Las Tertulias de La Gradona: ‘Educación y desigualdad social’

En esta edición, Página del Distrito pone el foco en la educación y la desigualdad social, una realidad que no solo atraviesa aulas y barrios, sino que también define oportunidades, condiciona futuros y refleja las brechas estructurales de nuestra sociedad.

Para profundizar en sus causas, sus consecuencias y los desafíos pendientes, hemos contado con la valiosa colaboración de Nuria Hernández, directora del CEIP Ramón María del Valle-Inclán; Víctor Barbero, director del IES Las Musas; Mar Velázquez, jefa de estudios del IES Francisco de Quevedo; y Arantxa Mitjavila, directora del CEIP República de Chile.

Tertulia en La Gradona Educación y desigualdad social. Mar Velázquez, Arantxa Mitjavila, Nuria Hernández y Victor Barbero

¿Cómo afecta la desigualdad social en la educación?

Nuria Hernández (N.H.): Afecta a los niños muchísimo, incluso en detalles que muchas veces creemos que son pequeños o sin importancia. Los niños observan constantemente lo que sucede a su alrededor, analizan cómo se comportan los adultos y comienzan a replicar patrones de conducta, actitudes y valores. Por eso es fundamental que la educación sea adecuada y consistente, y que los adultos de la sociedad demos un ejemplo positivo y coherente en nuestro día a día. No se trata solo de enseñar contenidos académicos, sino de mostrar cómo resolver conflictos, cómo relacionarse con otros y cómo asumir responsabilidades. Es evidente que los buenos resultados no son inmediatos, pero el esfuerzo de hoy valdrá la pena en el mañana.

Víctor Barbero (V.B.): La educación tiene un poder transformador que ayuda a compensar desigualdades. Realmente todo cambia desde abajo, y las buenas bases de educación son esenciales para luego cambiar la sociedad. Porque los niños de ahora algún día serán la sociedad de la que se hablará. De lo contrario, se necesitarían muchísimos recursos para compensar esa desigualdad social. Y, posiblemente, esos recursos, o bien no son tan fácilmente accesibles, o suponen tantísimo que no los vamos a tener a nuestra mano.

Mar Velázquez (M.V.): Podríamos pensar que la educación valdría para cambiar la sociedad, pero en realidad el punto de partida es tan determinante que condiciona todo lo demás. Ese punto de partida implica tener una calefacción adecuada en casa, disponer de libros, contar con un ordenador y, más importante aún, tener a alguien que te enseñe cómo usarlo y que te acompañe en el aprendizaje. Significa, también, vivir en un entorno en el que haya referentes, apoyo emocional y estímulos que fomenten la curiosidad y el esfuerzo. Hasta que no abordemos estas desigualdades desde la base, la educación por sí sola no podrá transformar la realidad ni reducir las brechas sociales.

Arantxa Mitjavila (A.M.): Estoy de acuerdo con todos mis compañeros. Daría incluso un paso más allá que tiene que ver con las instalaciones donde se trabaja la educación. Me cuestiona mucho, como docente y como directora de un cole, que la ubicación de un centro en un espacio determinado o con un contexto determinado delimite el tipo de educación que se supone que tú estás dando. Por otra parte, el sentir previo de los alumnos, es decir, que ellos ya sienten que parten de un punto previo ya desigual. Entonces, en ese contexto, pretender que los alumnos lleguen a determinada meta con sensación de éxito, con sensación de ‘yo puedo porque lo que viene en el futuro está en mis manos’, es francamente complicado.

Mar Velázquez:
‘Para invertir en los colegios, primero hay que hacerlo en el tejido social’

Tertulia en La Gradona Educación y desigualdad social. Mar Velázquez, Arantxa Mitjavila, Nuria Hernández y Victor Barbero

¿Cómo se puede mejorar la educación en los barrios más desfavorecidos?

(N.H.): Dándole la importancia que tiene, con los recursos que sean necesarios. No faltan ganas, faltan recursos. Si queremos que la educación realmente sea la que cambie la vida de estos chicos, lo que necesitamos son recursos para conseguirlo. Es más, mi sensación es que cada vez hay menos recursos: más chicos con desventaja social y menos recursos para atenderlos. No llegamos, por mucho que queramos hacer, por mucho que intentemos repartir cada céntimo, o que cada profe que llegue se esfuerce todo lo posible.

(V.B.): El gran problema es que las democracias occidentales planifican a cuatro años, pero la educación necesita una mirada de diez o quince para que la inversión dé frutos reales. Aunque a corto plazo se podrían reducir la desigualdad, la pobreza infantil o el abandono escolar, el cambio estructural exige tiempo y muchos más recursos que, además, son limitados y no siempre fáciles de ejecutar. No solo falta financiación, también capacidad para aplicarla bien. A esto se suma la necesidad de invertir no solo en las aulas, sino en los barrios más desfavorecidos, con más becas, materiales, infraestructuras y estabilidad para los docentes, para que la educación pueda ser realmente una vía de oportunidad.

(M.V.): Creo que la intervención debe adaptarse mucho más a la realidad de cada barrio, teniendo en cuenta sus necesidades específicas y los contextos en los que viven las familias. Por un lado, es crucial fortalecer la comunidad, no solo apoyando económicamente a las familias, sino también creando redes de colaboración y espacios donde vecinos, colegios y organizaciones puedan trabajar juntos para generar oportunidades y acompañamiento constante para los chicos. Por otro lado, me preocupa que algunas escuelas terminen funcionando como ‘guetos’, donde los estudiantes son juzgados únicamente por su código postal, y parece que su futuro ya está marcado por el lugar en el que nacen o viven, en lugar de por sus capacidades, talento o esfuerzo personal.

(A.M.): Creo que es importante pensar bien en dónde se invierte el dinero y también en el tipo de escuela que estamos construyendo. No puede ser que mis alumnos, solo por ir a mi colegio, sean vistos como los pobres del barrio. Además, es fundamental que esas inversiones se piensen a largo plazo, no solo como soluciones temporales. Quizás lo que necesitamos es abrir más las escuelas, hacerlas más flexibles y mezclar más a los estudiantes, para que socialmente nos sintamos más cercanos unos a otros. Así entenderíamos que nuestros futuros, ideas y objetivos están más conectados y no tan separados.

Víctor Barbero:
‘La educación tiene un poder transformador que ayuda a compensar desigualdades’

Tertulia en La Gradona Educación y desigualdad social. Mar Velázquez, Arantxa Mitjavila, Nuria Hernández y Victor Barbero

¿Existen barreras para el acceso a la educación?

(N.H.): Desde luego que sí, y es una lástima. Como decía Arantxa, en el Distrito hay coles ‘guetos’, y al final lo que hacen es cortar las alas de nuestros chicos. Si no incidimos en intentar integrar, al final lo que hacemos es separar. Al fin y al cabo, los chicos funcionan por referentes positivos. La pena es que hoy en día apenas hay referentes positivos. Se quedan en cosas que son muy banales y que no son ni muchísimo menos lo que sus capacidades podrían conseguir. Pues existen unas barreras inmensas.

(V.B.): Existen muchas barreras. También influyen las expectativas que se ponen sobre los alumnos. Cuando a un chico se le transmite que no va a llegar muy lejos, muchas veces termina creyéndose esa falacia y se queda a medio camino. Además, hay dificultades familiares, como la falta de conciliación, que hacen que algunos estudiantes no tengan un adulto de referencia fuera del horario escolar. La escuela a veces es su único espacio de apoyo, y por la tarde se encuentran solos, sin alguien que les anime o acompañe.

(M.V.): Estamos absolutamente rodeados de barreras. Dentro del mismo barrio hay barreras físicas, pero también psicológicas. Estas barreras no solo dificultan el aprendizaje, sino que afectan profundamente la motivación y la autoestima de los chicos. Y es cierto que a lo mejor hay chicos que no tienen a nadie que les atienda en casa por las tardes. Pero es que hay chicos del instituto que tienen que llevar a sus hermanos al colegio, lo que hace que se pierdan su primera hora de clase. Muchas veces la escuela se convierte en el único espacio donde estos estudiantes pueden sentirse acompañados y apoyados. Por tanto, para invertir en los colegios, primero hay que hacerlo en el tejido social.

(A.M.): Sí, hay barreras claras para acceder a una educación que realmente transforme la vida de los chicos. Muchos estudiantes no tienen apoyo en casa porque sus padres trabajan muchas horas, y los espacios externos donde pasan la tarde no siempre les acompañan de manera significativa. La escuela a veces funciona más como un ‘aparca niños’. Cuando la educación no se percibe como una puerta de transformación, sino solo como un trámite obligatorio hasta los 14 o 16 años, se convierte en una barrera. Los estudiantes terminan estudiando solo para cumplir, sin que esto les abra nuevas posibilidades en la vida.

Arantxa Mitjavila:
‘La escuela a veces funciona más como un “aparca niños”’

Tertulia en La Gradona Educación y desigualdad social. Mar Velázquez, Arantxa Mitjavila, Nuria Hernández y Victor Barbero

¿Qué factores influyen en la calidad de la enseñanza?

(N.H.): Hay muchísimos condicionantes que hacen que un alumno tenga mejores o peores resultados, independientemente de su talento o esfuerzo. Un niño que viene al cole con una situación que ha vivido en casa que le hace venir angustiado, o triste, o preocupado, es un niño que no va a aprender. Yo puedo explicarle las matemáticas de la mejor manera posible, pero si él tiene la cabeza en otro sitio nunca va a mejorar. Si un niño emocionalmente no está bien, no va a aprender.

(V.B.): El principal problema que veo es la concepción que se tiene hacia la escuela. Desde la escuela no tenemos muchos mecanismos para compensar la falta de esas necesidades básicas. Nosotros deberíamos ir hacia la cúspide de la pirámide, en la que ofrezcamos un espacio a los chavales donde estar con iguales de edad, ayudarles a relacionarse socialmente en el mundo adulto, que es realmente importante y, luego, facilitarles un pasito más en la construcción de su futuro. De nuevo, la dificultad de todo esto es que la solución no es ni fácil ni, en ocasiones, está en nuestras manos como centro educativo.

(M.V.): Las cuestiones básicas del día a día son los factores que influyen en el aprendizaje. El estudiante es como una esponja si llega a clase con todas sus necesidades cubiertas, con una familia tranquila, con una línea de partida que no es solamente lo básico, que tiene libros en casa y llega con ganas de aprender y aprende cosas. Pero si llega a clase por la mañana y quizá no ha desayunado o no ha dormido en toda la noche, o ha habido bronca en las afueras de la casa, no le va a importar lo que le expliquen de matemáticas. Esto mismo sucede en cada asignatura, cada año y cada día en la vida de estos chicos, en una edad muy voluble como para que pretendamos que sepan gestionar bien los problemas de casa.

(A.M.): Uno de los factores de los que más depende la calidad de la educación es, sin duda, la capacidad de los docentes para adaptarse a las necesidades reales de los alumnos. Muchas veces los profesores terminamos haciendo un trabajo más social que escolar, apoyando a los chicos en su vida diaria, y para eso hacen falta recursos, flexibilidad y tiempo. Sin embargo, las normas y la falta de recursos limitan nuestra capacidad de actuar, lo que hace que algunos alumnos con mucho potencial se nos escapen entre los dedos. Las reglas, muchas veces, no están pensadas para colegios como el nuestro, y tenemos que buscar resquicios para ofrecer a cada estudiante la atención y motivación que realmente necesita para avanzar y desarrollarse.

Nuria Hernández:
‘Si un niño emocionalmente no está bien, es muy difícil que aprenda’

Tertulia en La Gradona Educación y desigualdad social. Mar Velázquez, Arantxa Mitjavila, Nuria Hernández y Victor Barbero

¿Cómo se puede mejorar la formación de los profesores?

(N.H.): Mejorar la formación de los profesores no es solo darles cursos o técnicas nuevas, sino ayudarles a entender realmente dónde están y con quién trabajan. En muchos colegios los maestros hacemos mucho más que enseñar. Somos apoyo emocional, mediadores de conflictos, casi como trabajadores sociales. Por eso, lo más importante no es centrarse solo en lo curricular, sino en lo emocional. Si los niños están bien, aprenderán mejor. También es clave que el equipo directivo tenga claro estas prioridades y respalde a los maestros, porque si solo insisten en terminar el libro, se pierde lo esencial.

(V.B.): Para mejorar la formación de los profesores es clave que aprendan a diferenciar las necesidades según la etapa educativa. Enseñar en primaria no es lo mismo que en los primeros cursos de secundaria. Los chicos mayores pueden estar desmotivados o tener dificultades de aprendizaje, y los docentes deben saber cómo sostenerlos y mantenerlos conectados con la escuela. Al final, poco a poco, entran en una etapa de maduración y de toma de decisiones propias, por lo que el apoyo que reciban siempre será muy importante para exprimir su potencial. La formación debería preparar a los maestros para entender estas diferencias y aplicar estrategias concretas según la edad y el contexto de sus alumnos.

(M.V.): La formación de los profesores debería ayudarles a equilibrar lo académico con la realidad de sus estudiantes. Muchos profesores de secundaria plantean objetivos ideales, pero los alumnos pueden estar desinteresados o desconectados, bien porque ya han visto esos contenidos o simplemente porque no sienten motivación por sumergirse en ciertos contenidos. Capacitar a los docentes para adaptar contenidos, motivar a los estudiantes y atender sus necesidades reales les permite mantener el interés y evitar que se descuelguen, haciendo que la enseñanza sea más efectiva y relevante.

(A.M.): Mejorar la formación de los profesores también significa enseñarles a intervenir de manera proactiva con alumnos en riesgo de abandono. Esto implica identificar las dificultades de cada estudiante, ofrecer acompañamiento emocional y estrategias de apoyo, y entender que su papel va más allá de transmitir contenidos. Deben ser guías que ayuden a los alumnos a mantenerse conectados y avanzar durante la educación secundaria obligatoria.

Tertulia en La Gradona Educación y desigualdad social. Mar Velázquez, Arantxa Mitjavila, Nuria Hernández y Victor Barbero