El estigma social y cómo afecta a la educación, la salud mental y la inclusión

El estigma sigue siendo una de las grandes barreras sociales. Los vecinos de San Blas, Diego Galán Casado y Álvaro Moraleda Ruano, profesores universitarios, llevan años investigando cómo los prejuicios condicionan la vida de miles de personas.

Contra el estigma. Realidades y propuestas socioeducativas
Contra el estigma. Realidades y propuestas socioeducativas

Acaban de coordinar el libro Contra el Estigma. Realidades y Propuestas Socioeducativas (Narcea Ediciones), una obra que analiza el impacto de las etiquetas sociales y propone herramientas para combatir la discriminación.

¿Cómo nace la idea de publicar “Contra el estigma”?

El libro nace de una preocupación compartida: el estigma sigue siendo una barrera silenciosa pero muy presente en nuestra sociedad. Muchas veces se interpreta la exclusión como un problema individual, cuando en realidad responde a prejuicios, etiquetas y estructuras sociales que limitan derechos y oportunidades. Queríamos visibilizar esos mecanismos y ofrecer propuestas educativas y sociales para combatirlos.

¿Qué tienen en común los distintos estigmas que abordáis?

Todos funcionan reduciendo a las personas a una sola característica: un diagnóstico, una situación económica, una diferencia cultural o una experiencia vital. Esa simplificación genera prejuicios y termina justificando la discriminación. Una de las ideas centrales del libro es que el estigma no está en las personas, sino en la mirada social y en las estructuras que reproducen desigualdad.

Diego Galán Casado
Diego Galán Casado

En el caso de las personas con trastorno mental grave, habláis de una “doble enfermedad”. ¿Sigue pesando mucho el prejuicio?

Sí, todavía pesa muchísimo. Muchas personas no solo afrontan el sufrimiento asociado a un problema de salud mental, sino también el rechazo social. Persisten estereotipos muy dañinos, como asociar automáticamente estos diagnósticos con peligrosidad o incapacidad. Eso afecta a la autonomía, a las relaciones sociales y al acceso a una vida plena. Por eso defendemos modelos de atención más comunitarios y centrados en los derechos individuales.

El estigma no define a las personas, pero si limita sus oportunidades

¿Qué papel están jugando las redes sociales en este fenómeno?

Álvaro Moraleda Ruano
Álvaro Moraleda Ruano

Las redes han amplificado el alcance del estigma. La velocidad, el anonimato y la viralidad facilitan la difusión de prejuicios y discursos de odio. Nos preocupa especialmente cómo esto afecta a los jóvenes, porque determinadas formas de violencia digital se están normalizando e interiorizando.

¿Qué está fallando en la escuela?

La escuela sigue reproduciendo muchas desigualdades presentes en la sociedad. El estigma aparece en etiquetas relacionadas con el rendimiento, el origen, el cuerpo o la diversidad, y eso puede derivar en situaciones de exclusión y discriminación. Más allá de prevenir conflictos, el reto es construir una educación realmente inclusiva, donde la diversidad se entienda como un valor y no como un problema.

El estigma no define a las personas, pero si limita sus oportunidades

¿También habláis de la importancia del lenguaje. ¿Hasta qué punto condiciona nuestra mirada?

El estigma no define a las personas, pero si limita sus oportunidadesEl lenguaje es fundamental porque no solo describe la realidad, también la construye. Las palabras pueden reforzar estereotipos o ayudar a transformarlos. Muchas expresiones normalizadas transmiten prejuicios sin que seamos conscientes. Cambiar el lenguaje implica también cambiar la forma en que entendemos la diferencia, la vulnerabilidad y los derechos.

Después de tantos años investigando sobre este tema, ¿qué os preocupa especialmente hoy?

Nos preocupa especialmente la normalización de la exclusión y de los prejuicios hacia personas en situación de vulnerabilidad. Cada vez es más frecuente que ciertos discursos reduzcan problemas sociales complejos a explicaciones simples basadas en la culpabilización o el rechazo. Esto ocurre tanto en espacios públicos y políticos como en redes sociales, donde los mensajes se difunden con rapidez y muchas veces sin reflexión crítica. El riesgo es que determinadas formas de discriminación terminen percibiéndose como algo normal o incluso aceptable. Cuando esto sucede, el prejuicio deja de verse como un problema y pasa a integrarse en la vida cotidiana, afectando a la convivencia y al respeto hacia la diversidad.

Diego Galán Casado
Diego Galán Casado

¿Qué os gustaría que cambiara en quien lea este libro?

Nos gustaría que el lector revisara sus propios prejuicios y cuestionara discursos que muchas veces se aceptan sin reflexión. El mensaje principal del libro es que el estigma no define a las personas, pero sí limita sus oportunidades a través de la mirada social. Transformar esa mirada es una tarea colectiva imprescindible para construir una sociedad más justa, inclusiva y respetuosa con la diversidad.