Presentan el Plan para proteger la Quinta de Canillejas

Tras dos años de informes, pelas entre las áreas municipales, dimes y diretes, la Quinta de Canillejas, también llamada de Torre Arias, ya cuenta con un nuevo Plan Especial de Protección que ha sido presentado en el Centro Cultural Buero Vallejo, el más cercano a la singular Quinta de recreo de la aristocracia y que hoy pueden disfrutar, aunque en estado de obras, todos los madrileños. En el acto estuvieron presentes Marta Gómez, concejala presidenta de San Blas-Canillejas; Antonio Díaz, subdirector general de Planeamiento Urbanístico y Santiago Soria, subdirector general de Parques y Viveros.

Santiago Soria, Marta Gómez, Antonio Díaz - Torre Arias
Santiago Soria, Marta Gómez, Antonio Díaz

El auditorio del Buero Vallejo no se llenó para ver la presentación del Plan Especial de Protección de la Quinta de Canillejas o Torre Arias tan demandado por los eco-patrimonialistas, pero la calidad de los presentes superó con creces la cantidad. Entre los presentes miembros de la Plataforma Quinta de Torre Arias (PQTA), los que más han trabajado para proteger este legado verde y cultural y cuyo trabajo fue reconocido y aplaudido por la concejala presidenta Marta Gómez.

“El proceso de recuperación de la Quinta ha recogido las demandas de la PQTA y de los vecinos en general, que han hecho un esfuerzo reivindicando y trabajando para presentar ahora un Plan Especial inédito tras el infame Plan de anteriores corporaciones que fue demandado y acabó en los juzgados. El nivel de protección es muy alto en edificios y jardines y este Plan garantiza que todo sea público para que en el futuro sea social, agropecuario y ecológico. Es un momento importante y feliz y he luchado para que se cumpla”.

Santiago Soria, subdirector general de Parques y Viveros del Ayuntamiento de Madrid explicó la necesidad de un Plan Especial para la Quinta de Canillejas o Torre Arias y repasó la historia de la finca aristocrática de la Carretera de Aragón, hoy calle Alcalá.

Torre Arias Plan

“Torre Arias representa la Historia de la jardinería en Madrid durante cinco siglos y era precisamente la nobleza la que practicaba la jardinería. La Quinta ha llegado hasta nuestros días prácticamente sin modificaciones hasta el siglo XX, solo Inglaterra cuenta con espacios de este tipo. Torre Arias representa el poder máximo de la monarquía española a finales del siglo XVI con el primer Conde de Villamor, que fue a Perú donde hizo dinero y el Rey le regala al indiano estas tierras hacia 1580 construyendo un palacete sobre la loma, torreado, con un jardín clásico alrededor siguiendo el modelo de Felipe II con una casa de 26×26 y un patio de 13×13 que fue la estructura principal, inalterable a lo largo de los siglos”.

Soria desgranó la historia de Torre Arias de manera didáctica y amena. “La Casa de Aguilar compró la finca después y la parte agrícola y el jardín competían con el palacete hasta 1741 que la compra Bibiana Pérez de Guzmán el Bueno, la abuela de Josefa de Pimentel, que construye El Capricho ligando las dos mejores fincas de los Osuna. El Capricho está restaurado y Torre Arias está en bruto, pero es una joya. Lo primero es protegerla con el futuro Plan Director y las obras necesarias para recuperar su esplendor botánico, agrícola, forestal y ganadero para transmitir el legado a las nuevas generaciones”.

Antonio Díaz, subdirector de Desarrollo Urbano Sostenible, recordó que “el Plan Especial lleva más de un año retrasado en un periodo ambicioso, pero no tenemos capacidad, somos interlocutores con Hacienda, que ha invertido en un plan de emergencia para que los edificios no entren en estado de ruina. Nos hemos enfadado con todos”, reconoció.

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Una Quinta indivisible e histórica

El responsable de Urbanismo comenzó diciendo que el área se fijó en los planos de la Quinta del último medio siglo para ver la evolución. “Lo primero que hay que decir es que es un parque público protegido con valor histórico 1, pero no tenía ningún edificio protegido y era necesaria una apertura al público, abierto por obras, aunque a los profesionales no les gusta tener público alrededor, pero al final lo entendieron”. Díaz aseguró que “la Quinta es una sola, no se puede dividir, es zona verde equipada con edificios con protección de patrimonio histórico y edificios menores”.

La cuestión del agua, núcleo fundamental de la Quinta, “cuenta con un estudio hidrológico externo que era imprescindible. Los viajes del agua son muy importantes y forman parte de los antecedentes del Canal de Isabel II. Igual que los jardines y las huertas, cuyo trazado es fundamental”.

El subdirector de Planeamiento Urbanístico aseguró que “el Plan Especial una vez aprobado marcará el futuro del jardín y cambiará el escenario de los 16 edificios protegidos, incluidas las perreras, gallineros, casa de las patatas y otros edificios menores que hubieran desaparecido con el anterior Plan Especial y que ahora están en ruina técnica. La duda es si demoler o reconstruir con los mismos volúmenes”.

Todos los restos o elementos arquitectónicos como piedras labradas son interesantes y están protegidos. “El estudio arqueológico aclaró dónde no se puede excavar en zonas de paseo o plantación. Los criterios básicos de gestión pública y futura del parque lo va a articular el Plan Especial y Torre Arias es, en algunos temas, más interesante que incluso El Retiro”, aseguró.

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Futuros usos y protección del agua

En cuanto a los futuros usos (deportivos, culturales o educativos) la idea es crear un ámbito cultural con escuelas taller, ciclos formativos, pero en un futuro lejano. También usos lucrativos como museo, tiendas de recuerdos, pero no cafetería. También está previsto un pequeño aparcamiento, dotación mínima, en la zona norte.

Hacienda está metiendo mucho dinero para evitar la ruina de las edificaciones, pero no hay partida para 2019. Este es el año fuerte en las intervenciones con fuertes inversiones o se caen los edificios, es un dolor de cabeza”, admitió Díaz.

Torre Arias Plan - Adrian Woods
Adrian Woods

Adrian Woods, experto en agua de la PQTA preguntó por la protección de los viajes de agua, extramuros con servidumbres de paso que han sido bloqueadas con construcciones cercanas como la urbanización del Parque Marqués de Suanzes, la Avenida 25 de septiembre, la A-2 o la reciente Clínica Universitaria de Navarra que han acabado con cuencas de los arroyos entre Quintas y han desecado los árboles cercanos.

En este sentido Díaz reconoció que “los viajes del agua están acreditados tras el estudio hidrológico y que la fuente de La Minaya se está secando. En la salida de la Quinta la galería de ladrillo se hunde, pero tenemos otra vía de agua que sigue manando y es una joya que hay que preservar y mantener. Sin embargo extramuros entra el ámbito del  PGOUM de 1997 y, de momento, no se puede modificar”.

Los asistentes también preguntaron por el grado de protección de los muros perimetrales ahora apuntalados o por la casa añadida por la última propietaria Tatiana Pérez de Guzmán junto al palacete renacentista. También por la posibilidad de recuperar al Quinta agropecuaria como espacio vivo con la inclusión de especies de animales.

Los técnicos aseguraron que el muro va ligado a la historia de la Quinta y todo está protegido. Hay zonas bien conservadas y otras no tanto, habrá que restaurar o rehacer. En principio la casa de Tatiana se va a demoler, pero se escucharán propuestas.

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Juan Antonio Aguilera, de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, preguntó por los estudios históricos de la Quinta y reclamó un cuerpo de arqueólogos para Madrid.

Díaz aseguró que “antes del verano estará aprobado el Plan Director y ya tenemos todos los estudios históricos, excepto el polínico que no se realizará por falta de recursos, y lo sacaremos a licitación en mes y medio, estará adjudicado a finales de año como documento, pero no sabemos en el nivel que tendrá porque depende del equipo de Gobierno. Queremos restaurar ya puentes y muros exteriores, los jardines son infinitos y dentro de cuatro años serán una realidad”.

Marta Gómez cerró la presentación reconociendo que “el Plan Especial es participativo e inédito con tres hitos principales conseguidos: apertura de los jardines, Plan Especial y Plan Director que había que aprobar en este mandato, aunque venga otro Gobierno con ideas diferentes sobre la Quinta de Canillejas o Torre Arias”.

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El agua se convierte en la gran protagonista de Torre Arias

Adrian Woods es miembro fundador de la Plataforma Quinta de Torre Arias (PQTA), ecologista del agua, defensor del patrimonio, la cultura, la botánica,  y también un humanista culto, didáctico, que apuesta por la permacultura como una forma de vida sostenible en un mundo que todavía tiene remedio en la crisis global.

Tercera visita guiada a la Quinta de Torre Arias o Canillejas organizada por la PQTA y otro éxito de participación, un orgullo ver a tanto público interesado en esta visita que versaba sobre la ecología del agua, el tema referente, casi de culto del británico (escocés) Adrian Woods que lleva 25 años entre nosotros.

Adrian Woods es miembro fundador de la Plataforma Quinta de Torre Arias (PQTA)
Adrian Woods es miembro fundador de la Plataforma Quinta de Torre Arias (PQTA)

Llegó a España y se puso a trabajar de traductor y guía turístico, esas cosas que hacen los guiris en nuestro país para ganarse la vida. Después trabajó en una empresa de gestión eficiente del agua y se domicilió en Canillejas, en la colonia Alfonso XIII, donde descubrió y se enamoró de la cercana Quinta histórica de Torre Arias y de su sistema de alimentación hídrico.

Mientras los niños exploradores descubren las chimeneas que utilizaba Tatiana Pérez de Guzmán, la última marquesa de Torre Arias, para capturar el calor y calentar sus plantas y cultivos (geotermia en estado puro), Adrian Woods dirige la vista de los adultos hacia los invernaderos del siglo XIX, de los más antiguos de Madrid. “Las chimeneas están en un estado ruinoso, pero su fin era la ventilación gratuita absorbiendo el aire hacia arriba. En Inglaterra el invernadero estaría situado este-oeste para captar el sol, pero en Madrid no hace falta con tanta exposición solar, con norte-sur es suficiente”, comienza explicando.

Una Quinta diseñada para recoger agua de lluvia

“Toda la quinta de Torre Arias está diseñada para recoger el agua de lluvia y repartirla por todas las albercas, debería empezar por la cubierta de la casa de los guardeses (ahora en rehabilitación), igual que el tejado del palacete que dispone de un depósito de agua con caída de 30 metros y con una presión tremenda”, dice Woods.

“La finca es tremenda para la permacultura, mira al sur y cuenta con un muro al norte para protegerse del viento de la sierra, en realidad es un jardín botánico. El arroyo discurre hasta un puente en un colina empinada pero suave para los carruajes que van al Palacio, el mismo recorrido del agua que debería respetarse con la ingeniería hidráulica planteada para regar los campos de cultivo donde se plantaban patatas. Después el agua viajaba hasta el lavadero de la calle Boltaña, en el centro del pueblo de Canillejas”.

Quinta de Torre Arias

Una de las preocupaciones de Adrian y de todos sus compañeros de la PQTA es el desaprovechamiento del agua de lluvia y de las subterráneas. “Los dos arroyos de Torre Arias están vacíos, pero se podrían poner canalones para cosechar el agua de lluvia, casi 18 millones de agua al año se pierden y se podrían hacer jardines acuáticos en el fondo de los arroyos; estéticamente sería muy bueno y ecológicamente ayudaría al ciclo del agua. Habría que rehabilitar las caceras que distribuyen el agua por toda la quinta, algo en lo que los jardineros han trabajado, sacando agua de la alberca de La Minaya para que empiece a discurrir el agua”, subraya Adrian Woods.

La visita avanza hacia la compostera, donde habitan todo tipo de bichos que calientan el agua y con basuras orgánicas que no huelen; en los procesos de compostaje, donde intervienen miles de microorganismos se producen altas temperaturas (hasta 60º) fruto del proceso de descomposición de la materia orgánica que podrían utilizarse para calentar agua gratis si la hacemos circular por el interior de la compotera en un serpentín. El compost bien elaborado (restos de verduras, frutas, cáscaras de huevo o posos de café) y con suficiente material estructuran (resto de vegetales y leña triturada) y no da problema de malos olores.

Después la mirada se dirige hacia los huertos, un jardín clásico sin acolchados para retener el agua de lluvia sin quitar las malas hierbas. “Muchos jardineros quitan las malas hierbas porque creen que compiten con los árboles y no es una competición por el agua, las plantas se ayudan entre sí y tienen raíces profundas que no necesitan mangueras externas, como la malva, que extrae los minerales, es una economía colaborativa”.

Quinta de Torre Arias

Las huertas, atractivo de Torre Arias

Las huertas son hoy en día uno de los atractivos de Torre Arias y todo gracias al empuje de algunos jardineros que se salieron del guión establecido, como Daniel Liébana. “Contamos en Torre Arias con 250 especies herbáceas, es el único parque en Madrid que cuenta con este estudio y nos dan pistas sobre el terreno y su evolución donde el pastoreo de caballos, ovejas y vacas era común. Queremos poner en valor el carácter agrícola de la finca y aquí se obtienen semillas de origen madrileño, además de la función social que va a parar a la Plataforma de Trabajadores en paro de San Blas-Canillejas con una producción de tomates, pimientos, berenjenas, calabacín, calabaza, pepino, patatas, aromáticas, medicinales y melíferas para atraer polinizadores”.

Liébana y sus compañeros de la PQTA apuestan por la Agricultura Biodinámica, con especial atención a los saberes ancestrales perdidos a lo largo del tiempo”. También experimentan con otros sistemas de cultivo (biointensivo, orgánico) dentro siempre de la agricultura ecológica.

Quercus ilex, Quinta de Torre Arias
La única encina (Quercus ilex) ha sobrevivido durante tres siglos, quizá anterior a la propia quinta de Torre Arias.

Adrian Woods continua con su clase magistral sobre la Quinta del Agua, delante de la única encina (Quercus ilex) que ha sobrevivido durante tres siglos, quizá anterior a la propia quinta de Torre Arias. Nos habla de raíces, hongos, ardillas, abejas, azúcares, fotosíntesis… “Lo que pasa debajo del suelo es lo que gestiona el agua, las mangueras no llegan a todos las partes y se necesitan nutrientes: nitrógeno, potasio y calcio, todo natural, sin necesidad de aportarlo externamente”.

El guiri Woods (curiosamente su apellido significa Bosque en español) no para, estaría todo el día hablando de los recursos hídricos abandonados, “como los caños de los muros por donde salía el agua y que los taparon, un error, tienen una función biológica y además hay que recuperar la historia. Igual que los pozos, que se deberían rehabilitar para cosechar el agua perdida desde la urbanización de Suanzes, que cuando se construyó condenó el arroyo de Los Molinos”, finaliza Woods, entre aplausos, una visita donde la gestión eficiente del agua es prioritaria, un producto ambiental y social que debemos preservar.

Quinta de Torre Arias

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Carmena inaugura los jardines de Torre Arias con una gran entrada

Mañana lluviosa el domingo 27 de noviembre que no impidió el aluvión de público que se presentó en la puerta principal de Torre Arias en la calle Alcalá para descubrir la última Quinta de la aristocracia felizmente recuperada para el pueblo de Madrid. La alcaldesa de la ciudad, Manuela Carmena, acompañada de las ediles del Ayuntamiento Inés Sabanés, Yolanda Rodríguez y Marta Gómez, dio el pistoletazo de salida para visitar los jardines históricos vallados por seguridad en todo el recorrido.

En la entrada de la Quinta el Ayuntamiento presentó paneles informativos para que los ciudadanos estuvieran al día de lo que se está haciendo y lo que se hará en el futuro para el disfrute de los visitantes, que han esperado mucho tiempo este día histórico y festivo. Atrás quedaron las reivindicaciones, casi siempre políticas, que han dado paso a las legítimas aspiraciones en el ámbito ecológico y conservacionista, un aspecto que lidera la Plataforma Quinta de Torre Arias (PQTA).

Horarios Quinta de Torre Arias

En el paseo de entrada los responsables municipales instalaron también paneles con explicaciones de las otras dos fincas casi colindantes, Quinta los Molinos y El Capricho, que previsiblemente abrirán sus palacetes a medio plazo llenando de contenido cultural el eje verde de la línea 5 del metro, un lujo con tres fincas que son el orgullo del pueblo madrileño y apenas conocidas al estar fuera de la almendra central de la ciudad.

Tras la presentación de la concejala presidenta de San Blas-Canillejas, Marta Gómez, habló la delegada de Medio Ambiente, Inés Sabanés, abriendo el turno de palabra bajo la carpa, por cierto mal ubicada junto a la casa de los guardeses. “Quiero dar las gracias a los jardineros municipales por el trabajo realizado y agradecer el compromiso en la reivindicación de la PQTA, a los vecinos y vecinas de Madrid para recuperar este legado histórico”.

Mesa y Cabrera, protagonistas en el acto

José Luis Mesa, presidente de la Asociación de Vecinos Amistad de Canillejas, también se felicitó por el trabajo llevado a cabo en Torre Arias. “Es un éxito de todos los madrileños que han conseguido que no se privatice este espacio (se refería a las edificaciones)”. Mesa recordó que el 25 de febrero de 2014 se celebró la primera Asamblea Abierta “para defender lo que es nuestro, con una recién creada PQTA que inició la lucha de lo que hemos conseguido. A partir de ahora la protección del agua será el eje principal de esta Quinta”, haciendo alusión a los estudios hidrográficos imprescindibles para mantener los jardines.

Andrés Cabrera, también miembro de Amistad y representando a la PQTA, recordó la pelea de todos y todas por esta Quinta. “Nos hemos concentrado todos los últimos domingos de mes a las puertas de Torre Arias y convocamos la manifestación más grande de la historia en nuestro barrio de Canillejas. Esto no sería nada sin vosotros, sin los madrileños, pero ya lo tenemos, es nuestro y se tiene que mantener y mejorar respetando todo su entorno”. Cabrera también aludió a la participación vecinal, una de las claves de todo el proceso. “Estamos esperando el Plan Especial de protección de la Quinta para dar nuestra opinión y esperamos que el Ayuntamiento nos tenga en cuenta”.

“Un parque único en el mundo”

La alcaldesa Manuela Carmena reconoció el trabajo de la PQTA y de las Asociaciones de Vecinos de San Blas-Canillejas. “Lo habéis hecho vosotros, pero estamos haciendo historia en unos jardines que son historia de Madrid, tenemos que ser capaces de querer a Madrid porque es de todos los ciudadanos”.

Carmena recordó la emoción que sintió al entrar en Torre Arias por primera vez. “Fue sorprendente y maravilloso ver la vegetación y las edificaciones, cada ladrillo es historia que hay que reconvertir para que este parque sea único en el mundo por su carácter agrícola y ganadero”.

Manuela Carmena también valoró la excelente ubicación de Torre Arias, la Quinta de la fallecida Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, ninguneada en todo este proceso y que legó al pueblo madrileño en la época de Tierno Galván. “La Quinta está en el centro de Madrid, junto al Metro que lleva su nombre y que viene como a buscar el parque; hay que cuidarlo porque es nuestro patrimonio actual y de nuestros nietos que seguirán las iniciativas. Esta es una página, pero habrá muchas más para escribir, con sentido común, solidaridad, generosidad y humanismo”.

Por último Carmena aludió a la actualidad internacional. “Parece que los principios ahora se tambalean como en EEUU, pero Madrid es y será una gran isla de solidaridad y este parque es un ejemplo de ello, es único y estará abierto a todos los madrileños; entre todos abriremos esta página de la Quinta de Torre Arias”.

Fersman y los cardos de la Quinta de Torre Arias

Adrian Woods | Plataforma Quinta de Torre Arias

Mi abuelo no pudo asistir a la apertura oficial de la Quinta de Torre Arias. Falleció hace unos meses y no verá cumplido su deseo de pasear otra vez por sus caminos y beber de sus manantiales centenarios.

Según escribo estas líneas, contemplo una concha antiquísima que me dejó con su escritorio, silla favorita y libros de geología. Verla me recuerda nuestros paseos por el barrio y las historias que me contaba sobre lo que pasó aquí durante la Guerra Civil.

No era más que un chaval y solía acompañar a Don Abelardo, a quien hacía recados y llevaba los bultos ya que el viejo era cojo y no podía con el peso. Al llegar el General Miaja a la Quinta de Torre Arias habían huido los aristócratas, dejando solamente un par de mozos que se encargasen de alimentar a los animales.

El General mandó poner guardia en todas las puertas y que no se sacara del recinto ni un alfiler sin su permiso. Llamaron a Don Abelardo, que tenía buena letra y sabía hacer cuentas, y el militar le nombró Factor de la Quinta, ordenándole preparar un inventario exhaustivo de lo que allí había y llevar un estricto control escrito de todo lo que entraba y salía de la finca.

El abuelo pasó semanas ayudando a Don Abelardo a hacer listas de todos los animales, de los sacos de piensos, montones de heno, minerales molidos y paja para cubrir los suelos de los establos, utensilios para ordeñar y hacer queso, herramientas, aperos equinos, de las ollas, cuberterías y vajillas que había en las cocinas y otras dependencias, muebles dentro de los edificios y un sinfín de objetos dentro del palacio. La biblioteca no parecía tener ningún inventario propio y, al ver que tardarían meses en dar cuenta de todo, optaron por cerrar la puerta con llave e informar al General que esta se encontraba a disposición en el despacho del Factor.

El asedio de Madrid duró mucho y escaseaban cada vez más los víveres, a pesar de poder disponer de los animales y del huerto de la Quinta, pero se llevó el inventario a rajatabla hasta el último día. Finalmente, cuando evacuaron a las últimas tropas, Don Abelardo había enfermado y mi abuelo se quedó solo en la finca con los mozos de las cuadras. Seguía siendo un chaval, aunque con un par de años más, a quien la pelusilla del bigote empezaba a asomar en el labio superior.

Los soldados rebeldes, rebautizados ‘Nacionales’ irrumpieron en la finca por la puerta principal en la Carretera de Aragón y subieron con un camión al patio del palacio donde procedieron a sacar muebles y objetos del palacio y a quemar papeles en una fogata que hicieron. Con paso firme, el abuelo salió del despacho del factor, cruzó el patio y se dirigió al oficial de más rango.

“Señor, como ayudante del Factor, es mi deber hacerle entrega del inventario y el libro mayor puestos al día.” Sorprendido, el oficial tomó los libros y hojeó las páginas minuciosamente rellenas en la pulcra letra de Don Abelardo, aunque al final había algún apunte hecho por mi abuelo en los últimos días cuando el viejo había faltado. De repente el militar echó los libros encima de la fogata y le espetó “¡Inventario! ¡Lárgate de aquí mocoso rojo antes de que te pegue un tiro!”  Giró y siguió supervisando el saqueo del palacio.

El año pasado, paseábamos por la calle Alcalá y nos detuvimos ante el portón donde entraron los soldados hace décadas. Habían talado muchos árboles y desbrozado ingentes cantidades de malezas que habían crecido durante el declive y abandono de la finca. El abuelo quedó absorto en sus pensamientos, con la mirada fija en un enorme cardo que se erguía cerca del camino de entrada.

“Alejandro”, me dijo, “¿Ves ese cardo?”.  Me empezó a contar que en ese mismo lugar, ante lo que probablemente era ancestro de ese mismo cardo que había crecido y dejado caer su semilla allí, acompañado de los mozos de la Quinta, recibieron una lección magistral del famoso geoquímico ruso Aleksandr Fersman.

Fersman llegó a la ciudad asediada de Madrid para inspeccionar la maravillosa colección de fósiles que se guardaba en la biblioteca del Palacio de la Quinta de Torre Arias. Le correspondió al abuelo buscar la llave y acompañarle en la visita. Don Aleksandr pasó unas horas examinando los cajones y vitrinas de minerales y fósiles, tomando notas en una extraña caligrafía extranjera.

Terminado la visita, Don Aleksandr se detuvo en el camino antes de llegar a la salida para admirar un cardo que le llegaba al hombro, totalmente reseco y apergaminado, con hojas pálidas que parecían alas de murciélago. El geólogo habló largo rato de la maravilla de los elementos minerales y de los misterios de la genética de las plantas; de como una semilla caída al suelo tenía toda la información para establecer una auténtica fábrica química y de construcción. El hierro la permitía hacer fotosíntesis, energía del sol para que la planta pudiera seguir construyendo ese rascacielos, esa torre con sus contrafuertes y columnas, todo hecha de sílice, con elementos que el cardo saca del aire y de la arena del suelo, generación tras generación.

El ruso hurgó en los bolsillos de la americana y sacó una concha. Dijo que cuando los minerales no están dentro de las plantas o los animales, la erosión los lleva por los ríos hasta el fondo del mar donde las criaturas marinas los usan para formar sus conchas, como el amonites, un molusco extinguido hace millones de años. “¡Toma camarada!” le dijo a mi abuelo, ofreciéndole la concha fosilizada. “Cuídala bien. Me la dio Neruda en el Café Gijón hace un par de días. Es de su tierra, Chile.”

Y mientras el abuelo y yo contemplábamos el cardo maravilloso, pasó un jardinero delante de nosotros, lo segó, lo dobló en tres trozos y lo metió en un saco de basura.

Inauguración de los jardines de Torre Arias

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