Aprovechemos la oportunidad de la Navidad

Vuelve la Navidad. Casi con nuestra retina puesta en unas vacaciones de verano no tan lejanas, en la vuelta al colegio, en la retoma de nuestra actividad, se nos acerca una etapa diferente en nuestra vida, sentimientos religiosos al margen, que siempre nos congratula con un paréntesis capaz de dotar de un contenido diferente a las palabras que utilizamos durante el año: sí,  ilusión, reencuentro, paz, armonía, reconciliación…, tienen un sonido distinto durante esta etapa.

luces navidad boltana
luces navidad boltana

Pero estamos ante unas Navidades distintas. Estas vienen con ganas, casi como si se las hubiéramos pedido a los Reyes Magos. Las del año pasado nos sorprendieron en plena pandemia jamás nos lo habríamos llegado a imaginar, sórdidas y torcidas, solitarias. Las tuvimos que pasar casi en penumbra. Ahora, en sus albores, y pendientes de una pandemia que repunta, se nos presentan diferentes. Ellas y sus consecuencias. Una principal de estas es la repercusión que puedan tener en un eje esencial de la economía de nuestro distrito como es el pequeño comercio. Si nosotros tenemos ganas de que lleguen las Navidades, nuestros comerciantes más. En primer lugar porque se las merecen, porque fueron los que aguantaron al pie del cañón para abastecernos durante el confinamiento. Y en segundo lugar porque puede ser el culmen de una fase de lenta superación, de paulatina salida de una crisis que ha tenido a tenderos y clientes agarrotados, pendientes de una de las peores crisis económicas que ha padecido nuestro país.

Por lo tanto, estas Navidades, como analizamos en nuestra tribuna con la participación de todos los grupos políticos del pleno, se presentan como una época de oportunidad de crecimiento para nuestro pequeño comercio. El que su curva se eleve más o menos dependerá de muchos factores. Primero, naturalmente, de la evolución de la propia pandemia. Pero también de la capacidad de generación de riqueza que se cree en torno a estas fiestas.

Y ahí jugamos un papel fundamental nosotros, los consumidores. Ahora toca ser egoístas y pensar en nuestros comerciantes, que es lo mismo que pensar en nosotros mismos. Con toda la libertad del mundo que cada uno debe tener para adquirir sus comprar en el lugar que estime oportuno, es tiempo de pensar que invertir en nuestras tiendas y bares es invertir también en San Blas-Canillejas y, por ende, en nosotros. Es contribuir a nuestra pujanza económica y al fomento de nuestra vida cotidiana. La más importante, porque es aquí donde vivimos o trabajamos.

Pasadas las fiestas habrá que echar cuentas, conocer hasta cuándo se ha proyectado el crecimiento, vendrán cuestas de enero, pero lo realmente importante tal vez no será cuándo creció la curva, sino que realmente este haya aumentado su tamaño. Toda la leña que echemos durante esta etapa contribuirá, de una manera u otra, a mantener viva la llama de nuestro crecimiento. Llegarán tiempos mejores en los que por sí solos se avivarán, pero ahora hay que mantenerlos con nuestras compras y nuestros regalos.

Otra noticia esperanzadora. San Blas-Canillejas es uno de los distritos que más sube en la dotación presupuestaria municipal para 2022. Eso significará más infraestructuras,  mejores servicios. Todo suma, claro, pero las operaciones matemáticas, robotizadas o no, no se realizan solas. Hay que ayudarlas. Es una gran oportunidad para nuestro pequeño comercio y para nuestro distrito. Aprovechémosla. ¡FELIZ NAVIDAD!

 

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San Blas-Canillejas es el principal puerto de España

Hay motivos para la satisfacción y para el orgullo. La celebración de LAS TERTULIAS DE LA GRADONA una vez más han aportado luz a la actualidad de nuestro distrito, apuntando el faro de su reflexión hacia un dato aquí poco conocido y allá poco relacionado con él. San Blas-Canillejas, un lugar muchas veces relacionado con aspectos poco positivos, algunos de ellos herencia del pasado, como droga, delincuencia, paro…, resulta ser la capital de España, y casi de Iberoamérica, en tecnología de la información. Casi todas las conexiones nacionales y atlánticas pasan y tienen que pasar en un momento dado por nuestro lugar de residencia para ser procesadas y ser trasladadas al mundo. Desde un mensaje con una fotografía de enamorados a información que vaya a resultar básica para efectuar una operación. Paradojas de la vida, unos barrios ubicados en una ciudad situada en el centro de España es uno de los mayores puertos del mundo, de otras aguas, sí, las de la tecnología de la información.

Interxion

 

Al margen de la satisfacción que esta noticia nos produzca a todos los que sentimos los colores de nuestro distrito, este dato tiene una grandísima relevancia en la proyección del lugar en el que vivimos y, por ende, en su concepción como lugar idóneo de generación económica. Ante todo porque nos sitúa en la autopista de la modernidad y de la realidad, el camino que nos lleva al nuevo mundo, también empresarial, en el que todos nos tenemos que mover. Pero también porque todo ello redundará en la creación de empresas y empleos en nuestro lugar de residencia, y esto atraerá y alimentará a nuevos negocios, que a su vez generarán nueva riqueza.

Pero, como en casi, todo, la noticia tiene sus peros. El primero de ellos, no entender cómo nuestras autoridades de aquí, y en esto tenemos que incluir a todos nuestros grupos políticos, no han sido capaces todavía de incorporar las consecuencias de este hecho a la marca San Blas-Canillejas. Forma parte de su trabajo, independientemente de las cuitas que entre ellos mantengan o de las trincheras a las que pertenezcan, transmitir que somos una capital mundial en digitalización. Desde nuestra Junta se tiene que empezar a canalizar un trabajo para dar esto a conocer y a engarzar con el resto de administraciones, con el fin de que redunde en la mayor generación de riqueza posible para los que vivimos aquí. La comunicación, como la digitalización, es una herramienta imprescindible de generación de recursos económicos. Y hay que utilizarla.

El otro pero está en la reticencia de algunos sectores comerciales a subirse al barco de la digitalización. Hay que perder el miedo. Todos estamos preparados, en mayor o menor medida, para navegar por esas nuevas aguas. Y también en este aspecto, como se apunta en nuestra TERTULIA DE LA GRADONA, es preciso pedir un esfuerzo a las administraciones para suministrar la formación adecuada para que nadie se quede en puerto. Ya no se van a apretar tornillos, sino a colocar códigos que harán que estos se atornillen solos. Y es preciso que aquellos comerciantes reticentes pierdan miedos y complejos y den el paso hacia el nuevo conocimiento. La alternativa solo pasa por quedarse en tierra.

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Sin educación no hay libertad

La reiteración de los datos del informe PISA, en los que sitúa a España en la Tercera División de la calidad educativa, por debajo de la media de la OCDE, tanto en ciencias como en matemáticas, nos sirve para adentrarnos en el análisis de este asunto en nuestro distrito. Educación viene de las voces latinas educare, orientar, guiar, y educere, revelar, exponer hacia el exterior. Para Platón “es el camino de la realidad sensible a la inteligible”, es decir, el tránsito de lo aparente a lo verdadero. Aristóteles deba un paso más y sostenía que la educación “es un proceso de perfeccionamiento” y que por lo tanto dura tanto como dure vida.

Por ello nos encontramos ante un elemento esencial en el desarrollo del individuo, no solo por el beneficio económico que le pueda aportar, sino porque va a formar parte de su ser, lo va a modular, lo va a transformar, constituyéndose en el pilar básico de su evolución.

¿Y cómo trasladamos todo esto a San Blas-Canillejas? En primer lugar, tomando en consideración que es un distrito con muchísima diversidad, en el que conviven muy distintos grupos sociales. Educar en medio de tanta desigualdad es algo muy complejo, que obliga al profesorado a un esfuerzo extra para poder acercarse a aquellos que, por las circunstancias que sean, llegan a las aulas con menos conocimientos y, por ende, con menor capacitación. Un claro ejemplo es el Valle Inclán, en donde conviven niños de 13 nacionalidades, evidentemente procedentes de países con un bajo, en ocasiones nulo, desarrollo educativo.

¿Qué podemos hacer para encauzar esto? Para empezar, cualquier cosa que no sea nada. Y eso conlleva tomar conciencia de que existe un problema y que debemos buscar soluciones. Y en ese plural es donde puede estar el inicio de la solución. Es muy fácil echar en este apartado la culpa a las administraciones, que la tienen, y al profesorado, que en ocasiones también. Es cierto que es una barbaridad que España haya tenido que padecer el cambio de cinco leyes educativas, a veces antagónicas, durante la democracia (la de 1970, que se prolongó hasta el 85, procedía de la etapa franquista), pero más cierto es que nos encontramos ante una sociedad abúlica, que no suele tener en cuenta este apartado cuando acude a las urnas a votar.

La sociedad tiene que tomar conciencia de que el problema de la educación es su problema. Y de que las familias, no solo los políticos, ni las ideologías, forman parte de su solución. En ellas está el trabajo de inculcar a los niños la importancia de la educación. En ellas está el enseñarlos a respetar a los profesores. En ellas está aceptar que sus hijos tienen que entender que el esfuerzo y el meritaje son necesarios en la vida y olvidarse del proteccionismo, porque de lo contrario, lo único que van lograr es cercenar su crecimiento.

Pardo Bazán citó una frase sobre la educación de la mujer de su tiempo, la cual, explicaba, no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión”, Tengamos cuidado, porque el proceso deseducativo en el que nos encontramos, por mucho que lo adornen, nos está conduciendo a todas, y a todos, a eso que la gran Emilia describió como doma. En España, en Madrid y en el distrito.

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Campus digital: el camino hacia el progreso

Abrimos el nuevo curso con una gran noticia. San Blas-Canillejas será el primer distrito en contar con un campus digital. La vicealcaldesa en la visita que realizó al lugar donde estará ubicado, en lo que fue el colegio Santa Marta de Babio, durante el pasado mes de agosto, resaltó que  forma parte de un proyecto que busca el reequilibrio territorial entre los distritos del sur y del este de la ciudad. Las instalaciones, para empezar, aportarán un primer valor a la zona, al estar emplazadas en un lugar degradado que no aportaba ningún valor.
Villacis
Pero más allá del reequilibrio, que siempre viene bien para los que andan rezagados, está la capital importancia que este centro tendrá para encaminar al distrito hacia la digitalización, proceso que afectará, y beneficiará, a todos los sectores de nuestra población y a todos sus segmentos: es decir, a comercios, empresas, centros educativos…, pero también a jóvenes y mayores.
 
Todo está inmerso ya en un mundo digital y todos tenemos que formar parte de él. La digitalización es el marco de una nueva era que tiende sus puentes hacia el empleo, la cultura, la prosperidad y el desarrollo. Por eso este tipo de iniciativas son esenciales para conocer donde están y aprender a transitarlos. Vienen con grandes quitamiedos para tranquilizar a los temerosos y llenos de segundas oportunidades. Pero también con el claro mensaje de que la nueva vida pasa por ellas, que no las podemos regatear ni esquivar, independientemente de cual sea nuestra condición o situación, porque eso no será más que un empecinamiento de viaje a ninguna parte.
Villacis
Asimismo, su mera presencia en el distrito genera un gran valor añadido. Rompe con la imagen degradada de algunos de nuestros barrios y tiene el correspondiente efecto llamada ante la llegada de inversores y clientes. Vamos a ser los primeros en contar con un centro de este tipo, y ser los primeros en digitalización es entrar en la Champions League del progreso y del liderazgo. El hecho de la presencia en San Blas de la vicealcaldesa, Begoña Villacís, y de la repercusión que la noticia ha tenido en los medios de comunicación es una prueba de ello. 

Nos congratulamos también de que el proyecto incluya  al ocio y al deporte, con la creación de una zona urbana para el disfrute de los vecinos. Es una especie de invitación a todos a perder el miedo y a acercarse al mundo de las tecnologías de la información. A nuestro nuevo mundo.

 

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Here comes the sun, ya sale el sol

Parecía que nunca iba a llegar el momento,  pero lo cierto es que ya se empieza a atisbar el final real de la pandemia. Parafraseando la mítica canción de los Beatles, Yes, here comes the sun, ya sale el sol, little darlig, it’s been a long cold a lonely winter, cariño, ha sido un largo invierno, frío y solitario, little darlig, it feels like years since it´s been here, cariño, siento como si hubieran pasado años. La llegada del verano, con la alegría que en sí misma esta estación conlleva, sumada a los efectos de la vacunación, parece que empieza a prender la mecha de la luz a una de las peores etapas de nuestras vidas, tanto por la crudeza con la que ha golpeado a la esencia de nuestra existencia, la salud, como por las nefastas consecuencias que ha traído a nuestra economía, lastrando un crecimiento que en Madrid se presentaba como espectacular, habiendo llegado incluso a superar nuestra comunidad en PIB a Cataluña.

TERRAZAS

Yes, little darlig, the smile is returning to our faces, do, don, do, Sí cariño, la sonrisa está volviendo a nuestros rostros, amenizada por la paulatina supresión de la obligatoriedad de tener que llevar en todo momento en cualquier espacio público la mascarilla, lo cual tal vez no nos permita aún pensar en el futuro (vamos a ser precavidos), pero sí en el presente. Y el presente nos dice que volvemos a tomar las calles, que empezamos a disfrutar de las terrazas, a cogernos de la mano, a reírnos…, que poco a poco vamos perdiendo el miedo y que sentimos como si la vida hubiera vuelto a resurgir. Casi seguro que todo esto provocará un fuerte arreón a la economía, alimentará el consumo y este la consecuente generación de puestos de trabajo.

La música suena bien, sun, sun, sun, here it comes, ya sale el sol, y es bueno repetirla. Cierto es que somos animales que nos dejamos influir por las emociones, y una buena motivación siempre ayuda. Pero por sí sola no nos sacará de la crisis. Es precisamente ahora cuando todas las administraciones, independientemente de la índole que sean, sean conscientes de que están al servicio del ciudadano, del ser humano, y pongan todo su empeño en servir a todos, sin dejar a nadie en la cuneta. El mismo esfuerzo hay que pedir a lo que se denomina como sociedad civil, sustentada en las asociaciones, a empresarios y sindicatos. No es tiempo de reproches. No es tiempo de egos ni de prevalencia de ideologías. Y la misma responsabilidad se la tenemos que pedir al propio individuo, habituado a ser muy exigente con los otros y muy poco consigomismo.

Entre todos tenemos que dirigir el faro de la nueva luz a lo que no hace mucho, con las consabidas imperfecciones, era el eje de nuestra civilización. El ser humano tiene que recuperar el protagonismo en el escenario. Eso no significa cerrarse a las innovaciones ni estar ajeno a la capacidad de adaptación y flexibilidad que los nuevos tiempos marcan. Pero sin consentir que ser un elemento de un sistema o de una economía, que ha varado tanto a la derecha como a la izquierda. Tal vez sea momento de recordar la vigencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU en París un 10 de diciembre de 1948. Y de lograr que el sistema sea nuestro sistema y que la economía sea nuestra economía. Confiemos en que la canción termine bien y al final de la letra podamos decir bien alto: it´s all right! ¡Feliz verano!

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Cuando la ciencia se deja iluminar por las musas

La noticia de que un centro escolar ubicado en nuestro distrito, el IES Las Musas, haya sido elegido por la embajada de Israel para llevar a cabo un proyecto científico, el lanzamiento de una nanosatélite, bautizado con el nombre de ‘Las musas y las estrellas’, y que este se lleve a cabo por un grupo de alumnos no es un hecho aislado. Sí, sin duda, tenemos que ser generosos con la diosa fortuna por haber sido tan generosa al tocar con sus caprichosas alas un instituto de un distrito humilde y lleno de contrastes como el nuestro. Pero las cosas no solamente se producen porque sí. Casi siempre precisan del empujoncito de vientos a favor que habitualmente no sabemos por qué llegan, pero para que el efecto de estos fructifique es necesario que barcos y velas estén preparados para las consecuencias de su llegada.

Y en el IES Las Musas se daban plenamente las circunstancias. La propia embajadora comprobó in situ, antes de dar el visto bueno a su proyecto, que el lugar reunía las condiciones necesarias para que prendiera la ciencia. La dirección había convertido lo que antaño era un descampado marcado por una valla en una sucesión de espacios verdes y polideportivos bañados por una luz que penetraba sin ningún tipo de timidez en las aulas, en las que las barreras de ladrillo han dado paso a transparentes paredes de cristal que invitan a que todo pase, incluso las ganas de conocimiento que tienen que tener los alumnos.

Y es que como en la película de Coppola, ‘La ley de la calle’, los peces que se comían los unos a los otros, en la escena en la que aparecía el color, lo hacían porque estaban en una pecera sin espacio ni luz. Cuando estaban en el río, sin estas ataduras, no lo hacían. Ahí está el éxito de la dirección del instituto, no solo reconocido por la embajada de Israel, sino por las excelentes calificaciones que tienen sus alumnos en Selectividad: en saber valorar que el terreno de juego es inherente al rendimiento científico; que todo forma parte de una estructura y que por mucho que nos esforcemos en fomentar una de sus aristas, este no es un hecho aislado sino un elemento que vive en interacción con una serie de elementos condicionantes como son espacio, luz y estructuración.

No son temas menores, ni muchos menos, el propio lanzamiento del nanosatélite, que se lanzará; la ruptura de la brecha de género con la participación del alumnado femenino; que se ha roto; la dotación de un buen objetivo al mismo, como la lucha por el medioambiente, que se ha determinado; el lograr que chicos tan jóvenes hayan desterrado de sus cabezas que la ciencia es algo monótono y aburrido, que también se ha conseguido… Todos estos planteamientos, inherentes al proyecto, tienen una grandísima importancia. Pero lo más importante de todo, máxime en una país que cada año es golpeado por la EPA, ocupando unos preocupantes lugares en el plano educativo internacional, es que se entienda que el gran motor de la educación y de la incentivación del alumnado no está en mamotréticos planes de enseñanza, sino en entender algo tan simple como que el conocimiento tiene que estar integrado en sus propios orígenes: la luz y la naturaleza. Luego, jugando con el espacio, conseguimos la estructura que nos permitirá tener unos jóvenes más abiertos al estudio y con resultados más brillantes. Escuchemos a las musas.

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Rejas: paliar no es solucionar

La inauguración de la línea 167, que contará, completando a la 77, con 23 o 24 paradas, en función del sentido, y conectará Rejas con Alsacia, es sin duda un gran balón de oxígeno para 17.000 vecinos del distrito. Como se dijo durante el acto de presentación, al que acudió el alcalde, José Luis Martínez Almeida, “se trata de una demanda largamente ansiada por todos los vecinos de este barrio, lo que les permitirá multiplicar sus opciones de moverse por la ciudad de Madrid en transporte público y, además, acceder de manera más rápida al Centro de Especialidades de San Blas-Canillejas en un trayecto de unos 40 minutos”.

Se trata de una buena, gran noticia, de la que es directamente partícipe la Junta de San Blas-Canillejas, y con la que ha colaborado la Comunidad de Madrid, que sin duda paliará el problema de aislamiento que durante años y años lleva padeciendo Rejas. Pero paliar no es solucionar. Como continuamente han venido denunciando los vecinos, en muchas ocasiones convocando manifestaciones, y el grupo 77, que en gran parte se ha erigido en portavoz de los mismos, el gravísimo problema de movilidad existente en Rejas ha convertido a este lugar en una isla dentro de Madrid, con la consiguiente repercusión en la economía, gravísimamente afectada por ello, y en el día a día de los vecinos que allí conviven.

Dar un paso hacia la solución, efectivamente, es una gran noticia. Pero esta perderá su importancia si con el suceder del tiempo se queda ahí, aislada, como el lugar, y no se ve complementada por otras soluciones. Y la principal tiene que venir de la apertura del apeadero de O´Donnell para que a través del servicio de tren de cercanías se aliviara, no vamos a decir definitivamente, pero sí de una forma más profunda, la congestión. El propio alcalde aludió durante la presentación al Ministerio de Transportes para que afrontara esta obra y se construyera otra vía sustentada en el transporte público.

Y tal vez esté ahí el quid de la cuestión. La llegada del tren, dada sus múltiples posibilidades de interconexión, sería algo más que una segunda alternativa y contribuiría notablemente a la descongestión de la zona, con una incidencia directa en la economía, sobre todo en la del pequeño comercio, y en la calidad de vida de los habitantes de un lugar histórico del distrito y de Madrid, que fue capaz de inspirar al mismísimo Quevedo para ilustrar uno de sus capítulos de El Buscón: “Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que me sucedió en él hasta Rejas, donde dormí aquella noche”, que versaba de las torpezas de un maestro de esgrima, como nos recordaba nuestra colaboradora literaria Beatriz Martínez en el número anterior.

Confiemos en que la esgrima de nuestros políticos, y de los grupos reivindicadores, no se convierta, con el paso del tiempo, en cúmulo de torpezas como las del maestro del Buscón, y que entre todos sean capaces de emplear sus pericias para buscar (gracias, maestro por el pase) la mejor de las salidas. Porque paliar, “disminuir o hacer más soportable algo negativo, en especial un daño físico o moral”, no es solucionar. Es empezar a hacerlo. Y de ello, por supuesto, nos congratulamos.

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La otra gran catástrofe

Nos pilló desprevenidos. Lo que en un principio se presentó como una especie de regalo posnavideño que iba a colorear de blanco nuestra ciudad, terminó dejando a esta asumida en un auténtico caos con calzadas y aceras intransitables, accesos a centros esenciales cortados, basura acumulada en las calles, multitud de centros comerciales cerrados o infrautilizados en sus funciones, gente sin poder salir, o entrar, de sus casas… Los días pasaban, pero los efectos de Filomena se quedaban.

Naturalmente San Blas-Canillejas no fue ajeno a las consecuencias que la tormenta avisada (también se advirtió en su momento de la gravedad del COVID y nadie reparó en ello) dejó en todos los distritos. Dejó, sí, un tiempo verbal que combina el pasado con la permanencia, porque lo que para muchos las lluvias llevaron y limpiaron para otros no va a ser así. Filomena se ha comportado como un púgil despiadado, que viendo al rival tambaleándose en el ring, débil y cansado de los golpes de esta tan larga pelea que desde marzo estamos padeciendo, le arreó otro guantazo con virulencia viéndole descuidado.

Filomena arrasa en el distrito
Filomena arrasa en el distrito

Un durísimo golpe más que se suma al COVID y a la situación económica provocada por la pandemia que no ha dañado a todos por igual. Volvemos a pasear, a circular, a poder utilizar los contenedores…, pero el pequeño comercio no puede volver igual. Ha sido otro durísimo golpe más que le ha llegado cuando más necesitaba respirar. Cuando confiaba en que 2021 iba a ejercer de muro de contención de tanta desgracia para este eje esencial de nuestra economía.

Una catástrofe, otra más, cuantificada en 1.398 millones por el alcalde, que ha llevado al Ayuntamiento a pedir que Madrid fuera declarada zona catastrófica y a que el Gobierno de la nación lo concediera.

Filomena arrasa en el distrito

Pero independientemente de que hiciera tanto tiempo que no cayera una nevada así, de que es muy difícil que una ciudad como Madrid estuviera preparada para defenderse ante ella, hay otra catástrofe que tiene que ver casi más con lo humano que con lo económico. Según la EPA, Madrid cerró 2020 con 480.000 personas paradas, el 13,5% de la población activa, con un incremento de un 3% con respecto al año anterior. Si las perspectivas, dada la acumulación de ERTES, son tan nefastas para este sector, ¿por qué no se tiró de él, con la consiguiente retribución, para paliar los efectos de la tormenta, es decir, para hacer algo tan sencillo, para lo que casi todos estamos cualificados, como coger una pala y quitar el hielo? ¿Por qué no en lugar de llamar a los vecinos a ejercer esta labor altruistamente se coordinaron todas las administraciones para dar sentido y utilidad en sus vidas a un colectivo que se siente desamparado, abandonado a su suerte en las oficinas de empleo? ¿Por qué no trasladarles ese hálito de esperanza de que llegarían otros contratiempos y ellos serían necesarios?

Esa es la otra gran catástrofe que ha desempolvado Filomena. Que vivimos en un mundo en el que los números y las estadísticas han enterrado a las personas. Mientras, los políticos a lo suyo y nosotros a lo nuestro.

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Con toda nuestra fuerza

2021 nos aguarda con todos sus meses desplegados con la esperanza de que pongamos toda nuestra fuerza en el empeño.

Tempus fugit, decían los latinos, el tiempo vuela tan rápido que a veces ni tan siquiera nos hace reparar en las consecuencias de su paso. Parece que era ayer, sí, cuando todos disfrutábamos de unas calles atestadas celebrando las pasadas navidades y nos encomendábamos a un 2020 que se prometía feliz: la economía, sin llegar a los ratios previos a 2008, empezaba a crecer, el PIB de Madrid acababa de superar al de Cataluña, nuestras caras reflejaban alegría y tranquilidad.

Pero los malos augurios informativos del primer trimestre nos llevaron, ya llegado marzo, a la peor de las realidades. Las calles se vaciaron y nuestras expectativas cambiaron totalmente. Incertidumbre, muerte, paro… Tempus fugit, y de aquella cuarentena que ilusamente creíamos al principio que bastaría con cumplirla en su literalidad hemos llegado a 2021 inmersos aún en la pandemia, aunque en una situación diferente. El haber ido recuperando poco a poco, en primer lugar, de nuevo las calles y el anuncio, en segundo, de la llegada de las vacunas son algo más que farolillos navideños que van iluminando el camino. Estamos en medio de la catástrofe, sí, pero se atisba la luz. Y como dice el presidente del Partido Popular, Calos Díaz-Pache, en una entrevista que publicamos en este número, no hay razones para que, una vez superada la crisis sanitaria, no se vuelva a la verdadera normalidad.

editorial

Pero para que esto ocurra, al margen del acierto que en las medidas para alcanzar la recuperación pongan políticos, científicos y administraciones, hay algo más, mucho más importante. Está la fuerza y el empeño que nosotros, los ciudadanos, pongamos para superar esto. La situación es tan complicada que no podemos delegar en ningún agente, por mucho que confiemos en él, para salir de esta y conformarnos, si luego sale mal, con criticarle y echarle las culpas. Tenemos que ser capaces de crear una conciencia social que nos haga creer firmemente que el empuje de todos y cada uno de nosotros es completamente necesario para superar esta situación. Y de que realmente se puede. Es esa convicción la única fuerza que nos puede llevar a superar a este inesperado caos, a que todo de nuevo fluya y revierta, y tal vez a que una vez superado nos depare una sociedad más humana. No nos quedemos en el vestuario asumiendo una derrota y confiemos en una remontada que tiene certeros visos de realidad.

Obedezcamos las recomendaciones sanitarias. Pero, mientras lo vayan permitiendo, recuperamos nuestras calles, regresemos a nuestros bares y creámonos de verdad que somos capaces de superar esto. 2021 nos aguarda con todos sus meses desplegados con la esperanza de que pongamos toda nuestra fuerza en el empeño, en el fondo conocedor de que si lo hacemos, antes o después lo conseguiremos. Tempus fugit. Con toda nuestra fuerza: feliz 20201, feliz Año Nuevo.

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Nosotros somos los que tenemos que jugar

La llegada de un suceso tan inesperado como la pandemia ha cambiado los parámetros en todos los ámbitos de la sociedad. Los destellos de una nueva crisis económica, apaciguada por la crecida del PIB madrileño preCovid, que trajo para nuestra comunidad el hito histórico de superar a Cataluña en este apartado, han sido sepultados por un acaecimiento que no es que haya dejado tambaleando los cimientos de nuestra sociedad, sino que ha afectado a la completa estructura de esta y a su forma de entenderla. Puede que aún no lo hayamos asimilado, pero, nos guste o no, estamos ante un mundo diferente que ha dado lugar a una nueva realidad, que no normalidad (nueva y normalidad son dos términos difíciles de casar, por mucho rédito que les haya sacado su autor). Y cuanto antes salgamos del letargo vacacional, mejor que mejor.

El traslado de esta situación al plano local, que es el que compete a esta publicación, implica un panorama inquietante más que por lo que dicen datos y estadísticas por la incertidumbre a la que nos enfrentamos, que afecta directísimamente a los ejes de cualquier barrio madrileño, empleo y economía, y, un poco más, si cabe, por la idiosincrasia de este distrito, a San Blas-Simancas. Ertes con riesgo de convertirse en eres y cierres que no sabemos si se van a levantar se presentan como nubarrones invitados de un septiembre que nos tenía acostumbrados a otra cosa, a una vuelta a la normalidad que, lamentablemente, ya no va a regresar.

Pero hay cosas que no pueden caminar solas. La palabra crisis, que en su etimología griega está asociada a cambio, tiene como compañera de viaje otra que tiene por nombre recuperación. Una, por muy penosa y dolorosa que sea, es el preámbulo de la otra. Nuestra linterna tiene que enfocar a una luz que, en gran parte, paradojas de los tiempos, nos llevará a la economía del pasado, que, recordemos (no hace tanto), siempre ha estado sustentada en el pequeño comercio, en las tiendas de siempre. No se trata de volver la vista atrás por una cuestión de agradecimiento por la ayuda prestada durante el confinamiento, sino por una pura cuestión de practicidad. Para salir de esta no hay otra que volver a la base, a nuestra panadería, a nuestra zapatería, a nuestro bar, a la economía que genera el mayor número de puestos de trabajo, a lo único que realmente puede hacer rebrotar el árbol.

Pero para que ello se produzca hay otro factor esencial: el ciudadano. Somos nosotros los que ahora tenemos que saltar al campo y jugar. Tomar conciencia de dónde estamos (no hace falta perderse en reproches de etapas pasadas), coger la pelota y saber en qué estadio vamos a disputar el partido. Tenemos que volver a llenar las gradas del pequeño comercio, no por compasión ni por nostalgia, sino porque debemos ser conscientes de que es ahí en donde se juega el partido de la nueva economía, que es al fin y al cabo el partido de nuestro presente y de nuestro futuro, en resumidas cuentas, el de nuestra vida. Saber que es allí, y no en otro lugar, de donde surgirá la creación de una actividad que generará un empleo más humano y que poco a poco levantará la economía, dejando en nuestro barrio un valor añadido, no para que nos lo quedemos, sino para que poco a poco lo vayamos hilando con otros para configurar otra estructura no irrompible, porque eso es imposible, pero sí mucho más sólida y difícil de quebrar que la actual. Los demás estamentos, políticos, asociaciones, oenegés, etc., pueden ayudar. Pero somos nosotros, LOS CIUDADANOS, los que tenemos que tomar conciencia de que el balón está en nuestras manos. Y que, sin excluir otras alternativas, es en el pequeño en donde ahora toca jugar. Allí apunta la linterna.

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