Gloria Fuertes, poeta de guardia

“Os quiero proponer la lectura de su obra de teatro Las Tres Reinas Magas: Melchora, Gaspara y Baltasara y de su poema El Camello Cojito. Dos clásicos de la literatura infantil”.

Tres Reinas MagasCuando volvimos a Madrid aquel verano, empecé a indagar sobre aquella parte de su creación literaria que había quedado escondida bajo su faceta de autora exclusivamente infantil, y me parecieron fascinantes su vida y su obra.Conocí a Gloria Fuertes en 1993, en el Rincón de la Victoria, un pueblo de la costa de Málaga. Gloria estaba allí pasando el verano, y yo estaba con mi familia de vacaciones, mis hijos eran pequeños y teníamos en casa libros infantiles de ella. Un día la vi y la saludé, con el reparo de quien se acerca a alguien ilustre, pero Gloria estuvo muy amable y nos enredamos en una conversación acerca de niños y libros y ahí fue cuando, para sorpresa mía, Gloria me habló de sus poemas para adultos. Me recitó algunos con su voz tan característica y descubrí que, detrás de aquella mujer famosa por su literatura infantil, se encontraba una escritora multidisciplinar. Durante algunos días volvimos a coincidir en la playa y seguimos charlando, yo le confesé (con la audacia de los ignorantes) que también escribía y lo que recibí a cambio fue el ánimo de quien lo ha tenido muy difícil y el impulso de seguir la propia vocación. Las vacaciones terminaron para nosotros, ese último día nos despedimos y no volví a verla, pero guardo muy buen recuerdo de aquel verano. En 2017 se organizó un homenaje por el centenario de su nacimiento, así que no quise perderme el evento y allí comprobé lo querida y desconocida que era para el gran público.

Gloria nació en Madrid, en el barrio de Lavapiés, era hija de un bedel y una costurera, una familia humilde y numerosa donde lo primordial era ganarse la vida y la cultura, sobre todo la literaria, no tenía cabida ni utilidad. Fue una niña rara e incomprendida, desde pequeña se sintió poeta (no poetisa, una definición que odiaba) y diferente. Aprendió a leer a los tres años, con cinco ya escribía y dibujaba sus propios cuentos. Su familia nunca entendió a Gloria y ella recuerda en sus escritos la dificultad de leer sin ser castigada, que solo tener un libro en las manos era motivo de disgusto, porque “con los libros no se come”, pero ella tenía claro que no iba a renunciar a su vocación.

A los nueve años me pilló un carro

y a los catorce me pilló la guerra;

A los quince se murió mi madre…,

se fue cuando más falta me hacía.

Aquellos sucesos la marcaron profundamente, perder a su madre y el inicio de la guerra fueron su entrada en el mundo adulto. Empezó a trabajar (había estudiado para secretaria) y compaginaba la contabilidad con la poesía, pero nunca olvidó las miserias de la guerra y la posguerra, el trauma de aquellas vivencias le hicieron ser una pacifista convencida el resto de su vida.

Un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas.

En los años cincuenta ya colaboraba en diversos medios, había publicado y recibido premios, empezaba a ser una persona conocida. Fundó la tertulia “Versos con Faldas”, de carácter feminista, para dar a conocer a mujeres escritoras. También era motera y conducía su Vespa por Madrid, algo bastante insólito para la época, y entonces consiguió un trabajo que le encantaba:

Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria.

En los años cincuenta conoce a su gran amor, su profesora de inglés Phyllis Turnbull, una norteamericana que fue su pareja durante quince años, con ella viajó a Estados Unidos y dio clases en la universidad. Le resultaba divertido comentar que la primera vez que pisó la universidad fue como profesora. Esos años fueron quizá los más felices de su vida. En 1970 muere Phyllis y ella queda destrozada por la pérdida.

Reinas Magas

Todos los míos han muerto hace años y estoy más sola que yo misma.

La década de los setenta es la que más fama y dinero le dio a Gloria. Seguramente su soledad impuesta la dirigió hacia el trabajo, entonces empezó a participar en programas infantiles leyendo cuentos y versos. Salir en la televisión la hizo famosa como escritora para niños y eclipsó a la otra poeta que llevaba dentro, sin embargo, ella nunca renegó de escribir poesía infantil. Estaba convencida de la necesidad de inculcar el amor a la lectura a los más pequeños, lo que a ella le prohibieron siendo una niña y que tanto le costó conseguir. Dicen que le divertía ser imitada por cómicos, su vestimenta peculiar (camisa y corbata) y su timbre de voz tan característicos movían a risa, pero el compromiso social con la cultura iba más allá.

Antes de contar sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa.

Gloria no fue solo escritora, fue una mujer comprometida, orgullosa lesbiana, activista, feminista y solidaria. En 1998 murió de cáncer de pulmón (también fue una fumadora empedernida, me enteré, como todos, por los medios de comunicación. Dejó su herencia a la fundación “Ciudad de los Muchachos”, un último gesto de su amor a la infancia, y donó gran parte de su biblioteca personal.

No podemos terminar sin la recomendación literaria y, como estamos en enero, os quiero proponer la lectura de su obra de teatro Las Tres Reinas Magas: Melchora, Gaspara y Baltasara y de su poema El Camello Cojito. Dos clásicos de la literatura infantil, con humor y ternura a partes iguales, perfectos para empezar el 2021 con la inocencia y el entusiasmo de los niños.

Beatriz Martínez. Escritora