Las Tertulias de La Gradona: “Ayer y hoy de San Blas-Canillejas”
Página del Distrito mira al pasado, el presente y el futuro de nuestro Distrito para descubrir cómo ha cambiado con el paso de los años. Para conocer esta evolución, hemos contado con la opinión de Miguel Ángel García, presidente de la A. V. Polígono H San Blas; José Luis Mesa, presidente de la A. V. Amistad Canillejas; Nuria Pérez, secretaria de la A. V. Aquitania-Arcos; y Alejandro Hernández, vicepresidente del Grupo 77.
¿Cómo veis la situación actual del Distrito?
Miguel Ángel García (M.G.): Actualmente, el Distrito sigue afrontando retos históricos derivados de su pasado minero. La extracción de sepiolita continúa condicionando el desarrollo de algunas zonas, mientras que la abundancia de agua subterránea ha dado lugar a las Lagunas de Ambroz, un espacio con potencial ambiental cuyo futuro sigue sin compatibilizar los intereses de recuperación del entorno con la actividad minera.
José Luis Mesa (J.M.): El problema que más me preocupa actualmente es el acceso a la vivienda. Según un estudio, San Blas-Canillejas ha sido seleccionado como el Distrito de Madrid donde más ha aumentado el precio de la vivienda y del alquiler. Esto provoca una situación que dificulta la emancipación de los jóvenes y les obliga, en muchos casos, a tener que abandonar el Distrito y trasladarse a otras zonas de la ciudad ante la imposibilidad de asumir los costes.
Nuria Pérez (N.P.): La vivienda es uno de los grandes problemas del Distrito. Cuando llegué a vivir aquí hace muchos años, los precios eran asequibles, pero hoy en día comprar o alquilar una vivienda resulta muy complicado. Aun así, lo que más me preocupa es el deterioro en materia de mantenimiento y limpieza. Veo las calles cada vez más sucias y, por el momento, no percibo que se estén tomando medidas eficaces para revertir esta situación.
Alejandro Hernández (A.H.): Considero que el Distrito está avanzando y que, año tras año, sigue haciendo mejoras evidentes. Sin embargo, creo que uno de los problemas es la gran cantidad de asociaciones existentes, ya que, en ocasiones, generan confusión entre los vecinos y dificultan que tengan una visión clara de la realidad y de las iniciativas que se llevan a cabo. Lo que echo en falta es que nosotros, como asociaciones, nos dediquemos a aclarar los problemas de los vecinos en vez de hacer política.
¿Qué recuerdos tienen de su infancia en el Distrito?
(M.G.): Yo crecí en el Gran San Blas, una zona formada por viviendas modestas y asequibles, muchas de ellas de apenas 50 metros cuadrados. En aquella época había trabajo en la ciudad y muchas familias jóvenes se instalaban aquí porque podían comprar una casa y pagarla cómodamente a lo largo de los años. El principal inconveniente era el transporte, ya que apenas existía transporte público y, para ir al centro de Madrid, muchas veces teníamos que desplazarnos en camionetas.
(J.M.): Recuerdo que las calles eran el punto de encuentro del barrio. Allí nos reuníamos, hablábamos con los vecinos y se creaban relaciones muy cercanas entre las familias, lo que favorecía un gran ambiente de convivencia. Eso sí, tenían el inconveniente de que muchas no estaban asfaltadas y, cuando llovía, se llenaban rápidamente de barro. En cuanto a la educación, apenas había un colegio público en todo el Distrito y el resto eran centros privados, por lo que había dificultades para acceder a la escolarización.
(N.P.): En mi caso, vengo de Moratalaz, pero puedo aportar la visión que se tenía desde fuera del barrio de San Blas. En aquella época arrastraba una mala fama por la presencia de droga y de chabolas, hasta el punto de que circulaban todo tipo de exageraciones, como que los taxistas evitaban entrar porque decían que no salían de allí. Con el paso de los años, esa imagen ha cambiado por completo y hoy considero que es un Distrito tranquilo y un buen lugar para vivir.
(A.H.): Considero que la calidad de vida dependía mucho de la zona en la que vivieras. Había barrios donde apenas había servicios y se vivía con muchas carencias, sin centros de salud, colegios o infraestructuras básicas. Sin embargo, a apenas unos cientos de metros podías encontrar otras zonas con todo tipo de equipamientos y mejores condiciones. Por eso, siempre he pensado que el Distrito ha sido muy desigual y poco uniforme a lo largo de su historia.
Nuria Pérez:
“El principal problema del comercio tradicional es la falta de relevo generacional”
¿Qué es lo que más ha cambiado en los últimos años?
(M.G.): Uno de los mayores cambios ha sido la reducción de los problemas relacionados con la droga. Hace años había un consumo y un tráfico mucho más visibles, y los gobiernos pasados no implementaban medidas para ofrecer oportunidades de formación e integración a las personas afectadas, lo que hacía muy difícil romper ese ciclo. Con el paso del tiempo se ha apostado más por la educación, la formación y la intervención social, y eso ha contribuido a que esta problemática haya disminuido de forma notable.
(J.M.): Desde los años 80, el Distrito ha experimentado una transformación muy importante. Se ha erradicado por completo el chabolismo y, además, los servicios han mejorado de forma notable. Hoy contamos con mejores conexiones con el resto de la capital, una red de transporte mucho más desarrollada y una oferta sanitaria que ha crecido considerablemente con más hospitales y centros de salud. Todo ello hace que vivir en San Blas-Canillejas sea hoy mucho más cómodo y tenga poco que ver con cómo era hace tres o cuatro décadas.
(N.P.): Creo que uno de los cambios más importantes de los últimos años ha sido la llegada de gente joven al Distrito. Este nuevo perfil de vecinos ha impulsado una mayor demanda de transporte, centros educativos, servicios sanitarios y otros equipamientos, lo que ha llevado a las administraciones a reforzar y modernizar estas infraestructuras. Gracias a ello, se ha mejorado notablemente y ofrece hoy una mayor calidad de vida.
(A.H.): El Distrito ha cambiado mucho en las últimas décadas y ha mejorado en numerosos aspectos. Yo quiero poner el foco en lo que considero que sigue siendo una asignatura pendiente, que es la excesiva politización de la vida vecinal. Creo que los debates políticos terminan eclipsando las verdaderas necesidades del barrio y dificultan que vecinos, asociaciones e instituciones trabajen unidos para resolver los problemas comunes.
Alejandro Hernández:
“La excesiva politización eclipsa las verdaderas necesidades del barrio”
¿Creen que faltan equipamientos en nuestro Distrito?
(M.G.): Sí, creo que todavía faltan equipamientos, especialmente en el ámbito deportivo. La demanda ha crecido mucho en los últimos años y las instalaciones actuales no son suficientes para atenderla. De hecho, las últimas cifras apuntan a que cerca de 30.000 niños del Distrito en edad escolar no practican deporte porque no hay plazas ni infraestructuras capaces de dar respuesta a esa necesidad. Por eso considero que ampliar y mejorar los equipamientos deportivos debería ser una de las prioridades.
(J.M.): La mayor parte de los equipamientos que echo en falta tienen que ver con la educación y la sanidad. En mi opinión, cada barrio debería contar, como mínimo, con un instituto y un centro de salud para atender adecuadamente a sus vecinos. No es razonable que, con la población que tiene el Distrito, muchas personas tengan que recorrer 20 minutos en autobús para acudir a una consulta médica o acceder a determinados servicios educativos.
(N.P.): Veo que faltan más infraestructuras culturales en la zona de Arcos, como bibliotecas y espacios dedicados a la formación y a las actividades culturales. Además, considero que también hacen falta más instalaciones y recursos de carácter social, ya que muchas familias necesitan apoyo y servicios de proximidad para mejorar su calidad de vida. Lo primero es la cercanía y que nuestras familias estén a gusto en nuestro Distrito.
(A.H.): Yo conozco sobre todo mi barrio, Ciudad Pegaso, y considero que la cobertura de servicios es bastante buena. En general, disponemos de los equipamientos necesarios y la calidad de vida es alta. Si tuviera que señalar un aspecto a mejorar, diría que hace falta encontrar un mayor equilibrio entre el crecimiento de la población y los espacios verdes, para que el desarrollo del barrio no vaya en detrimento de las zonas destinadas al ocio y al disfrute de los vecinos.
¿Es San Blas-Canillejas un buen sitio para vivir?
(M.G.): Desde luego que sí. Quienes hemos nacido aquí, hemos crecido en sus calles y desarrollamos nuestra vida adulta en el barrio, sabemos que es un lugar con una identidad muy especial y que cuesta encontrar otro igual. En los últimos años ha experimentado un importante crecimiento y ha mejorado en muchos aspectos, sin perder ese ambiente cercano que permite mantener relaciones sólidas y duraderas entre vecinos. Por todo ello, considero que sigue siendo un lugar muy agradable para vivir.
(J.M.): Considero que es una gran zona para vivir. Cuando has trabajado toda tu vida aquí y has desarrollado gran parte de tu vida en el barrio, acabas conociendo a muchísima gente y creando un vínculo muy fuerte con el lugar. Eso hace que sea difícil hablar mal del Distrito. Además, en los últimos años ha crecido mucho, ha llegado población joven con ganas de formar su proyecto de vida y los servicios e infraestructuras han mejorado notablemente. Todo ello hace que, desde mi punto de vista, sea un barrio del que sentirse orgulloso.
(N.P.): Sí, estoy muy contenta de vivir en el Distrito. Lo que más valoro es el gran sentido de comunidad que existe entre los vecinos, porque siempre he tenido la sensación de formar parte de una gran familia. Hay una muy buena sintonía y un ambiente cercano que hace que la convivencia sea mucho más agradable. Al final, cuando una persona se instala en un lugar nuevo, lo más importante es sentirse acogida, y creo que esa es precisamente una de las grandes virtudes de este Distrito.
(A.H.): Para mí es el mejor lugar para vivir. Soy de aquí de toda la vida y, aunque en un par de ocasiones me he ido por motivos de trabajo, siempre he acabado volviendo porque echaba mucho de menos el barrio. Aquí tengo mis recuerdos, a mi gente y el lugar donde he construido gran parte de mi vida. Al final, este Distrito siempre será especial para mí y no me imagino viviendo en otro sitio.
José Luis Mesa:
“El acceso a la vivienda dificulta que los jóvenes puedan quedarse en nuestros barrios”
¿Ha afectado la expansión de los centros comerciales a los pequeños comercios?
(M.G.): La expansión de los grandes centros comerciales ha perjudicado claramente al pequeño comercio. Tengo la sensación de que el sistema favorece a las grandes empresas, que cuentan con muchos más recursos para competir, mientras que los negocios de toda la vida cada vez lo tienen más difícil para mantenerse. Si esta tendencia continúa, muchos acabarán desapareciendo y, con ellos, también se perderá una parte muy importante de la identidad y del alma de un barrio que nació con un carácter obrero, cercano y basado en el comercio de proximidad.
(J.M.): Creo que la expansión de los centros comerciales tiene ventajas para el consumidor, porque ofrecen una mayor variedad de tiendas, bares y servicios en un mismo lugar, lo que facilita poder elegir entre muchas opciones. Sin embargo, también tiene un lado negativo y es que se va perdiendo el vínculo con el comercio del barrio. Antes, las compras y el ocio se hacían en la calle, con comerciantes y hosteleros que conocían a los vecinos y formaban parte de la comunidad.
(N.P.): La expansión de los centros comerciales ha afectado al pequeño comercio. Ahora los negocios de barrio tienen muy difícil competir con las grandes empresas que concentran una amplia oferta en un mismo espacio y atraen a un mayor número de clientes. No obstante, considero que el principal problema del comercio tradicional es la falta de relevo generacional. Muchos propietarios se han jubilado o están a punto de hacerlo y, al no haber nadie que continúe con el negocio, numerosos establecimientos de toda la vida han acabado cerrando sus puertas.
(A.H.): Desde luego que los centros comerciales han absorbido buena parte del pequeño comercio, aunque creo que en realidad responde a la evolución de la propia sociedad y a la forma en la que consumimos hoy. Es una pena porque con el cierre de las tiendas de barrio se pierde una parte de la identidad y del carácter del Distrito. Sin embargo, también hay que entender que muchas personas encuentran en los centros comerciales una oportunidad laboral con mejores condiciones o mayor estabilidad que la que pueden ofrecer muchos pequeños negocios.
Miguel Ángel García:
“El Distrito aún arrastra restos históricos derivados de su pasado minero”
¿Cómo veis la seguridad del Distrito?
(M.G.): Creo que la seguridad depende mucho del barrio del que hablemos. San Blas-Canillejas está formado por ocho barrios y existen diferencias muy notables entre unos y otros. Hay zonas con una presencia policial y unas medidas de seguridad muy elevadas que, en ocasiones, también limitan parte del ocio y la actividad vecinal. En cambio, hay otras donde la falta de control provoca situaciones que acaban afectando a la convivencia. Por eso pienso que lo más adecuado sería encontrar un equilibrio.
(J.M.): Creo que no es una de las zonas de Madrid con mayores problemas de delincuencia o vandalismo. Sin embargo, sí me preocupa que los datos sobre violencia de género nos sitúen entre los distritos con cifras más elevadas. Aunque la seguridad general es razonablemente buena, considero que todavía hay margen de mejora y que debemos seguir trabajando para ofrecer un entorno más seguro y reforzar la imagen de cara al resto de la capital.
(N.P.): En términos generales, el Distrito no se encuentra entre los que presentan los peores índices de delincuencia de Madrid. Aun así, considero que sería conveniente reforzar la seguridad. No es que exista una situación alarmante ni que sea un lugar especialmente peligroso, pero sí hay determinadas zonas en las que, al caminar, no siempre se tiene una sensación de tranquilidad.
(A.H.): En mi caso, hace años me robaron el coche y, tiempo después, supe que la persona detenida por ese robo acumulaba más de un centenar de detenciones. Esa experiencia me hizo pensar que el problema no se limita a que haya más o menos policías en las calles. El verdadero reto está en evitar la reincidencia de quienes cometen delitos, de manera que las medidas adoptadas sean realmente eficaces.
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