El orgullo de mi barrio

“Por eso, a día de hoy, en San Blas-Canillejas seguimos necesitando vuestro apoyo para vivir en libertad, y por eso es tan importante el Día del Orgullo para todos los miembros del colectivo”

Ser gay, lesbiana, transexual o bisexual en un distrito de la periferia es un deporte de riesgo. La falta de espacios seguros, las dificultades para encontrar un grupo de personas iguales, cercanas y con las que pasear y disfrutar en el barrio es una de las mayores barreras. Pertenecer al colectivo LGTB en San Blas-Canillejas, y lidiar cada día con los compañeros de instituto, con las vecinas que aún comentan si el hijo de la vecina del cuarto se viste un poco raro, se pinta las uñas o es más amanerado de lo normal, sigue siendo una realidad día a día.

Fran García, Miembro del colectivo LGTB
Fran García

Por eso, los y las que somos visibles, lo somos por aquellos que no pueden serlo: aquellos a los que su familia no entiende, ni apoya, a los que sus compañeros de instituto hacen la vida imposible por ser transexual o afeminado. Lo somos en las tiendas de barrio, en el mercado de Boltaña o en la Galería de San Blas, paseando de la mano por la calle Amposta, tomando algo en la Plaza Blanca y en el centro de salud Ghandi.

Las personas del colectivo somos vuestras vecinas, vuestras amigas y compañeras de clase o  trabajo. Hemos nacido aquí, en mi caso en Canillejas, donde he crecido y desarrollado toda mi vida en mi distrito, al que quiero tanto. Es por eso que, hace unos años, nos juntamos un grupo de amigos y formamos una asociación para ayudar a aquellos que, dentro del colectivo LGBT, fueran discriminados y el apoyo fue enorme. Reivindicamos el orgullo de ser quienes somos, sin tener miedo a ser agredidos o discriminados, y entramos a las aulas para hablar de orientación sexual, de identidad de género y de respeto. Y lo hicimos en nuestro distrito, tratando de acercar a los barrios lo que vivimos en el centro de Madrid cada año. Y os sorprendería saber que en este distrito hay gente que tiene miedo a expresarse tal y como es porque sufre agresiones día a día: en clase, por la calle o en su propio hogar, se sienten discriminados por ser quienes son.

Es cierto que, como en todo, hay diferencias entre barrios de nuestro distrito. Por eso, debemos seguir construyendo día a día, de mano de las asociaciones y colectivos, espacios seguros y de respeto a todas las identidades y orientaciones, y aunque se ha logrado mucho, debemos seguir trabajando porque, mientras se niegue la identidad o la orientación a una persona, le estaremos negando la libertad para ser y expresarse tal y como es.

Por eso, a día de hoy, en San Blas-Canillejas seguimos necesitando vuestro apoyo para vivir en libertad, y por eso es tan importante el Día del Orgullo para todos los miembros del colectivo, reivindicar y reivindicarnos tal y como somos, con nuestra identidad y nuestra orientación, para que se entienda, a ojos de todos que somos, existimos y que no estamos solos.

Es por eso que os animo a observar a vuestro alrededor, con unas gafas de arcoíris, y podréis vernos a vuestro lado, en cualquier rincón del barrio, viviendo en libertad y sin miedo a las agresiones que sufrimos, a la discriminación y a las palizas que a día de hoy siguen ocurriendo. Y sobre todo, os animo a crear con nosotras un mundo más abierto, tolerante y libre del que encontramos, para que el futuro sea inclusivo para todas las personas.

Fran García.

Miembro del colectivo LGTB

 

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Here comes the sun, ya sale el sol

Parecía que nunca iba a llegar el momento,  pero lo cierto es que ya se empieza a atisbar el final real de la pandemia. Parafraseando la mítica canción de los Beatles, Yes, here comes the sun, ya sale el sol, little darlig, it’s been a long cold a lonely winter, cariño, ha sido un largo invierno, frío y solitario, little darlig, it feels like years since it´s been here, cariño, siento como si hubieran pasado años. La llegada del verano, con la alegría que en sí misma esta estación conlleva, sumada a los efectos de la vacunación, parece que empieza a prender la mecha de la luz a una de las peores etapas de nuestras vidas, tanto por la crudeza con la que ha golpeado a la esencia de nuestra existencia, la salud, como por las nefastas consecuencias que ha traído a nuestra economía, lastrando un crecimiento que en Madrid se presentaba como espectacular, habiendo llegado incluso a superar nuestra comunidad en PIB a Cataluña.

TERRAZAS

Yes, little darlig, the smile is returning to our faces, do, don, do, Sí cariño, la sonrisa está volviendo a nuestros rostros, amenizada por la paulatina supresión de la obligatoriedad de tener que llevar en todo momento en cualquier espacio público la mascarilla, lo cual tal vez no nos permita aún pensar en el futuro (vamos a ser precavidos), pero sí en el presente. Y el presente nos dice que volvemos a tomar las calles, que empezamos a disfrutar de las terrazas, a cogernos de la mano, a reírnos…, que poco a poco vamos perdiendo el miedo y que sentimos como si la vida hubiera vuelto a resurgir. Casi seguro que todo esto provocará un fuerte arreón a la economía, alimentará el consumo y este la consecuente generación de puestos de trabajo.

La música suena bien, sun, sun, sun, here it comes, ya sale el sol, y es bueno repetirla. Cierto es que somos animales que nos dejamos influir por las emociones, y una buena motivación siempre ayuda. Pero por sí sola no nos sacará de la crisis. Es precisamente ahora cuando todas las administraciones, independientemente de la índole que sean, sean conscientes de que están al servicio del ciudadano, del ser humano, y pongan todo su empeño en servir a todos, sin dejar a nadie en la cuneta. El mismo esfuerzo hay que pedir a lo que se denomina como sociedad civil, sustentada en las asociaciones, a empresarios y sindicatos. No es tiempo de reproches. No es tiempo de egos ni de prevalencia de ideologías. Y la misma responsabilidad se la tenemos que pedir al propio individuo, habituado a ser muy exigente con los otros y muy poco consigomismo.

Entre todos tenemos que dirigir el faro de la nueva luz a lo que no hace mucho, con las consabidas imperfecciones, era el eje de nuestra civilización. El ser humano tiene que recuperar el protagonismo en el escenario. Eso no significa cerrarse a las innovaciones ni estar ajeno a la capacidad de adaptación y flexibilidad que los nuevos tiempos marcan. Pero sin consentir que ser un elemento de un sistema o de una economía, que ha varado tanto a la derecha como a la izquierda. Tal vez sea momento de recordar la vigencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU en París un 10 de diciembre de 1948. Y de lograr que el sistema sea nuestro sistema y que la economía sea nuestra economía. Confiemos en que la canción termine bien y al final de la letra podamos decir bien alto: it´s all right! ¡Feliz verano!

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Mercedes González: “Una gran noticia que nos deja un poso de tristeza”

“Pasó a ser la concejala adscrita a la Junta Municipal de San Blas Canillejas por parte del PSOE. Desde ese momento y hasta su nombramiento como delegada del Gobierno ha estado estrechamente ligada a nuestro distrito”.

Lo más importante fue su total integración en el día a día de nuestro distrito, su implicación con las asociaciones vecinales

Mercedes González delegada del gobierno en Madrid
Mercedes González, delegada del gobierno en Madrid.

A finales del mes de marzo nos llegó la noticia del nombramiento de Mercedes González como nueva delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid. Fue una gran noticia que a nosotros nos dejó un poso de tristeza, ya que con este nombramiento nos quedábamos sin la concejala Mercedes González.

Se estrenó como concejala en el Ayuntamiento de Madrid en la legislatura pasada y además de ocuparse del área de Desarrollo Urbano Sostenible como portavoz del grupo Socialista, pasó a ser la concejala adscrita a la Junta Municipal de San Blas Canillejas por parte del PSOE. Desde ese momento y hasta su nombramiento como delegada del Gobierno ha estado estrechamente ligada a nuestro distrito.

Su andadura comenzó en los meses previos a la apertura del estadio Metropolitano, situación de especial trascendencia para el distrito. En estos momentos pudimos comprobar su total predisposición para trabajar en defensa de los intereses de las vecinas y vecinos de San Blas Canillejas; todavía resuenan los ecos de sus intervenciones en los plenos, tanto de la Junta Municipal como los del Ayuntamiento, donde aportaba sus argumentos para conseguir las mejores soluciones en cuanto a los accesos, seguridad, limpieza y aparcamientos, que tantos quebraderos de cabeza han traído a nuestro distrito.

Muy importante también para el distrito ha sido su contribución con el plan especial de protección de la Quinta de Torre Arias y su uso futuro por todos los vecinos.

La edil socialista también será recordada por ser quien dio el paso para recurrir la absolución de la exalcaldesa Ana Botella por la venta de viviendas a fondos buitre al pedir que se la legitimase para presentar recurso de casación ante el Tribunal Supremo y evitar así que la causa acabara en vía muerta.

Con la llegada de la pandemia y la consiguiente crisis social, lo primero que hizo fue ponerse al servicio del concejal presidente, señor Casariego, para todo lo que pudiera ser necesario y estar al lado de las entidades sociales para atender las necesidades que pudieran surgir.

Estas son, a mi juicio, las principales causas por las que será recordado el paso de Mercedes González por San Blas Canillejas, pero para mí, lo más importante fue su total integración en el día a día de nuestro distrito, su implicación con las asociaciones vecinales, sus intervenciones medidas y bien preparadas en los plenos y su capacidad de buscar consensos aun en los momentos más crispados y, personalmente, todo lo que me enseñó de la vida municipal.

Le deseamos todo lo mejor en su nueva responsabilidad y decirle que la echaremos de menos. Y que en San Blas Canillejas tiene su casa para lo que pueda necesitar.

Carlos M. Matilla.

Portavoz Grupo Socialista

San Blas Canillejas

 

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Cuando la ciencia se deja iluminar por las musas

La noticia de que un centro escolar ubicado en nuestro distrito, el IES Las Musas, haya sido elegido por la embajada de Israel para llevar a cabo un proyecto científico, el lanzamiento de una nanosatélite, bautizado con el nombre de ‘Las musas y las estrellas’, y que este se lleve a cabo por un grupo de alumnos no es un hecho aislado. Sí, sin duda, tenemos que ser generosos con la diosa fortuna por haber sido tan generosa al tocar con sus caprichosas alas un instituto de un distrito humilde y lleno de contrastes como el nuestro. Pero las cosas no solamente se producen porque sí. Casi siempre precisan del empujoncito de vientos a favor que habitualmente no sabemos por qué llegan, pero para que el efecto de estos fructifique es necesario que barcos y velas estén preparados para las consecuencias de su llegada.

Y en el IES Las Musas se daban plenamente las circunstancias. La propia embajadora comprobó in situ, antes de dar el visto bueno a su proyecto, que el lugar reunía las condiciones necesarias para que prendiera la ciencia. La dirección había convertido lo que antaño era un descampado marcado por una valla en una sucesión de espacios verdes y polideportivos bañados por una luz que penetraba sin ningún tipo de timidez en las aulas, en las que las barreras de ladrillo han dado paso a transparentes paredes de cristal que invitan a que todo pase, incluso las ganas de conocimiento que tienen que tener los alumnos.

Y es que como en la película de Coppola, ‘La ley de la calle’, los peces que se comían los unos a los otros, en la escena en la que aparecía el color, lo hacían porque estaban en una pecera sin espacio ni luz. Cuando estaban en el río, sin estas ataduras, no lo hacían. Ahí está el éxito de la dirección del instituto, no solo reconocido por la embajada de Israel, sino por las excelentes calificaciones que tienen sus alumnos en Selectividad: en saber valorar que el terreno de juego es inherente al rendimiento científico; que todo forma parte de una estructura y que por mucho que nos esforcemos en fomentar una de sus aristas, este no es un hecho aislado sino un elemento que vive en interacción con una serie de elementos condicionantes como son espacio, luz y estructuración.

No son temas menores, ni muchos menos, el propio lanzamiento del nanosatélite, que se lanzará; la ruptura de la brecha de género con la participación del alumnado femenino; que se ha roto; la dotación de un buen objetivo al mismo, como la lucha por el medioambiente, que se ha determinado; el lograr que chicos tan jóvenes hayan desterrado de sus cabezas que la ciencia es algo monótono y aburrido, que también se ha conseguido… Todos estos planteamientos, inherentes al proyecto, tienen una grandísima importancia. Pero lo más importante de todo, máxime en una país que cada año es golpeado por la EPA, ocupando unos preocupantes lugares en el plano educativo internacional, es que se entienda que el gran motor de la educación y de la incentivación del alumnado no está en mamotréticos planes de enseñanza, sino en entender algo tan simple como que el conocimiento tiene que estar integrado en sus propios orígenes: la luz y la naturaleza. Luego, jugando con el espacio, conseguimos la estructura que nos permitirá tener unos jóvenes más abiertos al estudio y con resultados más brillantes. Escuchemos a las musas.

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Una chica de San Blas-Canillejas

“Mis padres compraron la casa en la que ahora vivimos cuando aún no existía, ni ella ni yo. Nací en el barrio de Las Rosas, en San Blas-Canillejas, y no he conocido otro hogar”.

He de reconocer que, con el tiempo, he ido apreciando cada vez más las virtudes de este lugar que, aunque no sea Malasaña o La Latina, en donde todo joven madrileño sueña con alquilar un pisito compartido, tiene su aquel.

Cuando me visitan amigas de otras zonas de Madrid, alaban casi tanto como envidian las terrazas abarrotadas de almas jóvenes que bebemos cada sorbo con el mismo apetito y despreocupación con los que miramos a la larga vida que aún tenemos por delante. Un sábado al mediodía es un reto encontrar hueco, y si el sol colorea las calles, puedes dar por perdida esa caña que ya acariciabas con la imaginación. Los parques verdes con banda sonora de risas infantiles también alegran los oídos de quien pasea por aquí, y me hacen plantearme, por qué no, el vivir aquí cuando forme una familia.

Una chica de barrio

Pero no todo es tan bonito. A nadie se le escapan las divergencias que hay entre los barrios que conforman nuestro distrito. Mis padres, como muchos otros, crecieron en San Blas y vinieron a vivir a Las Rosas, pasando de edificios caducos sin ascensor a piscina y jardín en la urbanización. Mi abuela vive en Simancas y se queja de las calles sucias y descuidadas; cuando su cuerpo se lo permitía, salía ella a barrer las hojas caídas. Mi amiga Marta se mudó a Canillejas y cuando vuelve sola de noche, no puede evitar correr, con el miedo siseando en su nuca.

Aunque las diferencias socioeconómicas son inherentes a la humanidad, siempre podemos actuar para suturar la brecha hasta convertirla en una rendija. El Wanda Metropolitano nos ha dado un empujón, pero no podemos desatender las verdaderas necesidades de nuestra gente. Nuevos bares y restaurantes más refinados, aparcamientos en batería y casas revalorizadas, dan al distrito un soplo de aire fresco, pero no olvidemos lo que de verdad importa: las personas que vivimos en él. Es mucho más lo que nos une que lo que nos diferencia. Desde siempre un distrito obrero, de gente trabajadora a la que no se le caen los anillos por nada, de familias humildes que se saludan si se cruzan al ir a comprar el pan.

Una chica de barrio

Es cierto que los barrios envejecen, que la generación que nació, creció e inundó las calles con sus gritos inmortales, de pronto se desvanece, dejando como único rastro un par de grafitis y, sobre todo, a sus padres encanecidos, que pasan a ser los nuevos protagonistas de un vecindario que, de un día para otro, ha duplicado su ratio de edad. Sin embargo, en nuestro distrito sigue siendo necesario construir nuevas guarderías y colegios cada poco tiempo, para poder dar cabida a una juventud inagotable que sigue revitalizando, como un ciclo sin fin, a San Blas-Canillejas.

Paula Caz

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Una chica del barrio

Y me gusta vivir en él, me gustan sus calles limpias, sus parques verdes y sus bares a rebosar los fines de semana

Me gusta el barrio, pero también me gusta salir de él. Salir de fiesta, salir de cañas, salir de dudas, salir por patas, salir ganando o incluso, fíjate, salir perdiendo… Pero salir, salir de la rutina que empantana nuestra vida desde el pasado marzo.

Antes de la pandemia los jóvenes dábamos todo por supuesto, pues los de mi generación hemos nacido con la libertad bajo el brazo. Hacíamos lo que se suponía que debíamos hacer con nuestra edad: disfrutar de la vida, salir, entrar, equivocarnos, probar, y volvernos a equivocar. Sin embargo, desde hace un año, todo ha cambiado; eso que antes formaba parte de nuestra idiosincrasia, ahora es digno de los más duros calificativos: egoístas, irresponsables, inconscientes… Y ojo, no puedo estar más de acuerdo. No estoy, ni por asomo, legitimando las fiestas ilegales o cualquier otra temeridad semejante.

Soy perfectamente consciente de la situación crítica que estamos viviendo, y sé que prescindir de estos –ahora revalorizados– privilegios, no es, ni de lejos, lo peor que podría habernos pasado. Aun así, es difícil sacarme de la cabeza la sensación de que estoy perdiendo los mejores años de mi vida, de que todo a mi alrededor está en stand by, congelado, detenido, esperando a volver a pulsar el play que nos devuelva lo que era nuestro por derecho. Por desgracia, nada más lejos de la realidad; el tiempo no para, y eso que dicen los adultos, de que a partir de los 20 la vida se convierte en un tobogán empinado a toda velocidad, da vértigo.

A todo esto hay que añadirle el suplemento semanal de culpabilidad. ¿Qué hago yo, joven, sana, quejándome de estas banalidades, cuando hay millones de personas en el mundo que no volverán a ver a su abuela o a su padre? Creo que hablo en nombre de la mayoría, cuando digo que los jóvenes nos debatimos, prisioneros, entre estas dos premisas. Empezamos a lamentarnos de nuestra mala suerte hasta que recordamos que hay otros incomparablemente peor que nosotros. Y entonces, solo quedan dos opciones: la resignación, con la vacuna como luz trémula al final del túnel; y la relativización, el verlo todo desde fuera dándole la importancia que merece, ni más ni menos, y valorando las pequeñas cosas de las que aún podemos seguir disfrutando.

Paula Caz Rico

 

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Rejas: paliar no es solucionar

La inauguración de la línea 167, que contará, completando a la 77, con 23 o 24 paradas, en función del sentido, y conectará Rejas con Alsacia, es sin duda un gran balón de oxígeno para 17.000 vecinos del distrito. Como se dijo durante el acto de presentación, al que acudió el alcalde, José Luis Martínez Almeida, “se trata de una demanda largamente ansiada por todos los vecinos de este barrio, lo que les permitirá multiplicar sus opciones de moverse por la ciudad de Madrid en transporte público y, además, acceder de manera más rápida al Centro de Especialidades de San Blas-Canillejas en un trayecto de unos 40 minutos”.

Se trata de una buena, gran noticia, de la que es directamente partícipe la Junta de San Blas-Canillejas, y con la que ha colaborado la Comunidad de Madrid, que sin duda paliará el problema de aislamiento que durante años y años lleva padeciendo Rejas. Pero paliar no es solucionar. Como continuamente han venido denunciando los vecinos, en muchas ocasiones convocando manifestaciones, y el grupo 77, que en gran parte se ha erigido en portavoz de los mismos, el gravísimo problema de movilidad existente en Rejas ha convertido a este lugar en una isla dentro de Madrid, con la consiguiente repercusión en la economía, gravísimamente afectada por ello, y en el día a día de los vecinos que allí conviven.

Dar un paso hacia la solución, efectivamente, es una gran noticia. Pero esta perderá su importancia si con el suceder del tiempo se queda ahí, aislada, como el lugar, y no se ve complementada por otras soluciones. Y la principal tiene que venir de la apertura del apeadero de O´Donnell para que a través del servicio de tren de cercanías se aliviara, no vamos a decir definitivamente, pero sí de una forma más profunda, la congestión. El propio alcalde aludió durante la presentación al Ministerio de Transportes para que afrontara esta obra y se construyera otra vía sustentada en el transporte público.

Y tal vez esté ahí el quid de la cuestión. La llegada del tren, dada sus múltiples posibilidades de interconexión, sería algo más que una segunda alternativa y contribuiría notablemente a la descongestión de la zona, con una incidencia directa en la economía, sobre todo en la del pequeño comercio, y en la calidad de vida de los habitantes de un lugar histórico del distrito y de Madrid, que fue capaz de inspirar al mismísimo Quevedo para ilustrar uno de sus capítulos de El Buscón: “Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que me sucedió en él hasta Rejas, donde dormí aquella noche”, que versaba de las torpezas de un maestro de esgrima, como nos recordaba nuestra colaboradora literaria Beatriz Martínez en el número anterior.

Confiemos en que la esgrima de nuestros políticos, y de los grupos reivindicadores, no se convierta, con el paso del tiempo, en cúmulo de torpezas como las del maestro del Buscón, y que entre todos sean capaces de emplear sus pericias para buscar (gracias, maestro por el pase) la mejor de las salidas. Porque paliar, “disminuir o hacer más soportable algo negativo, en especial un daño físico o moral”, no es solucionar. Es empezar a hacerlo. Y de ello, por supuesto, nos congratulamos.

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Marisa Fernández: “Me ha costado mucho tomar esta decisión”

“No tengo más remedio que tocar el tema borrasca. Ni el Ayuntamiento, ni la Comunidad, han sido capaces de afrontar lo que se pronosticó sobradamente”

Mi nombre es Marisa. Me han pedido que escriba esto para comunicar que he presentado mi dimisión como vocal de Más Madrid. Me ha costado mucho tomar esta decisión, pero seguir afrontando el agravio económico que me suponía, resultaba inasumible. Decir que mi andadura como vocal comenzó con Ahora Madrid, en la legislatura anterior, y la experiencia fue muy satisfactoria. Aprendí mucho, rodeada y apoyada por un grupo maravilloso, dedicando todo nuestro esfuerzo en conseguir que Madrid avanzara con una alcaldesa excepcional como Manuela Carmena.

Marisa Fernandez dimite como vocal de Mas Madrid
Marisa Fernández dimite como vocal de Mas Madrid

Acabada la legislatura, llegan nuevas elecciones, cumpliéndose todos los pronósticos. Gana de nuevo Manuela Carmena, gracias a la gran labor que llevó a cabo.

Comienzan los pactos entre partidos de signo derechista, consiguiendo así mayoría. De esta forma no fue posible repetir legislatura. Afrontamos estar en la oposición sin dejar de intentar cumplir nuestros proyectos. Repito como vocal, en este caso de Más Madrid, siendo el grupo que mas vocales aportamos, por haber sido los más votados, pero sin conseguir sacar iniciativas, puesto que ahora somos la oposición.

Seguimos trabajando, siendo un gran equipo sin duda, y aunque a partir de ahora ya no forme parte de él, seguiré apoyando y trabajando para Mas Madrid. A mí, particularmente, me ha resultado una bonita experiencia, dándome la oportunidad de conocer a personas maravillosas, tanto dentro como fuera de este nuestro distrito. Tengo que reconocer que el personal de la Junta ha tenido mucha paciencia conmigo, algo que he agradecido siempre.

Voy a permitirme hacer mención al grupo de personas que componen La Plataforma de Trabajadores en Paro, de San Blas – Canillejas, por la gran labor que llevan a cabo desde hace años. Seguiré colaborando con ellos mientras pueda.

Llevo tiempo volcada con protección y bienestar animal. Afortunadamente contamos con una gran aliada en el distrito, la nueva concejala de Más Madrid, Amanda Romero. Pertenezco a la mesa de Bienestar animal, y seguiré en ella.

Habiendo pertenecido a la oposición, me es imprescindible  hablar de la nefasta gestión llevada a cabo afrontando la pandemia por parte de la Comunidad de Madrid. Entrando en detalles, que todos conocemos de sobra, en aspectos como el desmantelamiento de la Sanidad, contratos millonarios, externalizaciones, construcción de un hospital innecesario con un sobrecoste elevadísimo…

No tengo más remedio que tocar el tema borrasca. Ni el Ayuntamiento, ni la Comunidad, han sido capaces de afrontar, lo que se pronosticó sobradamente. Su ineptitud ha provocado y sigue provocando un caos de dimensiones extraordinarias. No han puesto en marcha los medios necesarios para facilitar la movilidad de los ciudadanos. y para colmo no se sienten responsables.

Soy consciente de que esta ha sido una situación excepcional, pero si no son capaces de afrontar situaciones como esta, es mejor que se vayan y que entren personas capaces de administrar mejor.

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La otra gran catástrofe

Nos pilló desprevenidos. Lo que en un principio se presentó como una especie de regalo posnavideño que iba a colorear de blanco nuestra ciudad, terminó dejando a esta asumida en un auténtico caos con calzadas y aceras intransitables, accesos a centros esenciales cortados, basura acumulada en las calles, multitud de centros comerciales cerrados o infrautilizados en sus funciones, gente sin poder salir, o entrar, de sus casas… Los días pasaban, pero los efectos de Filomena se quedaban.

Naturalmente San Blas-Canillejas no fue ajeno a las consecuencias que la tormenta avisada (también se advirtió en su momento de la gravedad del COVID y nadie reparó en ello) dejó en todos los distritos. Dejó, sí, un tiempo verbal que combina el pasado con la permanencia, porque lo que para muchos las lluvias llevaron y limpiaron para otros no va a ser así. Filomena se ha comportado como un púgil despiadado, que viendo al rival tambaleándose en el ring, débil y cansado de los golpes de esta tan larga pelea que desde marzo estamos padeciendo, le arreó otro guantazo con virulencia viéndole descuidado.

Filomena arrasa en el distrito
Filomena arrasa en el distrito

Un durísimo golpe más que se suma al COVID y a la situación económica provocada por la pandemia que no ha dañado a todos por igual. Volvemos a pasear, a circular, a poder utilizar los contenedores…, pero el pequeño comercio no puede volver igual. Ha sido otro durísimo golpe más que le ha llegado cuando más necesitaba respirar. Cuando confiaba en que 2021 iba a ejercer de muro de contención de tanta desgracia para este eje esencial de nuestra economía.

Una catástrofe, otra más, cuantificada en 1.398 millones por el alcalde, que ha llevado al Ayuntamiento a pedir que Madrid fuera declarada zona catastrófica y a que el Gobierno de la nación lo concediera.

Filomena arrasa en el distrito

Pero independientemente de que hiciera tanto tiempo que no cayera una nevada así, de que es muy difícil que una ciudad como Madrid estuviera preparada para defenderse ante ella, hay otra catástrofe que tiene que ver casi más con lo humano que con lo económico. Según la EPA, Madrid cerró 2020 con 480.000 personas paradas, el 13,5% de la población activa, con un incremento de un 3% con respecto al año anterior. Si las perspectivas, dada la acumulación de ERTES, son tan nefastas para este sector, ¿por qué no se tiró de él, con la consiguiente retribución, para paliar los efectos de la tormenta, es decir, para hacer algo tan sencillo, para lo que casi todos estamos cualificados, como coger una pala y quitar el hielo? ¿Por qué no en lugar de llamar a los vecinos a ejercer esta labor altruistamente se coordinaron todas las administraciones para dar sentido y utilidad en sus vidas a un colectivo que se siente desamparado, abandonado a su suerte en las oficinas de empleo? ¿Por qué no trasladarles ese hálito de esperanza de que llegarían otros contratiempos y ellos serían necesarios?

Esa es la otra gran catástrofe que ha desempolvado Filomena. Que vivimos en un mundo en el que los números y las estadísticas han enterrado a las personas. Mientras, los políticos a lo suyo y nosotros a lo nuestro.

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Con toda nuestra fuerza

2021 nos aguarda con todos sus meses desplegados con la esperanza de que pongamos toda nuestra fuerza en el empeño.

Tempus fugit, decían los latinos, el tiempo vuela tan rápido que a veces ni tan siquiera nos hace reparar en las consecuencias de su paso. Parece que era ayer, sí, cuando todos disfrutábamos de unas calles atestadas celebrando las pasadas navidades y nos encomendábamos a un 2020 que se prometía feliz: la economía, sin llegar a los ratios previos a 2008, empezaba a crecer, el PIB de Madrid acababa de superar al de Cataluña, nuestras caras reflejaban alegría y tranquilidad.

Pero los malos augurios informativos del primer trimestre nos llevaron, ya llegado marzo, a la peor de las realidades. Las calles se vaciaron y nuestras expectativas cambiaron totalmente. Incertidumbre, muerte, paro… Tempus fugit, y de aquella cuarentena que ilusamente creíamos al principio que bastaría con cumplirla en su literalidad hemos llegado a 2021 inmersos aún en la pandemia, aunque en una situación diferente. El haber ido recuperando poco a poco, en primer lugar, de nuevo las calles y el anuncio, en segundo, de la llegada de las vacunas son algo más que farolillos navideños que van iluminando el camino. Estamos en medio de la catástrofe, sí, pero se atisba la luz. Y como dice el presidente del Partido Popular, Calos Díaz-Pache, en una entrevista que publicamos en este número, no hay razones para que, una vez superada la crisis sanitaria, no se vuelva a la verdadera normalidad.

editorial

Pero para que esto ocurra, al margen del acierto que en las medidas para alcanzar la recuperación pongan políticos, científicos y administraciones, hay algo más, mucho más importante. Está la fuerza y el empeño que nosotros, los ciudadanos, pongamos para superar esto. La situación es tan complicada que no podemos delegar en ningún agente, por mucho que confiemos en él, para salir de esta y conformarnos, si luego sale mal, con criticarle y echarle las culpas. Tenemos que ser capaces de crear una conciencia social que nos haga creer firmemente que el empuje de todos y cada uno de nosotros es completamente necesario para superar esta situación. Y de que realmente se puede. Es esa convicción la única fuerza que nos puede llevar a superar a este inesperado caos, a que todo de nuevo fluya y revierta, y tal vez a que una vez superado nos depare una sociedad más humana. No nos quedemos en el vestuario asumiendo una derrota y confiemos en una remontada que tiene certeros visos de realidad.

Obedezcamos las recomendaciones sanitarias. Pero, mientras lo vayan permitiendo, recuperamos nuestras calles, regresemos a nuestros bares y creámonos de verdad que somos capaces de superar esto. 2021 nos aguarda con todos sus meses desplegados con la esperanza de que pongamos toda nuestra fuerza en el empeño, en el fondo conocedor de que si lo hacemos, antes o después lo conseguiremos. Tempus fugit. Con toda nuestra fuerza: feliz 20201, feliz Año Nuevo.

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