Voluntariado en Oaxaca: acceso al agua y transformación comunitaria en Villa Nueva

El voluntariado corporativo en comunidades remotas de Oaxaca ha permitido mejorar el acceso al agua en Villa Nueva, una iniciativa impulsada por la Fundación acciona.org que combina infraestructuras hídricas, participación comunitaria y programas sociales con impacto directo en la vida cotidiana de sus habitantes.

Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca

Soy Lourdes Martínez, Manager de desarrollo de negocio en Acciona, vecina del Distrito de San Blas-Canillejas. Estuve dos semanas en marzo realizando un voluntariado corporativo para abastecer de agua a comunidades remotas de Oaxaca, México, con la Fundación acciona.org.

Un viaje de dos semanas con el voluntariado corporativo de la Fundación acciona.org que marca una misión transformadora en comunidades remotas.

Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca Manantial

En este estado, miles de personas carecen en sus hogares del acceso al agua. En muchas comunidades son las mujeres y las niñas quienes dedican horas cada día a caminar hasta el arroyo más cercano. Recogen agua para todo: lavar, cocinar, asearse, hidratarse… Y lo hacen sin garantías sanitarias. En ese mismo río, otros lavan ropa o herramientas, arrastrando bacterias que convierten la necesidad en riesgo.

Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca Reforestación del manantialDe esta necesidad nace el proyecto para abastecer de agua a Villa Nueva, una comunidad de 120 viviendas. La historia no empezó con seguridad plena, sino con escepticismo: dos intentos fallidos de perforación habían dejado una huella de desconfianza en los vecinos. Esta vez, la búsqueda se desplazó 1,8 kilómetros fuera de la comunidad. Allí apareció un brote de agua natural: un manantial.

El equipo de la fundación, junto a personas del comité de la comunidad, creado en el marco de este proyecto, acondicionó el manantial con un sistema de protección para hojas y residuos, valló el perímetro para evitar la entrada de ganado e instaló una bomba que permite distribuir el agua. Desde ese punto, el agua viaja hasta unos tanques a la entrada de la comunidad y, desde allí, se reparte a través de una red de tuberías hacia cada hogar.

Una semana después de finalizar mi voluntariado, ocurrió lo que tantos esperábamos: las familias abrieron sus grifos y el agua llegó a sus hogares. ¡Qué emocionante debió ser ese momento! Por primera vez en treinta años, la época de sequía no significará comprar garrafones ni invertir horas de su vida en transportar cubos. El impacto es económico, sí, aunque, sobre todo, es humano. Las mujeres podrán disponer de más tiempo y de mayor higiene durante su periodo menstrual.

Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca Lourdes con las personas de Villa Nueva reforestando el manantial.
Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca: Lourdes Martínez con las personas de Villa Nueva reforestando el manantial.

Una tarde acompañé a distribuir agua. Llenamos una cisterna de 750 litros para abastecer a varias familias. Esa agua se destina a huertos y tareas domésticas, lo que alivia la presión a las familias que no tienen pozos.

Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca Lourdes plantando semillas de tomates rojosTambién participé en la reforestación del manantial. A través de tequios (trabajo comunitario), los habitantes, junto a anteriores voluntarios de otras ediciones, ya habían iniciado la plantación. Nuestra tarea fue continuarla en la ladera. Plantamos pequeños árboles que, con el tiempo, darán sombra y ayudarán a reducir la evaporación del agua. Con estas actividades, queremos que el pueblo cuide el manantial, se implique en su mantenimiento y así asegure el agua de mañana.

Otro día lo destinamos a plantar pimiento verde y rojo, cebolla, rábano y chile habanero en el vivero comunitario. Un vivero que se construyó para abastecer de plantas y árboles que se llevan al manantial y que, poco a poco, se han ido incorporando otras plantas que los vecinos pueden plantar en sus huertos. El objetivo es fortalecer el autoconsumo y, a medio plazo, impulsar la comercialización local.

Para entender el contexto social, que en ocasiones resulta complejo, silencioso e invisible, realicé junto a una consultora externa encuestas de género. Con ello, queríamos comprender la distribución del tiempo y las tareas, los ingresos, los espacios de decisión que existen y quienes participan, así como los miembros que habitan en el hogar. En un entorno donde la violencia machista sigue arraigada, crear ambientes de confianza, seguros y respetuosos es vital, tanto como colocar tuberías. Al inicio costó mucho, permanecían en silencio, nos miraban y sonreían.

Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca Huertos

La invisibilidad estaba latente en sus gestos y en sus silencios. Para obtener información, tuvimos que reformular las preguntas. Las respuestas eran esquivas y breves. Y, a partir de la escucha activa y paciente, surgieron deseos por aprender, participar y decidir. Con toda esa información se diseñarán nuevos talleres para que las mujeres tengan voz en el comité y en el futuro de la comunidad. El acceso al agua también es una cuestión de equidad.

Un voluntariado en comunidades remotas de Oaxaca Lourdescortandola maderaY, además, estamos presentes en la escuela, porque allí la importancia del agua también se explica. En unas gotas de agua, los niños de entre 6 a 10 años pintaron diferentes dibujos. Con sus dibujos construimos un mural pintado que, hoy, permanece en la escuela. Los niños son un pilar fundamental para el mantenimiento y el buen uso del agua.

Y sí, trabajamos mucho haciendo todas estas tareas, aunque lo que más recuerdo son los abrazos de Maribel y Natalia, la sonrisa de Chencho subidos en la ranchera, la hospitalidad del tío Pablo y su familia, la generosidad de la familia de Soledad al ofrecernos agua de limón y la caña súper dulce que nos limpió don Félix en su casa para que los forasteros la probáramos.

Vuelvo de este viaje con el corazón engrandecido por lo aprendido, por haber contribuido con pequeñas semillas, gestos y acciones al desarrollo económico y a mejorar la vida de estas personas. Por vivir intensamente y en vivo esta experiencia tan enriquecedora, que reafirma mis valores y que me ha enseñado que el agua es un privilegio cotidiano que rara vez cuestionamos.

Ojalá que podamos llevar este proyecto a más países y a más hogares, ya que el acceso al agua representa salud y una nueva forma de vida.

Lourdes Martínez Herráez