Tinder y la nueva sexualidad

PsicologíaLa concepción de la sexualidad está cambiando. Aunque aún queda mucho por hacer, cada vez hay más información, menos mitos, prácticas más respetuosas y distintos medios para alcanzarlas.

En primer lugar, es importante definir a qué nos referimos con sexualidad. Se trata del conjunto de comportamientos relacionados con el placer sexual. Desde luego, van mucho más allá de la práctica sexual y no tienen por qué empezar ni terminar en la cama.

“En Estados Unidos ya son una de cada tres las parejas que se conocen a través de Internet”

Pese a la concepción histórica que ha habido del sexo, vivimos en una época en la que ciertos mitos que lastraban el disfrute se van desdibujando. Se va comprendiendo que sexo empieza mucho antes (y no necesita) de la penetración, que hombres y mujeres tienen el mismo derecho a vivir y expresar su sexualidad, se va normalizando el sexo entre dos personas del mismo género y comienza a visibilizarse que hay individuos que no identifican su sexo biológico con su género.

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Además, hay que entender que la sexualidad es una característica humana presente durante todas las etapas evolutivas y que ha sido la sociedad la que durante varios siglos ha querido limitarla a la práctica reproductiva. Factores como la religión, el patriarcado y la pornografía han tenido un gran peso a la hora de validar y pautar las prácticas sexuales en todo este tiempo. Son muchas las generaciones que han crecido condicionadas por el miedo a pecar, carentes de educación sexual,  y han tendido a imitar las únicas referencias que conocían: contenidos audiovisuales donde el acto se basa en el disfrute masculino y la sumisión femenina y terminan cuando se produce la eyaculación de él. Este esquema retrógrado omite asuntos como el placer femenino o el consentimiento y genera expectativas distorsionadas del sexo que condicionan las vidas sexuales de millones de personas. Para combatir esto la educación y la divulgación están aumentando su presencia en redes y medios de comunicación, intentando que la sexualidad se viva paulatinamente de forma más sana en nuestra sociedad.

Otra adaptación de la sexualidad a nuestra era la encontramos en las aplicaciones para conocer gente. Basadas en la geolocalización y un sistema de likes y matches se han convertido en uno de los principales medios para buscar interacciones con otras personas. Socialmente han sido catalogadas como herramientas “para desesperados” o con las que conseguir únicamente encuentros sexuales, sin embargo, acorde a las investigaciones científicas, son las personas que nunca han utilizado este tipo de aplicaciones las que mayor nivel de prejuicio y estigma tienen hacia ellas. Los datos sobre estas aplicaciones avalan que, aunque se pueden utilizar para ligar o establecer relaciones íntimas, la mayor parte de los usuarios las utilizan para entretenerse o socializar.

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Tinder es la principal aplicación para conocer gente con más de 400 millones de descargas desde 2012, aunque otras como Grindr, Lovoo o Bumble se van abriendo hueco en el mercado. Su principal grupo de edad son los jóvenes de entre 18 y 24 años, pero cada vez son más personas y de más edad las que las utilizan para conocer gente, ya que es una forma alternativa de recrear una acción sempiterna.

Con un ritmo frenético de vida, donde los estudios, el trabajo y otras obligaciones quitan cada vez más tiempo al ocio y la socialización, unido a que el tiempo de confinamiento y las restricciones sociales han limitado durante meses los encuentros o la posibilidad de conocer gente (afectando a nuestra salud física, psicológica y sexual), estas herramientas se han convertido en la icónica llave Allen para conseguir compatibilizar la situación con la búsqueda de entretenimiento y/o la satisfacción de necesidades sexuales.

 

En Estados Unidos ya son una de cada tres  parejas las que se conocen a través de internet, legitimando este medio como otra forma válida de encontrar pareja. Respecto al confinamiento, los estudios afirman que las personas que tuvieron una mayor satisfacción sexual durante este periodo presentaron menores niveles de estrés y ansiedad, recordando la importancia del bienestar sexual en la salud. En resumen, en este tiempo la tecnología ha servido a varias generaciones para seguir conectando a nivel emocional, social y sexual.

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Con toda esta información quiero animar a reencontrarnos a nosotros mismos este verano. Aprovechemos la ocasión para mejorar la comunicación con nuestras parejas (estables y esporádicas), para poner límites, para expresar lo que nos gusta en lugar de pretender que lo adivinen, para asegurarnos de que todos estamos de acuerdo y disfrutando el momento, para conectar en pareja, pero también cuando estamos solos, para romper mitos, tabúes o expectativas, para descubrir cosas nuevas, para socializar con herramientas digitales o encontrar personas que busquen lo mismo que nosotros… En definitiva, para mejorar nuestra sexualidad. Y mejorar la sexualidad no significa practicar más sexo, sino sentirnos más tranquilos y respetados con nuestras decisiones y actos sexuales.

Daniel Pérez. Psicólogo