Una chica del barrio

Y me gusta vivir en él, me gustan sus calles limpias, sus parques verdes y sus bares a rebosar los fines de semana

Me gusta el barrio, pero también me gusta salir de él. Salir de fiesta, salir de cañas, salir de dudas, salir por patas, salir ganando o incluso, fíjate, salir perdiendo… Pero salir, salir de la rutina que empantana nuestra vida desde el pasado marzo.

Antes de la pandemia los jóvenes dábamos todo por supuesto, pues los de mi generación hemos nacido con la libertad bajo el brazo. Hacíamos lo que se suponía que debíamos hacer con nuestra edad: disfrutar de la vida, salir, entrar, equivocarnos, probar, y volvernos a equivocar. Sin embargo, desde hace un año, todo ha cambiado; eso que antes formaba parte de nuestra idiosincrasia, ahora es digno de los más duros calificativos: egoístas, irresponsables, inconscientes… Y ojo, no puedo estar más de acuerdo. No estoy, ni por asomo, legitimando las fiestas ilegales o cualquier otra temeridad semejante.

Soy perfectamente consciente de la situación crítica que estamos viviendo, y sé que prescindir de estos –ahora revalorizados– privilegios, no es, ni de lejos, lo peor que podría habernos pasado. Aun así, es difícil sacarme de la cabeza la sensación de que estoy perdiendo los mejores años de mi vida, de que todo a mi alrededor está en stand by, congelado, detenido, esperando a volver a pulsar el play que nos devuelva lo que era nuestro por derecho. Por desgracia, nada más lejos de la realidad; el tiempo no para, y eso que dicen los adultos, de que a partir de los 20 la vida se convierte en un tobogán empinado a toda velocidad, da vértigo.

A todo esto hay que añadirle el suplemento semanal de culpabilidad. ¿Qué hago yo, joven, sana, quejándome de estas banalidades, cuando hay millones de personas en el mundo que no volverán a ver a su abuela o a su padre? Creo que hablo en nombre de la mayoría, cuando digo que los jóvenes nos debatimos, prisioneros, entre estas dos premisas. Empezamos a lamentarnos de nuestra mala suerte hasta que recordamos que hay otros incomparablemente peor que nosotros. Y entonces, solo quedan dos opciones: la resignación, con la vacuna como luz trémula al final del túnel; y la relativización, el verlo todo desde fuera dándole la importancia que merece, ni más ni menos, y valorando las pequeñas cosas de las que aún podemos seguir disfrutando.

Paula Caz Rico

 

Rejas: paliar no es solucionar

La inauguración de la línea 167, que contará, completando a la 77, con 23 o 24 paradas, en función del sentido, y conectará Rejas con Alsacia, es sin duda un gran balón de oxígeno para 17.000 vecinos del distrito. Como se dijo durante el acto de presentación, al que acudió el alcalde, José Luis Martínez Almeida, “se trata de una demanda largamente ansiada por todos los vecinos de este barrio, lo que les permitirá multiplicar sus opciones de moverse por la ciudad de Madrid en transporte público y, además, acceder de manera más rápida al Centro de Especialidades de San Blas-Canillejas en un trayecto de unos 40 minutos”.

Se trata de una buena, gran noticia, de la que es directamente partícipe la Junta de San Blas-Canillejas, y con la que ha colaborado la Comunidad de Madrid, que sin duda paliará el problema de aislamiento que durante años y años lleva padeciendo Rejas. Pero paliar no es solucionar. Como continuamente han venido denunciando los vecinos, en muchas ocasiones convocando manifestaciones, y el grupo 77, que en gran parte se ha erigido en portavoz de los mismos, el gravísimo problema de movilidad existente en Rejas ha convertido a este lugar en una isla dentro de Madrid, con la consiguiente repercusión en la economía, gravísimamente afectada por ello, y en el día a día de los vecinos que allí conviven.

Dar un paso hacia la solución, efectivamente, es una gran noticia. Pero esta perderá su importancia si con el suceder del tiempo se queda ahí, aislada, como el lugar, y no se ve complementada por otras soluciones. Y la principal tiene que venir de la apertura del apeadero de O´Donnell para que a través del servicio de tren de cercanías se aliviara, no vamos a decir definitivamente, pero sí de una forma más profunda, la congestión. El propio alcalde aludió durante la presentación al Ministerio de Transportes para que afrontara esta obra y se construyera otra vía sustentada en el transporte público.

Y tal vez esté ahí el quid de la cuestión. La llegada del tren, dada sus múltiples posibilidades de interconexión, sería algo más que una segunda alternativa y contribuiría notablemente a la descongestión de la zona, con una incidencia directa en la economía, sobre todo en la del pequeño comercio, y en la calidad de vida de los habitantes de un lugar histórico del distrito y de Madrid, que fue capaz de inspirar al mismísimo Quevedo para ilustrar uno de sus capítulos de El Buscón: “Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que me sucedió en él hasta Rejas, donde dormí aquella noche”, que versaba de las torpezas de un maestro de esgrima, como nos recordaba nuestra colaboradora literaria Beatriz Martínez en el número anterior.

Confiemos en que la esgrima de nuestros políticos, y de los grupos reivindicadores, no se convierta, con el paso del tiempo, en cúmulo de torpezas como las del maestro del Buscón, y que entre todos sean capaces de emplear sus pericias para buscar (gracias, maestro por el pase) la mejor de las salidas. Porque paliar, “disminuir o hacer más soportable algo negativo, en especial un daño físico o moral”, no es solucionar. Es empezar a hacerlo. Y de ello, por supuesto, nos congratulamos.

Marisa Fernández: “Me ha costado mucho tomar esta decisión”

“No tengo más remedio que tocar el tema borrasca. Ni el Ayuntamiento, ni la Comunidad, han sido capaces de afrontar lo que se pronosticó sobradamente”

Mi nombre es Marisa. Me han pedido que escriba esto para comunicar que he presentado mi dimisión como vocal de Más Madrid. Me ha costado mucho tomar esta decisión, pero seguir afrontando el agravio económico que me suponía, resultaba inasumible. Decir que mi andadura como vocal comenzó con Ahora Madrid, en la legislatura anterior, y la experiencia fue muy satisfactoria. Aprendí mucho, rodeada y apoyada por un grupo maravilloso, dedicando todo nuestro esfuerzo en conseguir que Madrid avanzara con una alcaldesa excepcional como Manuela Carmena.

Marisa Fernandez dimite como vocal de Mas Madrid
Marisa Fernández dimite como vocal de Mas Madrid

Acabada la legislatura, llegan nuevas elecciones, cumpliéndose todos los pronósticos. Gana de nuevo Manuela Carmena, gracias a la gran labor que llevó a cabo.

Comienzan los pactos entre partidos de signo derechista, consiguiendo así mayoría. De esta forma no fue posible repetir legislatura. Afrontamos estar en la oposición sin dejar de intentar cumplir nuestros proyectos. Repito como vocal, en este caso de Más Madrid, siendo el grupo que mas vocales aportamos, por haber sido los más votados, pero sin conseguir sacar iniciativas, puesto que ahora somos la oposición.

Seguimos trabajando, siendo un gran equipo sin duda, y aunque a partir de ahora ya no forme parte de él, seguiré apoyando y trabajando para Mas Madrid. A mí, particularmente, me ha resultado una bonita experiencia, dándome la oportunidad de conocer a personas maravillosas, tanto dentro como fuera de este nuestro distrito. Tengo que reconocer que el personal de la Junta ha tenido mucha paciencia conmigo, algo que he agradecido siempre.

Voy a permitirme hacer mención al grupo de personas que componen La Plataforma de Trabajadores en Paro, de San Blas – Canillejas, por la gran labor que llevan a cabo desde hace años. Seguiré colaborando con ellos mientras pueda.

Llevo tiempo volcada con protección y bienestar animal. Afortunadamente contamos con una gran aliada en el distrito, la nueva concejala de Más Madrid, Amanda Romero. Pertenezco a la mesa de Bienestar animal, y seguiré en ella.

Habiendo pertenecido a la oposición, me es imprescindible  hablar de la nefasta gestión llevada a cabo afrontando la pandemia por parte de la Comunidad de Madrid. Entrando en detalles, que todos conocemos de sobra, en aspectos como el desmantelamiento de la Sanidad, contratos millonarios, externalizaciones, construcción de un hospital innecesario con un sobrecoste elevadísimo…

No tengo más remedio que tocar el tema borrasca. Ni el Ayuntamiento, ni la Comunidad, han sido capaces de afrontar, lo que se pronosticó sobradamente. Su ineptitud ha provocado y sigue provocando un caos de dimensiones extraordinarias. No han puesto en marcha los medios necesarios para facilitar la movilidad de los ciudadanos. y para colmo no se sienten responsables.

Soy consciente de que esta ha sido una situación excepcional, pero si no son capaces de afrontar situaciones como esta, es mejor que se vayan y que entren personas capaces de administrar mejor.

La otra gran catástrofe

Nos pilló desprevenidos. Lo que en un principio se presentó como una especie de regalo posnavideño que iba a colorear de blanco nuestra ciudad, terminó dejando a esta asumida en un auténtico caos con calzadas y aceras intransitables, accesos a centros esenciales cortados, basura acumulada en las calles, multitud de centros comerciales cerrados o infrautilizados en sus funciones, gente sin poder salir, o entrar, de sus casas… Los días pasaban, pero los efectos de Filomena se quedaban.

Naturalmente San Blas-Canillejas no fue ajeno a las consecuencias que la tormenta avisada (también se advirtió en su momento de la gravedad del COVID y nadie reparó en ello) dejó en todos los distritos. Dejó, sí, un tiempo verbal que combina el pasado con la permanencia, porque lo que para muchos las lluvias llevaron y limpiaron para otros no va a ser así. Filomena se ha comportado como un púgil despiadado, que viendo al rival tambaleándose en el ring, débil y cansado de los golpes de esta tan larga pelea que desde marzo estamos padeciendo, le arreó otro guantazo con virulencia viéndole descuidado.

Filomena arrasa en el distrito
Filomena arrasa en el distrito

Un durísimo golpe más que se suma al COVID y a la situación económica provocada por la pandemia que no ha dañado a todos por igual. Volvemos a pasear, a circular, a poder utilizar los contenedores…, pero el pequeño comercio no puede volver igual. Ha sido otro durísimo golpe más que le ha llegado cuando más necesitaba respirar. Cuando confiaba en que 2021 iba a ejercer de muro de contención de tanta desgracia para este eje esencial de nuestra economía.

Una catástrofe, otra más, cuantificada en 1.398 millones por el alcalde, que ha llevado al Ayuntamiento a pedir que Madrid fuera declarada zona catastrófica y a que el Gobierno de la nación lo concediera.

Filomena arrasa en el distrito

Pero independientemente de que hiciera tanto tiempo que no cayera una nevada así, de que es muy difícil que una ciudad como Madrid estuviera preparada para defenderse ante ella, hay otra catástrofe que tiene que ver casi más con lo humano que con lo económico. Según la EPA, Madrid cerró 2020 con 480.000 personas paradas, el 13,5% de la población activa, con un incremento de un 3% con respecto al año anterior. Si las perspectivas, dada la acumulación de ERTES, son tan nefastas para este sector, ¿por qué no se tiró de él, con la consiguiente retribución, para paliar los efectos de la tormenta, es decir, para hacer algo tan sencillo, para lo que casi todos estamos cualificados, como coger una pala y quitar el hielo? ¿Por qué no en lugar de llamar a los vecinos a ejercer esta labor altruistamente se coordinaron todas las administraciones para dar sentido y utilidad en sus vidas a un colectivo que se siente desamparado, abandonado a su suerte en las oficinas de empleo? ¿Por qué no trasladarles ese hálito de esperanza de que llegarían otros contratiempos y ellos serían necesarios?

Esa es la otra gran catástrofe que ha desempolvado Filomena. Que vivimos en un mundo en el que los números y las estadísticas han enterrado a las personas. Mientras, los políticos a lo suyo y nosotros a lo nuestro.

Con toda nuestra fuerza

2021 nos aguarda con todos sus meses desplegados con la esperanza de que pongamos toda nuestra fuerza en el empeño.

Tempus fugit, decían los latinos, el tiempo vuela tan rápido que a veces ni tan siquiera nos hace reparar en las consecuencias de su paso. Parece que era ayer, sí, cuando todos disfrutábamos de unas calles atestadas celebrando las pasadas navidades y nos encomendábamos a un 2020 que se prometía feliz: la economía, sin llegar a los ratios previos a 2008, empezaba a crecer, el PIB de Madrid acababa de superar al de Cataluña, nuestras caras reflejaban alegría y tranquilidad.

Pero los malos augurios informativos del primer trimestre nos llevaron, ya llegado marzo, a la peor de las realidades. Las calles se vaciaron y nuestras expectativas cambiaron totalmente. Incertidumbre, muerte, paro… Tempus fugit, y de aquella cuarentena que ilusamente creíamos al principio que bastaría con cumplirla en su literalidad hemos llegado a 2021 inmersos aún en la pandemia, aunque en una situación diferente. El haber ido recuperando poco a poco, en primer lugar, de nuevo las calles y el anuncio, en segundo, de la llegada de las vacunas son algo más que farolillos navideños que van iluminando el camino. Estamos en medio de la catástrofe, sí, pero se atisba la luz. Y como dice el presidente del Partido Popular, Calos Díaz-Pache, en una entrevista que publicamos en este número, no hay razones para que, una vez superada la crisis sanitaria, no se vuelva a la verdadera normalidad.

editorial

Pero para que esto ocurra, al margen del acierto que en las medidas para alcanzar la recuperación pongan políticos, científicos y administraciones, hay algo más, mucho más importante. Está la fuerza y el empeño que nosotros, los ciudadanos, pongamos para superar esto. La situación es tan complicada que no podemos delegar en ningún agente, por mucho que confiemos en él, para salir de esta y conformarnos, si luego sale mal, con criticarle y echarle las culpas. Tenemos que ser capaces de crear una conciencia social que nos haga creer firmemente que el empuje de todos y cada uno de nosotros es completamente necesario para superar esta situación. Y de que realmente se puede. Es esa convicción la única fuerza que nos puede llevar a superar a este inesperado caos, a que todo de nuevo fluya y revierta, y tal vez a que una vez superado nos depare una sociedad más humana. No nos quedemos en el vestuario asumiendo una derrota y confiemos en una remontada que tiene certeros visos de realidad.

Obedezcamos las recomendaciones sanitarias. Pero, mientras lo vayan permitiendo, recuperamos nuestras calles, regresemos a nuestros bares y creámonos de verdad que somos capaces de superar esto. 2021 nos aguarda con todos sus meses desplegados con la esperanza de que pongamos toda nuestra fuerza en el empeño, en el fondo conocedor de que si lo hacemos, antes o después lo conseguiremos. Tempus fugit. Con toda nuestra fuerza: feliz 20201, feliz Año Nuevo.

Una baja de impuestos que ayudará a los vecinos de San Blas Canillejas

“Son unos presupuestos que prestan especial atención, como decía al principio, a los aspectos sociales y económicos, que son interdependientes. Esta merma en los ingresos beneficiará a los madrileños, y nos obligará a saber muy bien dónde conviene gastar”. El Ayuntamiento de Madrid inició el jueves 12 de noviembre la tramitación de las ordenanzas fiscales para 2021. Debido a la Covid-19, nos enfrentamos a una de las mayores crisis económica y social de los últimos tiempos, si no la mayor, y en Madrid el equipo de Gobierno formado por Ciudadanos y el PP sabe que la mejor política social que existe es la de crear empleo. Hay que favorecer el tejido económico de nuestra ciudad. Cada cierre de negocio es un drama particular y una pérdida para todos. Se trata, pues, de ayudar a empresas y familias a mantener su actividad.

Martin Casariego
Martin Casariego

Las rebajas de impuestos y tasas municipales que se aplicarán ahorrarán a casi dos millones de madrileños 107,5 millones de euros. El gravamen del IBI pasará del 0’483% al 0’460 (la bonificación para familias numerosas podrá ser del 90%).Se reducirá en un 25% la tasa de basuras a 118.000 empresas. Se suprimirá la tasa de terrazas a 9.000 negocios, desde mercadillos hasta puestos de flores o quioscos. Y se bonificará hasta el 50% en el IAE(Impuesto de Actividades Económicas)para quienes creen y preserven empleos. Se bonificarán el IBI, la tasa de basuras y el IAE  con un 25% para los sectores más afectados por la pandemia, como el ocio, la hostelería, el comercio, los espectáculos y la cultura.

Son unos presupuestos que prestan especial atención, como decía al principio, a los aspectos sociales y económicos, que son interdependientes. Esta merma en los ingresos beneficiará a los madrileños, y nos obligará a saber muy bien dónde conviene gastar. No sólo importa el cuánto: también importa el cómo.

Además, para hacer frente a esta crisis económica se dotará al Área de Economía con un 31% más de presupuesto para apoyar a PYMES, autónomos, hostelería, comercio… sin perjuicio del gasto social: el presupuesto del Área de Familias se incrementará en un 9%. Confiamos en que estas medidas ayuden a todos aquellos que, en estas difíciles circunstancias, luchan por mantener su negocio, su puesto de trabajo, o incluso por crear nuevas empresas. Madrid, sin duda, saldrá adelante. Se trata de que lo haga sin que haya madrileños que se queden en el camino. Porque la riqueza de Madrid, aparte de su historia y su cultura, es precisamente esa: los madrileños, los que han nacido aquí y los que vinieron buscando nuevas oportunidades. Y no queremos fallarles.

Martín Casariego

Concejal-Presidente distritos de San Blas-Canillejas y Vicálvaro

 

Paz en nuestras calles y paz en nuestras redes

Nos acontecimientos violentos y delictivos acaecidos durante el pasado mes de octubre, que han concluido con varios detenidos, han puesto a San Blas-Canillejas en un centro de atención que nunca hubiéramos deseado tener. Lamentablemente para nuestro distrito, los medios de comunicación locales, y en algunos casos también nacionales, han informado de una serie de algaradas protagonizadas por grupos de personas de ideas dispares que inculpaban de unos hechos en gran parte desconocidos a otras, sin que sus acusaciones estuvieran sustentadas en pruebas ni tuvieran el respaldo de fuentes oficiales o de informaciones serias y contrastables.

¿Qué había pasado? ¿Quiénes eran los culpables? ¿Cómo había que proceder? No se sabía con exactitud, pero el magma de noticias inconclusas e imprecisas vertidas desde las redes sociales empezó a alimentar otra violencia que empezó a impregnar las calles de odio y sinrazón, movilizando a turbas contra enemigos imaginados a los que ni tan siquiera se les había concedido el más mínimo derecho a la presunción de inocencia y obligando a las autoridades a intervenir, movilizando un despliegue policial para garantizar la seguridad en la zona.

Es decir, que unos hechos violentos aún desconocidos, pendientes de ser juzgados, dieron origen a otra violencia gracias a una serie de mensajes difundidos principalmente desde las redes sociales. ¿Con qué finalidad? No es momento de juzgar esta cuestión ahora. Pero si la pretensión, que no era otra que el fomento del enfrentamiento y del odio en nuestras calles. ¿Y quién gana con esto? No vamos a sustentar nuestro planteamiento en incontrastadas sospechas, como hacen ellos. Pero lo que sí sabemos es quién pierde. Pierde un distrito de casi 200.000 mil habitantes que quiere vivir en paz. Pierde el estado de derecho, que durante unos días se ha visto resquebrajado al verse vulnerado uno de los derechos fundamentales que lo sustentan: el de que hay que demostrar la culpabilidad, no la inocencia. Y pierde nuestra economía, ya de por sí gravemente castigada, por la mala imagen que se ha transmitido desde nuestras calles.

Ahora es momento de frenar la irracionalidad, que debe venir de la confianza en los profesionales que se dedican a perseguir y juzgar a los delincuentes: policías y jueces. Pero debe venir también de la confianza que debemos tener en nosotros mismos como seres inteligentes. No nos podemos dejar llevar por lo primero que llegue a nuestro celular sin previamente pasarlo por el filtro de la razón. Como dice el presidente del Movimiento contra la Intolerancia en una entrevista que publicamos en esta edición, “libertad de expresión no es libertad de agresión”. Las calles de San Blas-Canillejas son un sitio de paz. También deben serlo sus redes.

No dejemos hundir el barco de nuestro comercio

Lamentablemente, las previsiones sobre la pandemia con el fin del verano se han cumplido. Sin que septiembre se hubiera despedido, ante el elevado número de infectados, Madrid ha empezado a adoptar las primeras medidas para evitar sus efectos, no exentas de controversia ni de choques políticos entre administraciones, grupos políticos y distintos movimientos y asociaciones vecinales. Unas medidas que de momento lo que realmente sabemos es que no van a ser estáticas, es decir, que irán fluctuando en función de los resultados que nos aporten o de las  interpretaciones que se hagan de estos. Es evidente que nunca –la llamada Gripe Española queda muy lejos para el lector- nuestro mundo moderno se había enfrentado a una situación de este tipo y que tenemos que acostumbrarnos a vivir sobre un panorama de indecisión y rectificación. Nadie, al día de hoy, ni la política ni la ciencia, sabe realmente qué es lo que hay que hacer.

COMERCIOY esta incertidumbre se complica aún más porque a la ignorancia de lo concreto se suma el conocimiento de lo genérico, por extraño que esto suene. Sí, para salir de esta no sabemos muy bien si hay que confinar unos sitios u otros, limitar el horario de estos establecimientos en lugar de aquellos… Pero, tal vez por desgracia, sabemos en cambio que la actuación genérica no tiene un único rumbo, sino dos: la salud y la economía, y que para llegar a puerto hay que navegar por aguas dispares, entre ellas recelosas, que nos van a hace muy difícil la travesía.

Llegados a este punto de la batalla, para intentar ganar, o cuanto menos empatar, hay que tener las cosas claras. Y claro es, si hablamos de economía, que es lo mismo que hablar de salud, porque sin una no viene la otra, que el pequeño comercio, el patito feo de nuestro entramado empresarial durante las últimas décadas, es un elemento esencial para conseguir el objetivo, “un eje esencial de la economía sostenible”, como cuenta en estas mismas páginas José Rubio, director de esta publicación y presidente de las asociaciones ACU y ACEH.

Genera empleo, potencia la microeconomía, bienestar en el cliente, confianza entre el empresario y el empleado. E introduce el factor humano, algo tan olvidado en estos tiempos, en todas esas relaciones. Por ello, el más pequeño en tamaño, sí, pero no en eficacia, no pude ser el gran olvidado de esta crisis. Estamos hablando de una actividad que genera el 7% del PIB de la región y que da trabajo a unas 275.000 personas. Son razones y datos más que elocuentes para entender que nuestro pequeño comercio tiene que ser receptor de una parte importante de las ayudas. No por egoísmo, sino porque las va a saber hacer crecer y repartir. Y porque si este barquito se hunde, la economía se verá sustancialmente afectada. Y por, ende, nuestra salud, también.

Nosotros somos los que tenemos que jugar

La llegada de un suceso tan inesperado como la pandemia ha cambiado los parámetros en todos los ámbitos de la sociedad. Los destellos de una nueva crisis económica, apaciguada por la crecida del PIB madrileño preCovid, que trajo para nuestra comunidad el hito histórico de superar a Cataluña en este apartado, han sido sepultados por un acaecimiento que no es que haya dejado tambaleando los cimientos de nuestra sociedad, sino que ha afectado a la completa estructura de esta y a su forma de entenderla. Puede que aún no lo hayamos asimilado, pero, nos guste o no, estamos ante un mundo diferente que ha dado lugar a una nueva realidad, que no normalidad (nueva y normalidad son dos términos difíciles de casar, por mucho rédito que les haya sacado su autor). Y cuanto antes salgamos del letargo vacacional, mejor que mejor.

El traslado de esta situación al plano local, que es el que compete a esta publicación, implica un panorama inquietante más que por lo que dicen datos y estadísticas por la incertidumbre a la que nos enfrentamos, que afecta directísimamente a los ejes de cualquier barrio madrileño, empleo y economía, y, un poco más, si cabe, por la idiosincrasia de este distrito, a San Blas-Simancas. Ertes con riesgo de convertirse en eres y cierres que no sabemos si se van a levantar se presentan como nubarrones invitados de un septiembre que nos tenía acostumbrados a otra cosa, a una vuelta a la normalidad que, lamentablemente, ya no va a regresar.

Pero hay cosas que no pueden caminar solas. La palabra crisis, que en su etimología griega está asociada a cambio, tiene como compañera de viaje otra que tiene por nombre recuperación. Una, por muy penosa y dolorosa que sea, es el preámbulo de la otra. Nuestra linterna tiene que enfocar a una luz que, en gran parte, paradojas de los tiempos, nos llevará a la economía del pasado, que, recordemos (no hace tanto), siempre ha estado sustentada en el pequeño comercio, en las tiendas de siempre. No se trata de volver la vista atrás por una cuestión de agradecimiento por la ayuda prestada durante el confinamiento, sino por una pura cuestión de practicidad. Para salir de esta no hay otra que volver a la base, a nuestra panadería, a nuestra zapatería, a nuestro bar, a la economía que genera el mayor número de puestos de trabajo, a lo único que realmente puede hacer rebrotar el árbol.

Pero para que ello se produzca hay otro factor esencial: el ciudadano. Somos nosotros los que ahora tenemos que saltar al campo y jugar. Tomar conciencia de dónde estamos (no hace falta perderse en reproches de etapas pasadas), coger la pelota y saber en qué estadio vamos a disputar el partido. Tenemos que volver a llenar las gradas del pequeño comercio, no por compasión ni por nostalgia, sino porque debemos ser conscientes de que es ahí en donde se juega el partido de la nueva economía, que es al fin y al cabo el partido de nuestro presente y de nuestro futuro, en resumidas cuentas, el de nuestra vida. Saber que es allí, y no en otro lugar, de donde surgirá la creación de una actividad que generará un empleo más humano y que poco a poco levantará la economía, dejando en nuestro barrio un valor añadido, no para que nos lo quedemos, sino para que poco a poco lo vayamos hilando con otros para configurar otra estructura no irrompible, porque eso es imposible, pero sí mucho más sólida y difícil de quebrar que la actual. Los demás estamentos, políticos, asociaciones, oenegés, etc., pueden ayudar. Pero somos nosotros, LOS CIUDADANOS, los que tenemos que tomar conciencia de que el balón está en nuestras manos. Y que, sin excluir otras alternativas, es en el pequeño en donde ahora toca jugar. Allí apunta la linterna.

De la distancia social al apoyo vecinal

Apoyo vecinal san blasLa crisis sanitaria quedó atrás, pero el COVID-19 dejó al descubierto carencias y dificultades socioeconómicas que se cronificarán si no se toman medidas. La Red de Apoyo Vecinal hace balance de iniciativas desarrolladas en estos meses gracias a la voluntad de colectivos comprometidos con la gente del distrito. Hay que tomar nota.

La magnitud de la crisis social que ha provocado la pandemia en nuestro distrito excedió lo que la Junta de Distrito podía asumir con sus recursos: un presupuesto para alimentos gestionado a través de Servicios Sociales que supone un montante económico asignado a 500 familias y 150 personas individuales y el reparto de 460 menús diarios.

Entidades y colegios del distrito, contando con la colaboración de voluntarios y de comercios, tuvieron que apoyar suministrando alimentos a multitud de familias que se salen del marco de los requisitos que piden las instituciones o que no tienen acceso a ellos por cualquier otro motivo.

Los datos son tremendos: la Red de Apoyo Vecinal, que en un principio se dedicaba a labores de acompañamiento a personas solas o familias con problemas como ir a la farmacia, a la compra, al hospital, etc., pronto se vio desbordada por peticiones de comida que fueron asumidas directamente o derivadas a otras entidades del barrio. Cuenta con 55 personas voluntarias, ha atendido hasta el momento unos 100 casos y promovió una campaña con comercios del distrito para recibir donaciones de alimentos por parte del vecindario. La Red trabaja en estrecha colaboración con la Plataforma de Parados que atiende a unas 350 personas aproximadamente y que tiene lista de espera. La Red de Apoyo Vecinal además canaliza sus donativos hacia esta entidad.

Apoyo Vecinal trabaja en estrecha colaboración con la Plataforma de Parados que atiende a unas personas y tiene lista de espera
Apoyo Vecinal trabaja en estrecha colaboración con la Plataforma de Parados, que atiende a unas 350 personas y tiene lista de espera

En el CEIP Valle Inclán se centralizó la ayuda a las familias con necesidades de varios colegios del distrito. Atendían a unas 1.200 personas adultas y más de 420 menores. Activaron un servicio de donación de pañales y leche maternizada ya que contaban con bastantes bebés menores de dos años. Mantuvieron la colaboración con los hermanos Sandoval hasta que los cocineros pudieron volver a reactivar su restaurante y concluyó su compromiso. Ahora cuentan con 500 menús que reparten en el centro escolar.
Vivienda Digna (La Chimenea) de Canillejas atiende a 800 personas y 600 familias y no da más de sí. Nazaret tiene censadas mil familias demandantes.

En Rejas, un grupo de ayuda conformado alrededor de la parroquia de San Cristóbal, ha podido atender a 240 familias, casi 800 personas, cuando la media normal desde la crisis de 2008 eran 80 familias.

A esta lista habría que sumar otros colectivos de ámbito estatal con representación en el distrito y a entidades de carácter eclesiástico. Y esto no tiene perspectiva de acabar pronto.
Diariamente aumenta el número de peticiones de ayuda que vamos cubriendo como podemos. Hasta que no podamos más.

La Red de Apoyo Vecinal, dedicada en principio a labores de acompañamiento, pronto se vio desbordada por peticiones de comida
La Red de Apoyo Vecinal, dedicada en principio a labores de acompañamiento, pronto se vio desbordada por peticiones de comida

Nuestro distrito tiene una larga experiencia en afrontar crisis desde que fue creado en los muy primeros años sesenta del siglo pasado. Siempre ha habido una respuesta vecinal a los problemas de vivienda, la devastación que supuso la droga en el distrito, la crisis de 2008. Por ello, ha habido músculo suficiente para dar una respuesta rápida allí donde la Administración no llega.

El 16% de población que vivía al límite, según Cáritas, ha sido golpeada por la falta de empleo, la falta de recursos habitacionales y la carencia de alimentos. Se ha incrementado el número de familias con necesidades vitales y que antes del COVID-19 sobrevivían con pocos recursos, con empleos precarios, con una fragilidad que se ha hecho añicos.

Si la solidaridad vecinal no hubiera funcionado la situación sería aun más dramática. Ha sido notable el apoyo y compromiso del pequeño comercio del distrito.

Creemos sin embargo que la solidaridad que se pone de manifiesto en momentos de emergencia social no puede ser un recurso que tape la necesidad de unas políticas sociales públicas que, como se ve, son tan necesarias. Es el momento de optimizar todos los recursos del distrito para paliar la desigualdad y la pobreza, para que los derechos constitucionales también puedan ser ejercidos por la población de los barrios sin dejar a nadie atrás.

En el CEIP Valle Inclán se centralizó la ayuda a las familias con necesidades de varios colegios del distrito
En el CEIP Valle Inclán se centralizó la ayuda a las familias con necesidades de varios colegios del distrito

Sería necesario hacer un buen diagnóstico de las necesidades del distrito por parte de la Junta, contando con la participación de las entidades y espacios vecinales que conocen el día a día de la pobreza y la exclusión. De este modo los presupuestos asignados y los requisitos requeridos serían más realistas y ajustados a la hora de proporcionar las ayudas. Fortalecer con recursos personales y económicos a los Servicios Sociales debería ser una prioridad en estos momentos y en los de la posterior supuesta normalidad cuando se controle la pandemia ya que, si no el virus, la emergencia social va a estar ahí. Así mismo, desde las instituciones se puede jugar un importante papel en la búsqueda de proveedores que suministren materias primas y de acondicionar cocinas ya existentes pero no utilizadas ahora para la preparación de alimentos.

Es evidente que la red social de San Blas-Canillejas, con puntos de referencia vecinal como el Espacio Vecinal Montamarta, La Chimenea, Plataforma de Parados, Banco de Alimentos de la Asociación por una Vivienda Digna, la Asociación Nazaret, el Grupo 77 Rejas, y otros, debe fortalecerse manteniendo su labor cotidiana y ayudando a reconstruir el tejido social de apoyo del distrito que no solo abarca a las familias sin recursos sino a las personas mayores, la infancia con pocas alternativas, las mujeres en situación precaria o de violencia, y un amplio número de colectivos e individualidades que encuentran en lo comunitario un espacio/tiempo para la cooperación y la convivencia.

Debemos trabajar juntas, instituciones, redes de apoyo, comerciantes. Todo el distrito tiene que salir de esta con una lección aprendida: tenemos que poner las bases para que no nos vuelva a pasar.

San Blas-Canillejas siempre ha resistido.

Apoyo Vecinal San Blas-Canillejas