Morcuende, un hombre activo y polifacético
José Luis Rodríguez Morcuende, vecino de San Blas desde hace más de 40 años, repasa su trayectoria vital entre la música, la escritura y la carpintería, en una vida marcada por la creatividad, la independencia y la curiosidad constante.
José Luis Rodríguez Morcuende es un vecino de San Blas desde hace más de 40 años. A pesar de estar jubilado (fue ebanista, entre otras muchas cosas), se mantiene muy activo. Entre sus actuales ocupaciones, la música y la escritura ocupan su tiempo.
Desde Página del Distrito tuvimos la suerte de compartir un café y charlar sobre sus inquietudes.

Un hombre polifacético. ¿Qué le falta hacer en la vida?
Creo que todavía me quedan un montón de cosas. De hecho, es verdad que a veces me lo pregunto cuando analizo un poco mi vida. Al margen de la música y la escritura, creo que he hecho muchas cosas, pero de lo que sí estoy seguro es de que me falta muchísimo más de lo que he hecho. Ahora que tengo un terrenito en Candeleda, sufro una enfermedad que se llama piedrogilia, porque las piedras me atrapan. Hago paredes y las forro. Lo hago con tanta ansiedad que se me cayó una piedra en el dedo. Cosas de ese tipo de campo, digamos, donde me hubiese gustado haber hecho infinidad de tareas. Lo que sí sé es que la vida es demasiado corta como para abarcar todo lo que me gustaría.
Tiene tres facetas importantes en su vida.
Digamos que ha sido parte de las tres suertes de mi vida, elegir oficios que me gustaban mucho: la carpintería, la música, que es lo que más me ha gustado de siempre, y de un tiempo hacia acá, escribir. He escrito siempre, pero ahora me he centrado en crear libros. Es imprescindible escribir todos los días.
Le avala una extensa carrera musical. Fue bajista de un grupo muy conocido como Ñu; luego tuvo una trayectoria solitaria como Isthar, como Morcuende. ¿Qué balance hace de todo ese recorrido?
Tengo muchas anécdotas y también muchas experiencias muy buenas. Sobre todo con Isthar y con Morcuende. Para mí, lo más satisfactorio fueron los conciertos que hice con una coral polifónica de Candeleda que era espectacular. Eso me llevó a vivir un montón de anécdotas. He ido acumulando experiencias que han ido surgiendo durante todos estos años para dejarme un sabor de boca bastante dulce.
¿Hablemos de Candeleda, ese pueblo de la provincia de Ávila que parece ser tu retiro?
Sí, voy mucho por allí. Es el sitio donde quiero estar. Además, tengo un cachito de terreno donde las piedras me atraen. Allí me pierdo, me aíslo del mundo. La verdad es que es justo la cima de un cerro y desde allí veo el pueblo y a toda la gente. Tiene un mirador privilegiado.
Acaba de publicar su último libro, ‘Relatando que es geranio’. ¿Qué le impulsó a este título y de qué trata?
Es el décimo libro que publico. He intentado buscar un título bastante original. La idea surgió de golpe y porrazo y ahí se quedó. Normalmente, no me complico mucho con los títulos. Cuando viene una frase, palabra o forma determinada hacia un libro, un poema o una canción, la retengo. Más que nada porque tengo, afortunadamente, más de mil títulos registrados entre canciones y poesías. No rebusco mucho, simplemente dejo que se quede lo que venga. Sobre el contenido del libro, es muy cambiante, en la línea que más me gusta. Digamos que anímicamente yo soy muy variable; tan pronto estoy arriba como abajo. No sé si al ritmo normal de todo el mundo o más acelerado. Pero sí es verdad que el contenido es eso, que dependiendo del momento, pues así son los relatos. Creo que son entretenidos, divertidos, alternados con algunos momentos más serios. Generalmente, me gusta lo que escribo y en la música hacer cosas muy abiertas de texto. Cosas relativamente profundas y cosas relativamente chorras.
¿Compensa económicamente dedicarse a ello?
Es una pura satisfacción personal. Con la música, de hecho, llegó un momento en el que decidí que no quería más ni compañía, ni manager, ni nada. Me voy a un estudio, grabo y lo hago con una compañía que me hace los discos, pero nadie mete mano en lo que hago. Me lo pago y así será hasta el último día de mi vida. Y, de hecho, era algo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo. Es la única manera de que nadie intente manipular, sin decir que lo hayan hecho, porque tampoco me he dejado. Y con los libros sí intento que haya alguien que los publique, que los pague y que los haga. Y hasta el día de hoy siempre lo he conseguido.
Es una persona muy arraigada en San Blas, lleva más de 40 años viviendo aquí. ¿Qué ha cambiado de los años 80-90 a la actualidad?
Creo que físicamente poco. Quizás en algo su fisonomía, sobre todo los barrios de alrededor que se están haciendo viejos. Hasta el barrio de Las Rosas ya empieza a ser un barrio antiguo. En cuanto a la gente, que ahora quizá haya venido mucha más de cualquier otro sitio y que supone un problema para mucha gente, para mí no. Me parece lo mejor que puede pasar por la diversidad. Todos deberíamos tener la libertad de movernos por cualquier lugar del mundo sin ninguna barrera o sin fronteras. En ese sentido, quizá sea el mayor cambio. ¿Que trae problemas? ¿Que tiene en algunos momentos puntuales consecuencias? Pues sí, pero bueno, antes también los había, como los hay en todos los sitios. Pero quizá eso sea un cruce de culturas, es decir, añadir culturas diferentes, y eso yo creo que beneficia. Claro, ¿qué mejor que eso? He estado por toda Centroeuropa y por el norte, y las partes que he visto son muy bonitas. Luego Marruecos y Túnez también son muy diferentes, y me gustan mucho precisamente por eso, porque son culturas distintas.
¿Qué proyectos tiene en mente próximamente?
Tengo terminado el siguiente disco de Morcuende.
Lo terminé hace un par de meses y voy a publicarlo a últimos de año, porque ahora estoy volcado en un libro y publicarlo después del verano.
Tengo también un disco grabado de Isthar.
Mi intención es que de aquí a finales de año sacar dos discos y un libro.

