Delgado reflexiona sobre la importancia de la participación vecinal, la memoria colectiva y las iniciativas ciudadanas que han marcado la evolución de los barrios de San Blas-Canillejas.

Hace unos días estuve en la Cineteca del Matadero de Madrid, viendo ‘La memoria es nuestra’, un fabuloso documental sobre la historia del barrio del Pilar contada a través de la memoria colectiva de sus vecinos y vecinas. Un relato sobre sus orígenes urbanísticos, la figura del constructor José Banús (“constructor del régimen”) y las luchas de los movimientos asociativos y vecinales, como bien se explica en el programa de esta Cineteca.
Me pareció un documental soberbio y rico en información histórica sobre un barrio que llegó a tener la mayor densidad de población de Europa sin ni siquiera tener escuelas ni centros de salud ni nada que se le parezca, y donde los vecinos llegaron a transformarlo a base de luchas colectivas tan necesarias como hermosas en una época en la que o te echabas a la calle o te quedabas sin ningún tipo de servicios. El documental lo firma el colectivo ‘Terrorismo de autor’ con los directores José Luis Valladolid y Gonzalo Munilla —ambos residentes en la Alameda de Osuna— y cuenta con la colaboración del Grupo de Historia Urbana Barrio del Pilar.
Me pregunto si sería posible proyectarlo en nuestro barrio y replicar algo similar con estos profesionales comprometidos con la cultura y la historia vecinal. Pensé en la Colonia Pegaso y Occidente, imaginando un documental que contara nuestra propia historia de lucha y participación ciudadana.

Reflexioné también sobre cuándo perdimos la batalla vecinal y la confrontación de ideas que permitía debatir carencias del barrio y necesidades que un buen ayuntamiento debería atender. Hace casi treinta años, cuando llegué, los vecinos cortaban la vía de servicio en la calle Alcalá para reclamar una piscina que desapareció con la especulación inmobiliaria.
Con el tiempo lograron la construcción del polideportivo Fabián Roncero, aunque no accesible para personas con movilidad reducida, un fallo que debería solucionarse. También pienso en el mercado de la calle Boltaña, donde cada día cierran más puestos mientras las grandes superficies prosperan con facilidades institucionales y vecinales. La lucha vecinal desapareció y con ella la posibilidad de mejoras para todos.

Últimamente, he pensado en proponer acciones lúdicas que fomenten la participación, como cortar una calle un día para permitir que los vecinos monten puestos con ropa y objetos que ya no usan, como ocurre en ciudades de Francia. Yo llenaría mi puesto con libros de ocasión y prendas de mis hijos. Sería una actividad simbólica, pero que ayudaría a quienes tienen menos recursos a acceder a la cultura y vestirse mejor.
Eso es todo, vecinos. Ojalá alguna de estas ideas tenga recorrido y alguien recoja el guante.

