Volver a estar bien: ¿cómo elegir psicólogo?

El autor de esta artículo nos cuenta lo factores a tener en cuenta y las dificultades esperables ante el paso más importante para volver a estar bien en nuestra vida cotidiana.

PsicologíaDespedimos 2021 indicando algunas de las señales de la creciente demanda de servicios de salud mental: los efectos del aún persistente coronavirus y sus problemas asociados o la alta tasa de suicidios, entre otros. Por otra parte, la inestabilidad económica, la incertidumbre, una pérdida o un momento vital convulso también son factores que nos pueden llevar a vernos sobrepasados emocionalmente. Pero cuando tenemos la sensación de estar perdidos, de que necesitamos ayuda para ordenar nuestra cabeza, no sabemos por dónde empezar a buscarla. Esta publicación pretende dar algunas nociones sobre cómo afrontar la búsqueda de un profesional.

Dani sicologo

En primer lugar, y aunque pueda parecer obvio, es importante que la persona que nos atienda posea las titulaciones requeridas. Los profesionales, que en la mayoría de las ocasiones serán mujeres, deben ser graduados o licenciados en Psicología, así como contar con el máster en Psicología General Sanitaria, la especialización de Psicología Clínica o la habilitación clínica. Hay personas que utilizan otros términos como terapeuta, coach o guía, los cuales no garantizan que su formación sea como psicólogos y por tanto que puedan ayudarnos realmente en cuestiones relacionadas con la salud mental.

También es importante encontrar un profesional con quien te sientas a gusto y en confianza, y eso no siempre se consigue al primer intento. Los estudios de efectividad en terapia muestran cómo un buen vínculo terapéutico influye significativamente en la mejora de distintas problemáticas, por eso es importante acertar con el terapeuta. No tener buena conexión con un psicólogo no significa que no sirva la psicología; los psicólogos somos personas y, por tanto, los hay con quienes encajaremos y con quienes no. Para acertar con la elección, está ampliamente recomendado contactar con varios profesionales, llamar para resolver algunas dudas, conocer las tarifas, garantizar que la forma de trabajar encaje contigo o cuadrar en disponibilidad horaria y de formato (presencial, online, videollamada, etc.).

Además, resulta útil que la persona que te atienda sea clara y cercana. De poco sirve que sepa mucho si no sabe transmitírtelo, por lo que presta atención a cómo te habla, si te explica su enfoque y cómo trabaja, qué se espera de ti en terapia y la labor de cada uno durante el proceso. Por otro lado, dependiendo de la problemática que quieras tratar es más recomendable buscar especialistas para que te puedan ayudar mejor. Algunos ejemplos de estas situaciones serían las adicciones, trastornos de personalidad, problemas de conducta alimentaria o el trastorno mental grave.

Por último cabe indicar que el proceso terapéutico no es lineal y podemos atravesar dificultades. Al principio podemos sentir que la terapia no avanza y tener la tentación de dejarlo. Sentir que económicamente no compensa el esfuerzo. Incluso cuando empezamos a ver resultados positivos podemos estar tentados de abandonar la terapia pensando que ya podemos solucionar todo. En todos los casos, lo recomendable es seguir las indicaciones del profesional, tener en cuenta que estos episodios aparecerán y que lo acertado es continuar con el tratamiento hasta que una persona experta nos lo indique. Previsiblemente, a medida que se consigan avances se irán espaciando las sesiones y se necesitará menos supervisión por haber incorporado ya las herramientas. Pero la terapia no debe ser infinita; si tras un tiempo razonable no sientes que haya acercamientos a conseguir los objetivos marcados, tienes derecho a consultar a otra persona o cambiar de profesional.

Ir al psicólogo es un injusto lujo económico en nuestro país dada la situación de la sanidad pública. Si lo necesitas y dispones de los recursos te animo a que pidas ayuda, ya que siempre habrá un profesional dispuesto a ayudarte.

Daniel Pérez.

Psicólogo general sanitario

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La importancia de la salud mental ¿Qué más hace falta?

El aumento en el número de suicidios en 2020, la hipocresía en los Presupuestos y la nueva ordenación académica, todas atravesadas por la gestión de la salud mental en nuestro país.

 

PsicologíaEn noviembre conocimos los datos del suicidio en España en 2020. El año de la Pandemia ha sido en el que más suicidios se han producido en nuestro país desde que se tienen datos (1906). Como ya abordamos anteriormente, este hecho se podría prevenir con más información y recursos, tanto humanos como económicos. Sin embargo, en las últimas semanas hemos comprobado cómo se prioriza financiar campañas publicitarias animando a la población a pedir ayuda si la necesita, antes que a dotar al Sistema Nacional de Salud de medios para poder atender dichas peticiones. Esta doble moral sobre la salud mental: hablar públicamente de su importancia, pero no garantizar fondos para su mejora; retrata la actitud que aún tiene la clase política hacia estos asuntos. El dato más doloroso fue ver cómo se rechazaba la propuesta de Más País para aumentar el número de plazas PIR, psicólogos clínicos públicos, en el año que más necesitamos su asistencia. Curiosamente, propuestas relacionadas con salud provenientes de partidos de otras ideologías también fueron rechazadas.

La falta de consenso en temas como el aumento de partidas destinadas a la salud mental recuerda la división política que existe respecto a la gran mayoría de asuntos nacionales, donde parece que se debe tomar la posición de “izquierda o derecha” más allá de evaluar cada medida independientemente. Esto se ha visto especialmente reflejado en los últimos años en la gestión de las leyes de Educación, las cuales respondían a una veleta política, más que a un producto de identificación de necesidades, investigación en metodologías y viabilidad de prácticas.

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Pese a la conveniencia de debatir la idoneidad de los cambios establecidos en la nueva ordenación académica, se desvanece el hecho de que una vez más se produce un cambio para diferenciarse de lo anterior, en lugar de buscar complementarse o mejorarse. Entendiendo las posibles discrepancias que puedan acaecer respecto a valores religiosos, ideológicos o del número de horas, como sociedad llevamos años lastrados por la falta de acuerdo en el tipo de ciudadanos que queremos formar. Cuando llegamos a adultos nos damos cuenta del beneficio que hubiese supuesto aprender antes sobre identificación y gestión emocional, sobre efectos de los estilos de vida poco saludables, recibir nociones básicas de cómo realizar la declaración de la renta o desarrollar el compromiso político y social en nuestro entorno próximo.

Ya hablamos de la potencia de la escuela como agente en el desarrollo de los individuos. Si desde pequeños recibiésemos pautas como las anteriores, unidas al currículo determinado, podríamos tener más herramientas para enfrentarnos a diferentes situaciones vitales. Una parte de los problemas de salud mental vienen dados no solo por el contexto que vivimos actualmente, sino por las herramientas que tenemos para enfrentarlo. A veces tardamos años en reconocer que no sabemos gestionar o que nos superan ciertos eventos y no todo el mundo dispone de los recursos económicos para poder trabajarlos en una consulta privada: recordemos que hay pocas plazas públicas y el Gobierno no quiere aumentarlas.

Hasta el momento, únicamente han acordado incrementar el número de psicólogos y orientadores en la enseñanza, lo cual es positivo pero insuficiente para cubrir las necesidades psicológicas de nuestro país, así como para garantizar que habrá gente para atender a quien pida ayuda.

Si en el año donde más se habla de salud mental y peores datos tenemos respecto a trastornos y suicidios no se actúa para cambiar las cosas, ¿qué más necesitamos para empezar a actuar?

Daniel Pérez
 Psicólogo general sanitario

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La aceptación del cuerpo

La sociedad y la autoestima son dos de los factores que más influyen en la relación con nuestro cuerpo. “El cuerpo es nuestra mayor herramienta para hacer cosas: llevarnos a sitios, utilizar instrumentos, proporcionarnos placer y lo más importante, vivir”.

PsicologíaEl cuerpo es la vaina que nos acompaña durante toda la vida. Nos podemos beneficiar mucho de tener una buena relación con él o vernos perjudicados si la relación es mala. La sociedad ha tendido históricamente a señalar y criticar los cuerpos no normativos, contribuyendo a la discriminación y fijación sobre el físico de los hombres, y especialmente de las mujeres.¿Pero cómo se determina la relación con nuestro cuerpo?

Cómo nos afectan los mensajes
La autoestima es uno de los factores psicológicos que más afectan a nuestro bienestar. Está compuesta por varios elementos, de los que me gustaría destacar tres: el autoconcepto, referido a las creencias y pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestro valor y nuestras capacidades; la autoimagen, que hace referencia a cómo nos vemos en el plano físico, mental y/o relacional y la autoaceptación, que se refiere a la medida en que nos sentimos en paz y plenos con lo que somos, abrazando tanto nuestras fortalezas como nuestros defectos.

La autoestima, con sus elementos, no se construye únicamente de dentro hacia afuera, sino que está ampliamente afectada por los mensajes que recibimos del exterior y que nos ayudan a definir quiénes somos y cómo nos vemos, y la sociedad tiene un papel importante aquí. Recibir palabras de cariño, críticas positivas o recomendaciones nos puede ayudar a progresar y a sentirnos mejor; pero las críticas, la discriminación y muchos otros mensajes, especialmente cuando no son solicitados, pueden afectar negativamente a cómo nos percibimos.

“La insatisfacción con el cuerpo es un fenómeno que ocurre a todas las edades”

La insatisfacción con el cuerpo es un fenómeno que ocurre a todas las edades. Desde cuando somos pequeños y destacamos por alguna cualidad física: más gordos, más altos, más o menos desarrolladas que el resto de compañeras; hasta cuando se nos cae el pelo, acumulamos grasa, aparecen arrugas o estrías o la piel se vuelve flácida. En todos estos momentos es posible percibirnos como diferentes a los demás e interpretar dicha diferencia como una cualidad negativa. En ocasiones son otras personas quiénes nos señalan las diferencias y otras veces somos nosotros mismos quienes nos comparamos buscando reafirmar qué cuerpo está mejor que otro. Este enfoque es peligroso porque nos lleva a realizar conductas para compensar las diferencias que encontremos y eso puede llevarnos a desarrollar obsesiones, excesiva preocupación por el aspecto físico, ansiedad, bajo estado de ánimo, adicciones o trastornos de la conducta alimenticia, entre otros.

Cambiando la relación con el cuerpo

mujer con complejosPara combatir los riesgos derivados de la insatisfacción corporal ha surgido en los últimos años el movimiento social Body Positive, el cual busca la aceptación del cuerpo, independientemente de su aspecto. Esto ha tenido un muy buena acogida a nivel mediático, por la necesidad de visibilizar y normalizar la diversidad de cuerpos existentes. Al quitar el estigma sobre los cuerpos que se alejan de lo normativo, se reduce el malestar y la insatisfacción que pueden producir.

Finalmente, es importante entender cómo podemos contribuir al bienestar con su cuerpo de la gente que nos rodea. Primero la regla de los 3 segundos: no señalar algo que no nos guste del físico de otra persona, especialmente si no nos ha pedido nuestra opinión, que no pueda cambiar en 3 segundos (ejemplo: comida en los dientes, legañas, etc.), ya que probablemente tenga espejo en casa y sea consciente de que ha adelgazado/engordado, tiene ojeras, etc. Otro factor a tener en cuenta es la asociación social de la delgadez con el bienestar. Que una persona esté más delgada no significa necesariamente que esté más sana, por eso es importante no centrar los comentarios en los cambios de peso y sí son de agradecer observaciones como: “Noto que te preocupas más por tu bienestar o admiro cómo has cambiado tu alimentación y has incrementado el ejercicio”. Por último, para quitar el foco sobre el cuerpo y poder hacer sentir bien a alguien son muy potentes los comentarios relacionados con cómo te hace sentir la persona o qué ves en ella, más allá de su mera apariencia: “Me siento a gusto cuando estoy cerca de ti”; “me gusta cómo tratas a las personas” o “te veo muy sexy cuando confías en ti mismo/a”.

El cuerpo es nuestra mayor herramienta para hacer cosas: llevarnos a sitios, utilizar instrumentos, proporcionarnos placer y lo más importante, vivir. Todo cuerpo que cumpla su función es válido. Y en aquellos casos en los que –momentánea o indefinidamente–, el cuerpo no pueda cumplir dichas funciones, nos beneficia estar en paz con él o aceptarlo, aunque sea difícil, porque no tenemos otro ni forma de cambiarlo.

Daniel Pérez.

Psicólogo general sanitario

 

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El suicidio se puede prevenir

Aún abundan los mitos y el desconocimiento sobre el suicidio. La ausencia de un plan de prevención del suicidio, la desinformación y el insuficiente abordaje en medios perpetúan el estigma que hay sobre esta realidad.

nualmente se suicidan aproximadamente un millón de personas y desde hace años aproximadamente 10 personas lo hacen cada día en nuestro país, una alarmante estadística que supone más del doble de las muertes que se producen por accidentes de tráfico y que ya se ha convertido en la primera causa de muerte entre los jóvenes en España. Si los datos llevan años siendo preocupantes, tras la pandemia las cifras están aumentando; un indicio más de los estragos que esta ha causado a nivel de salud mental en la población. Además, el pasado 10 de septiembre se celebró el día internacional de la prevención del suicidio, donde la plataforma Stop Suicidios: (instagram.com/stop.suicidios) reivindicó la necesidad de un Plan de Prevención del Suicidio por parte del Gobierno y se reclamaba a los medios de comunicación qué ayudasen a concienciar y desestigmatizar sobre esta realidad.

suicidio

¿Por qué ocurre?

Un error frecuente cuando se habla de suicidio es afirmar que únicamente lo cometen las personas que sufren algún tipo de trastorno mental. La realidad es que hay personas que se suicidan sin padecer ningún cuadro de este tipo, al igual que hay personas con trastornos mentales que nunca llegan a cometerlo. De hecho, son tantas las causas posibles que el suicidio se considera multicausal y es erróneo atribuirlo a un solo factor. Si bien es cierto que las personas con depresión tienen mayor riesgo de cometerlo, se debe hacer hincapié en que el suicidio es prevenible y entender que los intentos no son llamadas de atención sino de auxilio. Las personas que se plantean acabar con su vida no quieren morir, sino dejar de vivir de ese modo y cambiar las condiciones que les rodean: económicas, familiares, laborales, emocionales, etc. Antes de terminar con su vida son numerosos los intentos de pedir ayuda o modificar su entorno y es ahí donde debemos poner medios para actuar.

 

¿Cómo podemos ayudar?

El mayor factor de riesgo en el suicidio son los intentos previos. Por cada acto conseguido son varios los intentos previos, y estos suponen oportunidades para actuar. Si conocemos o sospechamos que una persona esté planteándose suicidarse es importante mostrarnos dispuestos a escucharle y preguntar qué necesita, sin juzgarle ni minimizar la importancia de sus ideas. No somos responsables de cambiar su situación, pero sí podemos estar ahí para esa persona, ofrecernos a acompañarle a un profesional de la salud mental o facilitarle recursos como el teléfono de la esperanza: telefonodelaesperanza.org. De forma similar ocurre con los familiares de una persona fallecida por suicidio. Este es uno de los duelos más complicados de elaborar psicológicamente debido a sus circunstancias y la evitabilidad de la muerte. Por eso es importante mostrarnos disponibles, no juzgar y ayudar en lo que la persona necesite, ya que en momentos recientes al fallecimiento puede ser difícil para ellas tomar decisiones cotidianas, por pequeñas que parezcan.

Otra posible ayuda puede venir por parte de los medios de comunicación. En 1974 se propuso que hablar de suicidios aumentaba la probabilidad de que ocurriesen, lo que se conoce el nombre de “Efecto Werther” o efecto llamada. Sin embargo, este fenómeno está desactualizado y la evidencia reciente afirma que el trato respetuoso puede prevenir suicidios, lo que se conoce como “Efecto Papageno”. Históricamente los medios de comunicación han tendido a tratar las noticias de modo sensacionalista o sesgado, camuflando la causa de la muerte u obviando las condiciones que rodeaban a las personas. Esto se debe al desconocimiento respecto a cómo tratar esta cuestión, al estigma social existente en torno a esta conducta, la cual, en ocasiones, hasta las propias familias intentan esconder por miedo a los juicios que se hagan al respecto.

El mayor lamento es la falta de medios a nivel estatal para paliar y prevenir más de 3500 muertes anuales en nuestro país. Con más psicólogos en la sanidad pública, mayor inversión en sanidad, cambiando las políticas de actuación ante el suicidio, concienciando en lugar de esconder y aprendiendo a hablar sobre el tema, se podrían salvar miles de vidas cada año.

Porque el suicidio se puede prevenir. Porque no se suicidan los locos. Porque el país entero se beneficiaría de un plan de prevención del suicidio. Porque hay profesionales de la salud mental deseando poder actuar para mejorar vidas.

Daniel Pérez

Psicólogo general sanitario

 

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Las relaciones afectivas

En la última publicación abordábamos que las relaciones afectivas están cambiando: hay menos conformismo, más separaciones y aumenta la conciencia sobre los mitos del amor romántico, pero seguimos teniendo una asignatura pendiente: la comunicación. Hoy analizamos algunos aspectos de las relaciones actuales desde una perspectiva psicosocial, así como claves para una relación más sana.

Echando la vista atrás

Desde los años 70 existe una progresiva reducción de los matrimonios (religiosos o no) e incremento de los divorcios: actualmente, hay unas 60 separaciones por cada 100 bodas en nuestro país. Respecto a esto, un postulado social afirma que cada vez las generaciones “aguantan” menos. No es que hubiese menos conflictos, sino que se visibilizaban menos y especialmente se soportaban más cosas, lo cual no era necesariamente mejor. Esto podía estar explicado por ese momento social donde el matrimonio era sagrado, había menos alternativas y recursos legales, así como una percepción, especialmente por parte de las mujeres, de no poder cambiar su situación.
Ahora, los ciudadanos buscamos cada vez más nuestro bienestar personal. Cada vez se cambia más de domicilio, de trabajo o de pareja, porque las personas estamos menos dispuestas a conformarnos con el statu quo. Si identificamos que estamos mal, creemos que podríamos estar mejor y nos percibimos capaces de cambiar nuestras condiciones, probablemente lo haremos.

parejas

Mitos del amor romántico

Disney es, en parte, responsable de nuestra insatisfacción en pareja. Los mensajes que la compañía y la sociedad han lanzado sobre el amor a varias generaciones durante su infancia han calado antes de que las personas tuviésemos mecanismos para analizar, detectar o discrepar de aquello que no queremos en nuestras relaciones afectivas. Describían los atributos esperables de un hombre (valentía o tesón) y una mujer (belleza y delicadeza), la necesidad de un príncipe para despertar del sueño o escapar del castillo, así como ciertos mitos relacionados con el amor.
Estos han recibido el nombre de mitos del amor romántico y entre otros, se encuentran la “media naranja”: estamos destinados a tener un único amor que debemos encontrar y sin el que estamos vacíos, ya que nos completa; el “amor eterno”: aquel que dura para siempre y da igual lo que ocurra, porque debes querer siempre a tu pareja; o la frase “quien bien te quiere te hará llorar”: formas de demostrar el amor como los celos, el control, o la violencia. Dichos mitos han sentado expectativas que luego hemos intentado replicar en nuestras relaciones en mayor o menor medida, dando lugar, en ocasiones, a modelos de relación disfuncionales e incluso de riesgo. No son ciertos, nos llevan a búsquedas irreales y contaminan nuestras expectativas. Es por eso que, tomar conciencia de estos esquemas sociales y luchar contra ellos, puede traducirse en relaciones más sanas.

Terapia de pareja

Por último, y teniendo todo lo anterior en cuenta, cabe indicar que uno de los principales problemas por los que llegan las parejas a consulta son conflictos derivados de una mala comunicación. Esta puede estar detrás, entre otros factores, de una discusión, del dolor en la penetración o de los problemas de erección. Cuando una crisis lleva a dos personas a plantearse si deberían separarse, cabe preguntarse también cuáles son las metas de cada uno a nivel personal y en pareja, así como qué esperan del otro. Cabe ir a terapia para identificar qué es lo que falla y si ambas partes están dispuestas a trabajar en ello.

Preguntas para parejas

Recurrentemente incidimos en claves como mejorar la comunicación, establecer límites, respetar decisiones, asumir errores y seguir queriendo construir algo juntos. A veces el éxito de la terapia no está en que la pareja continúe, sino en que aprendan a formar lazos sanos, respetuosos y beneficiosos. Está bien querer ser mejor para otra persona, pero también lo está alejarnos de un lugar donde no nos hacen sentir bien. Porque es más importante tener una relación sana que una relación larga.

Añadido a esto, por el momento social en el que vivimos, tenemos que añadir la incertidumbre, la ansiedad y el bajo estado de ánimo que la situación por el covid-19 y las circunstancias derivadas están provocando e influyen en todos nuestros ámbitos vitales.
Se ha hablado en los últimos meses de que ahora vendrá la ola de la salud mental, pero no es cierto. Los problemas de salud mental empezaron a dispararse el 15 de marzo de 2020 con la incertidumbre y desde entonces no han dejado de aumentar. Lo que ocurre es que ahora se está prestando más atención a la salud mental y aumenta su visibilización, no su incidencia.

Daniel Pérez
Psicólogo General Sanitario

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Tinder y la nueva sexualidad

PsicologíaLa concepción de la sexualidad está cambiando. Aunque aún queda mucho por hacer, cada vez hay más información, menos mitos, prácticas más respetuosas y distintos medios para alcanzarlas.

En primer lugar, es importante definir a qué nos referimos con sexualidad. Se trata del conjunto de comportamientos relacionados con el placer sexual. Desde luego, van mucho más allá de la práctica sexual y no tienen por qué empezar ni terminar en la cama.

“En Estados Unidos ya son una de cada tres las parejas que se conocen a través de Internet”

Pese a la concepción histórica que ha habido del sexo, vivimos en una época en la que ciertos mitos que lastraban el disfrute se van desdibujando. Se va comprendiendo que sexo empieza mucho antes (y no necesita) de la penetración, que hombres y mujeres tienen el mismo derecho a vivir y expresar su sexualidad, se va normalizando el sexo entre dos personas del mismo género y comienza a visibilizarse que hay individuos que no identifican su sexo biológico con su género.

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Además, hay que entender que la sexualidad es una característica humana presente durante todas las etapas evolutivas y que ha sido la sociedad la que durante varios siglos ha querido limitarla a la práctica reproductiva. Factores como la religión, el patriarcado y la pornografía han tenido un gran peso a la hora de validar y pautar las prácticas sexuales en todo este tiempo. Son muchas las generaciones que han crecido condicionadas por el miedo a pecar, carentes de educación sexual,  y han tendido a imitar las únicas referencias que conocían: contenidos audiovisuales donde el acto se basa en el disfrute masculino y la sumisión femenina y terminan cuando se produce la eyaculación de él. Este esquema retrógrado omite asuntos como el placer femenino o el consentimiento y genera expectativas distorsionadas del sexo que condicionan las vidas sexuales de millones de personas. Para combatir esto la educación y la divulgación están aumentando su presencia en redes y medios de comunicación, intentando que la sexualidad se viva paulatinamente de forma más sana en nuestra sociedad.

Otra adaptación de la sexualidad a nuestra era la encontramos en las aplicaciones para conocer gente. Basadas en la geolocalización y un sistema de likes y matches se han convertido en uno de los principales medios para buscar interacciones con otras personas. Socialmente han sido catalogadas como herramientas “para desesperados” o con las que conseguir únicamente encuentros sexuales, sin embargo, acorde a las investigaciones científicas, son las personas que nunca han utilizado este tipo de aplicaciones las que mayor nivel de prejuicio y estigma tienen hacia ellas. Los datos sobre estas aplicaciones avalan que, aunque se pueden utilizar para ligar o establecer relaciones íntimas, la mayor parte de los usuarios las utilizan para entretenerse o socializar.

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Tinder es la principal aplicación para conocer gente con más de 400 millones de descargas desde 2012, aunque otras como Grindr, Lovoo o Bumble se van abriendo hueco en el mercado. Su principal grupo de edad son los jóvenes de entre 18 y 24 años, pero cada vez son más personas y de más edad las que las utilizan para conocer gente, ya que es una forma alternativa de recrear una acción sempiterna.

Con un ritmo frenético de vida, donde los estudios, el trabajo y otras obligaciones quitan cada vez más tiempo al ocio y la socialización, unido a que el tiempo de confinamiento y las restricciones sociales han limitado durante meses los encuentros o la posibilidad de conocer gente (afectando a nuestra salud física, psicológica y sexual), estas herramientas se han convertido en la icónica llave Allen para conseguir compatibilizar la situación con la búsqueda de entretenimiento y/o la satisfacción de necesidades sexuales.

 

En Estados Unidos ya son una de cada tres  parejas las que se conocen a través de internet, legitimando este medio como otra forma válida de encontrar pareja. Respecto al confinamiento, los estudios afirman que las personas que tuvieron una mayor satisfacción sexual durante este periodo presentaron menores niveles de estrés y ansiedad, recordando la importancia del bienestar sexual en la salud. En resumen, en este tiempo la tecnología ha servido a varias generaciones para seguir conectando a nivel emocional, social y sexual.

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Con toda esta información quiero animar a reencontrarnos a nosotros mismos este verano. Aprovechemos la ocasión para mejorar la comunicación con nuestras parejas (estables y esporádicas), para poner límites, para expresar lo que nos gusta en lugar de pretender que lo adivinen, para asegurarnos de que todos estamos de acuerdo y disfrutando el momento, para conectar en pareja, pero también cuando estamos solos, para romper mitos, tabúes o expectativas, para descubrir cosas nuevas, para socializar con herramientas digitales o encontrar personas que busquen lo mismo que nosotros… En definitiva, para mejorar nuestra sexualidad. Y mejorar la sexualidad no significa practicar más sexo, sino sentirnos más tranquilos y respetados con nuestras decisiones y actos sexuales.

Daniel Pérez. Psicólogo

 

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El examen más importante de nuestra vida

PsicologíaEl examen de Selectividad se ha resumido históricamente en nervios, expectativas y comienzos. Analizamos los factores que rodean el segundo examen de acceso a la Universidad en época de Covid-19.

En unos días alumnos de toda España estarán realizando la EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad): las pruebas de las que llevan oyendo hablar todo un año; las que les permitirán entrar en una carrera universitaria o las que “deciden” su futuro, según cree la mayoría. Pero lo cierto es que no todo depende de estos resultados.

Segundo de Bachillerato es uno de los cursos más duros de la etapa académica por la dificultad de su contenido, el reducido tiempo para adquirir los conocimientos, la presión de elegir una carrera y la Selectividad. Este periodo de exámenes resulta un estímulo condicionado, dado que tiene una carga emocional, es percibido como peligroso en nuestro sistema y evoca nerviosismo o ansiedad.

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Al acercarse a la edad adulta, los jóvenes empiezan a definir su identidad con símbolos como la carrera que estudian o el trabajo que desempeñan, y ya no solo se basa en sus hobbies o amistades. La presión por elegir la carrera “correcta”, las expectativas y la posible limitación de recursos económicos son factores que magnifican la decisión. Si bien es verdad que se habla de la importancia de sacar buena nota para poder aspirar a una carrera, no se hace tanto hincapié en que los estudiantes tienen toda la vida para ir definiendo su camino y probar hasta encontrar lo que les haga sentirse realizados, lo que aumenta aún la presión.

Pero, ¿qué consecuencias tiene tardar algún año más en empezar o terminar la formación?, ¿quién necesita la nota de Selectividad tras elegir su primer grado?, y fundamentalmente, ¿qué es lo peor que podría pasar? Vivimos rodeados de ejemplos que muestran que se puede ser feliz en la vida tardando más en terminar la carrera e incluso sin hacer ninguna. Hay que tener en cuenta que existe la opción –cada vez más viable en Europa– de optar por un ciclo formativo con un marcado enfoque laboral que se ha convertido en el “plan A” de muchas personas por su utilidad y salidas. Es igualmente válido cambiar de objetivo y probar en otra carrera nueva, realizar varios estudios o adquirir titulaciones más breves.

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Pese a todo esto, elegir formación universitaria o técnica es un paso importante. Se pueden tener en cuenta variables como la preferencia (qué gusta), la aptitud (qué se da mejor), la facilidad (en qué es más sencillo entrar) o la empleabilidad (qué tiene más salidas) a la hora de elegir. Para facilitar esta toma de decisiones se recomienda consultar la oferta y tener varias opciones en mente de formaciones que encajen con la persona. Especialmente las preferencias y aptitudes, ya que son dos elementos fundamentales en la motivación que ayudarán a mantener el interés y la constancia. Para elegir de forma más eficaz, existen pruebas que miden intereses y habilidades, así como herramientas que ayudan a orientar en la elección de la titulación. Los psicólogos y orientadores estamos una vez más ahí para ayudar en estos procesos si es necesario.

Con respecto a los temidos exámenes, algunas claves que pueden ayudar a afrontarlos con más tranquilidad y confianza son el descanso, el cuidado mental y el ajuste de expectativas. Descansar es importante para que el cerebro se recargue y consolide lo aprendido. Dormir menos de 6 horas al día está asociado con peores resultados en ejecución, memoria y concentración, es decir, peores notas en los exámenes. La gestión de las emociones es fundamental a la hora de afrontar una prueba de rendimiento. El éxito depende de la capacidad de mantenerse tranquilo para plasmar en el examen el conocimiento adquirido. Técnicas de relajación o respiración abdominal podrían ayudar en este cometido. Con respecto a las expectativas, recordar que hay muchas opciones que pueden hacernos felices y saber que existen segundas oportunidades ayudará a ir algo menos ansiosos y no dudar de las capacidades propias cuando se acerquen los exámenes: se puntúa lo que se recuerda, no lo que se sabe.

Es la segunda vez que esta prueba se realiza en el marco de la pandemia Covid-19 y los profesionales de las instituciones educativas son conscientes de cómo este fenómeno ha afectado al desarrollo de los cursos y los alumnos como ya resumimos aquí Jóvenes para la pandemia, la otra mirada. Es por eso que la EBAU vuelve a contar con medidas extraordinarias para facilitar que la pandemia no castigue aún más a los jóvenes.

Ojalá se sobrepongan a esta prueba con menor ansiedad que las generaciones anteriores y se graben a fuego que pueden ser felices independientemente de su nota de Selectividad, porque ningún examen podrá representar lo que valen.

Daniel Pérez. Psicólogo

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Partido a partido: de la psicología al campo

La filosofía del partido a partido es algo que no solo tenga que ver con el deporte, sino con la vida. Es lo que en psicología se entiende como el establecimiento de metas a corto plazo.

Dado que la psicología está cada vez más presente en distintos aspectos de nuestro día a día, hoy me centraré en cómo a través del deporte podemos seguir aprendiendo de la mente y del comportamiento humano.

Desde 2017 nuestro barrio acoge al Atlético de Madrid en su estadio Wanda Metropolitano. Uno de los lemas de su entrenador, Diego “Cholo” Simeone, ha sido el ‘partido a partido’, que denota conocimiento de esta disciplina. Pero ¿qué es la psicología deportiva? Es la ciencia que estudia los pensamientos, emociones y conductas de los deportistas profesionales y amateurs y se basa en un entrenamiento psicológico que busca no solo el rendimiento, sino el bienestar del deportista. Va más allá de conseguir resultados: implica estar bien y conocerse para poder mejorar en el aspecto personal y deportivo. Este entrenamiento mental complementa, junto con la táctica (acciones para un objetivo), la técnica (cómo se ejecutan dichas acciones) y el entrenamiento físico, los cuatro pilares del deporte.

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Volviendo al ejemplo del Cholo, entender el juego o la vida partido a partido es lo que en psicología hemos definido históricamente como el establecimiento de metas a corto plazo paginadeldistrito.com/como-sobrevivir-a-una-cuarentena, además de centrarse en el presente o tener conciencia plena (mindfulness). Esto sirve para aumentar nuestro control de la situación, actuando sobre nuestra zona de influencia (margen de acción) en nuestro entorno más cercano. Significa ocuparse de lo más inmediato, de lo que está en nuestra mano y podemos resolver ahora. Esto se puede aplicar también en nuestro día a día: cómo afrontar un examen, el cuidado de los hijos o gestionar la situación laboral y económica. Gran parte de los cuadros de ansiedad vienen por la anticipación y preocupación sobre asuntos que ocurrirán en el futuro, pero que no podemos gestionar actualmente.

Por otro lado, se ha hablado habitualmente de la importancia de la salud física, pero no ha sido hasta hace poco que la sociedad ha ido tomando conciencia de lo importante que es también estar sano a nivel mental. Lo bueno es que no hay que elegir una frente a la otra, porque ambas están interconectadas. De hecho, las investigaciones han ido demostrando cómo un buen estado de ánimo potencia la salud física y, en cambio, afecciones como el estrés o la ansiedad aumentan la vulnerabilidad ante ciertas enfermedades, en parte a causa de algunas hormonas y neurotransmisores. Si la OMS definió la salud en 1948 como “un estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades” es porque hace 70 años ya éramos conscientes de la importancia de estas dimensiones para la paz de una persona. El ejercicio, la alimentación y el descanso son tres de los factores claves en el cuidado físico, así como el autocuidado (realizar actividades que fomenten el bienestar propio) y la regulación emocional (gestionar de forma adaptativa y sana nuestras emociones) son los estandartes del cuidado mental.

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Otro ejemplo donde se juntan la psicología y el deporte es cuando queremos empezar a hacer ejercicio. Pensar en ir al gimnasio dos o tres veces por semana es algo que desanima a cualquier persona sedentaria y si no empezamos, no podemos conseguir un hábito. La clave del abandono en la mayoría de propósitos es que no son realistas y quieren abarcar mucho, especialmente al principio o que no tienen bien definidos el porqué (motivación) y el cómo (metodología). Para empezar esta empresa hay que tener claro qué se busca, por qué lo queremos y establecer un plan de acción. No hay que empezar corriendo dos horas todos los días ni usar todas las máquinas del gimnasio; basta con andar unos 30 minutos diario, que es lo recomendado por la OMS. Porque todo cambio cuenta, y lo más difícil es el primer paso. La plasticidad del cerebro permite acostumbrarnos a actividades que repetimos habitualmente y, si bien la ciencia ha demostrado que 21 días pueden no ser suficientes para establecer completamente una rutina, sí es cierto que cuanto más repitamos una conducta más rápidamente se convertirá en automática y podremos hacerla casi sin darnos cuenta.

Cuidar nuestra salud mental y física es una tarea a la se ha dado poca importancia, pero nunca es tarde. Hacer algo por nosotros una vez a la semana es realista y está en nuestra mano. Solo nos falta decidir el qué, cómo lo haremos y cogerle el gustillo a dedicarnos tiempo a nosotros mismos, partido a partido, hasta que se convierta en un hábito.

Daniel Pérez. Psicólogo

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Un año de Covid-19

Se ha cumplido un año del anuncio del primer confinamiento. Como si de principios de año se tratase, hacemos balance de lo que hemos vivido y aprendido en estos doce meses y cómo enfocar lo que está por venir.

Como sabemos en psicología, los recuerdos asociados a emociones tienden a establecer relaciones más fuertes en nuestro cerebro y eso hace que podamos recordarlos más, y en ocasiones, más vivamente. La gran mayoría de lectores puede recordar cómo vivió o dónde estaba cuando se produjeron los atentados del jueves 11 de marzo de 2004 y es probable que el anuncio del confinamiento el 15 de marzo de 2020 siga los mismos procesos en nuestros cerebros.

Cómo nos ha afectado

Pese a que cada persona es diferente y ha podido vivir este periodo de una manera única, los estudios reflejan ciertos comportamientos que se han repetido entre la población. El hecho de pasar tanto tiempo en casa disparó los problemas de sueño, adicciones, inquietud y bajo estado de ánimo, especialmente en grupos como los jóvenes y las mujeres. El enemigo en la sombra, justo detrás del COVID-19, con el que llevamos luchando un año es la incertidumbre. El no saber qué esperar, cuándo iba a pasar y, en definitiva, la falta de control, han sido los mayores adversarios de nuestra salud mental.

A pesar de que los medios hayan anunciado que la “cuarta ola” será la de la salud mental, lo cierto es que esta ola empezó cuando se prorrogó por primera vez el estado de alarma. Como ya se ha abordado en anteriores artículos: “Cómo gestionar la incertidumbre”, el ser humano vive buscando el control sobre lo que le rodea, y este elemento ha estado ausente desde el principio de la pandemia. El desconocimiento provocó en nosotros miedo y rechazo en varias ocasiones: al principio a salir a la calle, más adelante al uso de mascarillas y recientemente hacia las vacunas. Pero como hemos comprobado, la información, la ciencia y nuestra propia experiencia con cada elemento han ido cambiando (en su mayoría) nuestra opinión hacia ellos.

Aun así, debemos tener en cuenta que las demandas de atención psicológica se han disparado desde marzo del año pasado y que no contamos con un sistema de salud (ni específicamente de salud mental) estructuralmente capacitado para hacer frente a nuestras necesidades. Que haya una media de diez suicidios diarios en nuestro país y que una de cada cuatro personas vaya a necesitar los servicios de Salud Mental a lo largo de su vida son datos de antes de la pandemia. Episodios como este virus pueden empeorar esas cifras, por eso es tan necesario que se empiece a abordar desde el Gobierno.

Pero no todo ha sido malo este año. Pese a los problemas de salud física y mental desarrollados, en estos meses hemos tenido tiempo para conocernos mejor a nosotros mismos, desarrollar habilidades, creatividad y utilizar la tecnología para solventar problemas y distancia.

ESTUDIANTE

Cómo nos puede afectar

La incertidumbre es un elemento que nos sigue acompañando diariamente y, aunque ya estamos algo más entrenados en hacerle frente, vamos a tener que seguir gestionándola por un tiempo, porque aún no sabemos a ciencia cierta cómo nos afectará.

Los expertos prevén que asociada a esta crisis sanitaria pueda venir un periodo difícil a nivel económico y debemos mentalizarnos para ello con las claves que ya conocemos: permitirnos sentir emociones, aceptar lo que no podemos cambiar y actuar dentro de nuestro margen de acción, con flexibilidad y resiliencia.
En lo referente a la salud, no podemos esperar a que se erradique el virus para empezar a tratar sus consecuencias psicológicas: pérdidas de seres queridos, desarrollo de patologías de carácter mental o la cronificación de cuadros previos.

A nivel social, es esperable un aumento de la brecha comunitaria, afectando especialmente a los jóvenes y a los grupos con bajos recursos. Según informes internacionales, también es esperable que, si se ven sin oportunidades por la crisis socioeconómica y sanitaria, pierdan la fe en las instituciones políticas y económicas y se entre en una especie de estado de indefensión.

¿Y qué podemos hacer de aquí en adelante?

Utilizar todo lo que nos ha servido en el pasado. Los cambios que hemos introducido durante la pandemia pueden convertirse en nuevos hábitos. Hemos aprendido del virus y de nosotros mismos durante este tiempo y ya tenemos estrategias definidas para sobrevivir. Tenemos que seguir utilizándolas hasta que todo esto pase, siendo conscientes de que nadie nos había preparado para esto y que tenemos derecho a pedir ayuda a psicólogos y otros profesionales. Siempre es mejor atajar un problema cuando es pequeño, y ya que en la mayoría de los casos no se soluciona solo. Es mejor ser valientes y ponernos manos a la obra cuanto antes.
Daniel Pérez. Psicólogo

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Psicología del asalto al Capitolio (II): heurísticos errores y experimentos clásicos

Esta es la continuación del artículo anterior en la que abordamos otros aspectos de la Psicología Social que ayudan a entender parte del asalto al Capitolio de los Estados Unidos, así como a conocer experimentos famosos en Psicología Social que revolucionaron la forma de entender el comportamiento humano.

En artículo anterior desarrollé conceptos como el sentimiento endogrupal, los factores de la persuasión y los elementos que intervienen en la conducta colectiva. En esta ocasión me centraré en procesos mentales que intervienen a nivel individual, así como en experimentos clásicos en Psicología Social, que, si hasta ahora no conocías, merece la pena que descubras.

Procesamiento de la información

Experimento Carcel de Stanford Phillip Zimbardo.jpeg extraido de elcierredigital.com
Experimento Cárcel de Stanford Phillip Zimbardo extraido de elcierredigital.com

El cerebro humano tiene que hacer frente a miles de estímulos diarios: pensamientos, decisiones, comunicación… por eso tiende a economizar los recursos de los que dispone. Esto es adaptativo, ya que nos permite interactuar de forma fluida con el entorno, pero implica que no procesemos o elaboremos detenidamente toda la información que se nos presenta; este fenómeno recibe el nombre de economía cognitiva. La opinión que tengamos respecto al asalto al Capitolio de enero depende en parte de la opinión previa que tengamos sobre el grupo de personas que lo llevaron a cabo. Independientemente del acto, se va a juzgar como peor o mejor, si tenemos actitudes previas hacia ellos, en un reflejo de economizar recursos mentales y reafirmarnos en nuestras opiniones previas para evitar la disonancia cognitiva.

Pero no siempre procesamos la información de la misma manera. Existen dos modos o vías principales: la vía central, que implica una elaboración profunda y consciente de la información y la vía periférica, con una elaboración superficial y de bajo coste. La que utilizamos la mayor parte del tiempo es la segunda, a través de los heurísticos o atajos mentales, porque nos permite ahorrar recursos cognitivos para cuando realmente los necesitamos, pero, por contra, nos hace más vulnerables a la persuasión. Cuando no dedicamos mucho tiempo a procesar los argumentos es más sencillo que nos convenzan claves débiles. Si alguna vez has cogido en un supermercado un producto que no habías probado antes de una marca concreta, probablemente es porque has sido víctima de algún publicista que te ha hecho procesar su anuncio con claves periféricas: un color llamativo, un famoso anunciándolo, actores con bata blanca describiendo sus características, etc.

Respecto al discurso que dio Trump, es probable que no convenciese por sus elaborados argumentos de peso, sino por cuestiones como la familiaridad (conozco a quien está hablando), la congruencia (ya he venido hasta aquí) o la influencia normativa (todos están aplaudiendo el mensaje).

Errores humanos

El primer error que se podría cometer al interpretar los hechos ocurridos en Washington es el error fundamental de atribución: achacar el comportamiento humano a rasgos personales, sin tener en cuenta el impacto de la situación. Es fácil caer en “esos están locos” o “son personas agresivas” como explicación rápida, en lugar de pensar que son mujeres y hombres normales que estaban influidos por el entorno.

Otro atajo mental que solemos utilizar es el denominado efecto de tercera persona. Este afirma que creemos que otros son más fáciles de influenciar que nosotros. Cuando oímos a alguien decir “a mí no me la colarían”, intuimos que esa persona no sabe mucho de Psicología Social. Probablemente tienda a utilizar el sesgo retrospectivo, que es el que describe cómo una persona después de haber visto lo que ha ocurrido, afirma que sabía lo que iba a suceder. El mejor ejemplo es ese conocido que suelta un rotundo “lo sabía” después de que ocurriese un hecho, pero no antes.

Experimentos

Experimento de obediencia Stanley Milgram.jpeg
Experimento de obediencia Stanley Milgram

Solomon Asch en 1951 llevó a cabo el experimento de conformidad, que demostró al mundo cómo influye la presión grupal a la hora de tomar ciertas decisiones públicas: los sujetos señalaban respuestas claramente incorrectas, solo para encajar con lo que decía la mayoría.

Stanley Milgram a principio de los 60 quiso comprender por qué se siguieron ciertas órdenes durante el Holocausto. En su experimento de obediencia inducida, comprobó que más del 60% de los participantes llegaban a aplicar descargas mortales a otras personas, solo porque una figura de autoridad se lo ordenaba.

El experimento de la cárcel de Stanford fue llevado a cabo por Phillip Zimbardo. En él se comprobó cómo personas buenas podían realizar actos realmente terribles, al verse inmersos en una situación que lo favoreciese, en este caso según sus roles de policías o presos. Gracias a este trabajo, desde finales de los 70 se empezó a tener muy en cuenta el poder de la situación.

Daniel Pérez. Psicólogo

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