Alfonso Delgado: “No es fácil vivir de la interpretación”
Vecino del barrio de Rejas, Alfonso Delgado es un hombre vinculado durante toda su vida a la interpretación. Cine, teatro y publicidad forman parte de su extenso bagaje profesional. Con él repasamos sus casi 50 años delante de las cámaras, sus experiencias en teatro, cine, televisión y publicidad, y cómo ha combinado estos trabajos con otros oficios para poder subsistir y seguir dedicándose a su verdadera pasión: la actuación.
¿Quién es Alfonso Delgado?
Soy actor desde 1978. Debuté en el Teatro María Guerrero, en el primer año del Centro Dramático Nacional. Desde ese día me lo he trabajado más o menos para llegar a la jubilación hace tres meses. He hecho doblaje, teatro, cine, televisión y bastante publicidad. También he trabajado en otras cosas diferentes: he sido camarero, cocinero, mensajero de moto, mensajero de aviones, he estado de vigilante en una torre de control, he estado de marinero en Nigeria y en la costa gallega. En fin, muchos trabajos para subsistir y seguir dedicándome a lo que más me ha gustado.

¿Es difícil vivir del mundo de la interpretación?
Dicen que solo pueden vivir de la actuación del tres al cinco por ciento de los actores. En algunos momentos de mi vida he podido vivir más o menos bien de esta profesión, pero llevo casi 45-50 años, más de la mitad de los años trabajados, y no he podido compaginarlo bien. Para la mayor parte de actores o actrices es muy difícil, es una profesión muy complicada.
¿Cómo se definiría artísticamente?
Por gracia o por desgracia, me han encasillado muchísimo en mendigos, drogadictos, gente de mal vivir, de tener mala suerte en la vida y acabar en la calle. Pero me defino principalmente como un actor de teatro, que es lo que más me gusta. Me encantaría poder seguir. Me hicieron hace poco una prueba para volver al Centro Dramático Nacional y desgraciadamente, no me cogieron. Entré en una depresión bárbara, porque tengo ya una edad en la que ves que te quedan muy pocas oportunidades para engancharte a otra obra de teatro. Además, con la edad, los papeles se van haciendo más difíciles, más pequeños.
¿Qué ha cambiado desde aquellos comienzos?
En aquellos años los actores se formaban en el teatro, y si daban el salto al cine, bienvenido. Pero normalmente era una profesión de teatro únicamente. No existían las cadenas privadas, ni las plataformas que hay ahora. Tampoco existía lo digital, por lo que las películas se filmaban con metraje y no se podía fallar mucho ni repetir tomas.
¿Cómo está la situación para los que sueñan con ser actores?

Me da una pena tremenda la juventud de hoy en día, porque hay tantísimos actores. Antes estaba la Escuela de Arte Dramático de Madrid y el Instituto de Barcelona. Ahora, con las autonomías, hay una Escuela de Arte Dramático por Comunidad. Cada año salen 30 o 40 alumnos formados en cada una de las 17 comunidades. O sea, tienes 500 actores todos los años que en seis años son 3.000 actores que no conoce nadie. Cuando yo comenzaba, podías cambiarte de compañía, había más opciones. Los teatros nacionales pagan bien, como el Teatro Español, el María Guerrero o el Centro Cultural de la Villa, pero otros como el Teatro Lara prácticamente no pagan. Las salas pequeñas, menos aún. Es por amor al arte.
¿Uno de sus momentos estelares llegó con el anuncio del sorteo de Navidad?
Estuve un año que no podía salir a la calle. Era impresionante, todo el mundo me reconocía. Me pilló ya mayor, no me lo creí ni me cambió la vida. Desde ese anuncio no he hecho prácticamente nada de publicidad. Antes hacía mucha. Tenías la tranquilidad de que al menos estabas ahí; te llamaban casi todas las semanas para un casting y te apañabas. Dicen que es uno de los mejores anuncios de la historia de la lotería y casi de su historia en una liga de los mejores que han producido.
¿Cuál es el trabajo del que se siente más satisfecho?
Creo que lo mejor que he hecho ha sido una serie de televisión de Movistar llamada Conquistadores Adventum, en la que en el tercer o cuarto capítulo interpreto a Núñez de Balboa. Es de las pocas veces que me veo y digo: “qué bien estoy”. Soy muy crítico conmigo mismo y muchas veces no he visto mis películas porque son cameos con pocas frases.
¿Con qué grandes actores y artistas ha trabajado?
Con infinidad de ellos. Intervine en la última película de Paco Martínez Soria, ‘La tía de Carlos’ (1981), con María Kosty y Josele Román, entre otros. También con actores extranjeros. El que más ilusión me hizo y que además se convirtió en un buen amigo fue Juan Diego. Trabajé con él en 1978 en el María Guerrero. También con Félix Rotaeta, descubridor de Almodóvar, de quien fui secretario particular y le pasaba los guiones. Y, por supuesto, con Ángel Facio en teatro. Eché un currículum en el Teatro Español y me contrató; trabajé con él en cinco montajes en diez años.
¿Trabajó también José Luis Garci?
Hice cinco películas con Garci, a quien admiro. Quizá su cine no ha gustado a la izquierda, pero es espectacular. Maneja el cine como pocos en este país, antiguo, con decorados, en estudio, pero se trabaja con él de manera maravillosa. Siento nostalgia de series de televisión antiguas: ‘Los Gozos y las Sombras’, ‘Fortunata y Jacinta’, basadas en novelas de autores serios como Benito Pérez Galdós o Gonzalo Torrente Ballester. Ahora las series se hacen muy rápido, con decorados casi idénticos de una a otra.


